LOS AUTOMÓVILES NO CONTAMINANTES

LOS AUTOMÓVILES NO CONTAMINANTES
En la segundad mitad del siglo XIX, cuando se consolidaban las grandes concentraciones urbanas actuales, en las misma había graves problemas de contaminación derivados fundamentalmente de los excrementos que generaban los animales destinados al transporte de mercancías y de personas. Las cifras siguientes pueden dar una idea aproximada de la magnitud del problema, la ciudad de Nueva York a finales del XIX, con una población próxima a los tres millones de habitantes, contaba con más de doscientas mil caballerías que generaban cada día en torno a tres millones de kilos de estiércol, a los que había que sumar los correspondientes orines y los cadáveres de animales muertos que se abandonaban en las calles. Al problema que los mismos generaban se sumaban los malos olores que desprendían, en definitiva gases contaminantes que se unían a los que evacuaban las propias bestias. Todos estos gases contaminantes estaban fuera de control y no se hacía seguimiento ni de su concentración ni de su composición.
En la actualidad se mantiene, en las grandes ciudades, un control exhaustivo de la contaminación ambiental y son los vehículos con motores de combustión interna los que contaminan más el ambiente a causa de los gases que generan como consecuencia de la combustión de gasolina, gasoil e incluso gas natural, compuesto fundamentalmente por metano. Estos combustibles se han mejorado en cuanto a contenido de componentes que pueden originar contaminantes. Por ello los automóviles se han renovado para hacer que consuman menos combustible y, además, se han dotado de sistemas para depurar los gases que generan. No obstante continúan contaminando y en torno al problema se han planteado, como alternativas, un cambio en las características de los principales causantes de la contaminación.
Tan importante es la tendencia a recurrir a implantar automóviles no contaminantes como saber realmente hasta donde llega su efectividad.
El primer factor a tener en cuenta es valorar la eficacia real de los vehículos eléctricos en relación con la contaminación. Para que los mismos sean realmente efectivos la energía eléctrica que consuman al cargar sus baterías tiene que tener su origen en fuentes no contaminantes, es decir de origen eólico, hidroeléctrico, nuclear o termosolar. En el caso que procedan de centrales térmicas se habrá incrementado la contaminación, aunque tal contaminación se produzca en el lugar donde estén tales centrales térmicas y no en las ciudades donde circulen los vehículos eléctricos.
La contaminación sería menor si el combustible gastado en generar energía eléctrica se consumiera directamente en los automóviles con motores de combustión internada, dado que en la generación así como en el trasporte y en la distribución de la energía eléctrica hasta los lugares donde se cargaran las baterías se dan pérdidas de energía en porcentaje significativo. En definitiva la contaminación sería también mayor, sin olvidar que determinados combustibles de las centrales térmicas pueden ser más contaminantes que los
usados por los automóviles.
En los años cincuenta ya se comenzó a hablar de utilizar el hidrógeno como combustible en los motores de combustión interna y hubo una campaña divulgativa de los medios de comunicación en ese sentido. Lo hacían como si hubiesen descubierto la panacea.
Con posterioridad, y en diferentes ocasiones equipos de investigación han salido a los medios para anunciar el descubrimiento de catalizadores que permitían la electrolisis del agua para generar hidrógeno sin coste energético. Tan fantástico avance en ningún caso se ha confirmado, es decir tales catalizadores no existen. Lo cierto es que desde el punto de vista de la contaminación al hidrógeno se le tiene que aplicar la misma exigencia, sobre el origen de la energía, que a los coches eléctricos con un inconveniente añadido que hace en la práctica casi inviable ese tipo de automóviles con motores que usaran hidrógeno como combustible. El inconveniente es que dado el carácter del hidrógeno, como gas volátil e inflamable, conllevaría un altísimo riesgo su uso masivo en automoción. La generación de hidrogeno sería interesante como combustible cuando se hiciera con los excedentes de energía eléctrica de origen eólico o termosolar, para si se diera el caso almacenarlo para utilizarlo en centrales térmicas adecuadas y generar energía eléctrica no contaminante cuando la demanda así lo requiriera.
El ejemplo práctico “los automóviles no contaminantes” nos muestra, una vez más, la complejidad de lo real y nos advierte sobre el riesgo de caer en simplificaciones y decisiones precipitadas en el contexto y la realidad de nuestro mundo socioeconómico actual.

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