LA CAJA ÚNICA DE LA SEGURIDAD SOCIAL Y LOS INDEPENDENTISTAS

LA CAJA ÚNICA DE LA SEGURIDAD SOCIAL Y LOS
INDEPENDENTISTAS

Para cualquier ciudadano de este país debe resultar grotesco el quehacer que los partidos políticos han organizado en torno a las pensiones, una materia de Estado.
Hasta la persona menos avispada entiende que la vida de más de nueve millones de perceptores de pensiones de jubilación y con ellos algunos de sus familiares depende de estas rentas, que paga el Estado. Lo que hace no por una gracia que concede a ciertos ciudadanos, sino porque éstos a lo largo de su vida laboral han hecho una contribución económica más que significativa para consolidar un “DERECHO”.
Tampoco hay que ser muy inteligente para deducir que una parte importante de la economía del país, en todos los ámbitos de los mercados, depende del gasto que hacen las personas que perciben pensiones. Se trata de más de ciento treinta mil millones de euros que cada año circulan por las venas de la economía nacional dándole vida. Por último, las personas que disfrutan de tal derecho pagan impuestos como cualquier otro ciudadano, cada año hacen la declaración de la renta y contribuyen con sus obligaciones fiscales al mantenimiento del país.
Es lógico, porque es una cuestión de Estado, que los responsables políticos formen grupos de trabajo en el Parlamento, para hacer que el sistema que administra la caja única de la Seguridad Social se adapte a la realidad y evolucione llevando a término las reformas oportunas, para mejorar y hacer que el sistema se pueda mantener.
Ya está bien de disparar alarmas e intentar asustar al alto porcentaje de la población que disfrutan de su derecho a recibir una pensión. Están hartos de tanta necedad.
Son muchos los países de la Unión Europea que aportan, a los fondos destinados a pagar las pensiones a las que tienen derecho sus ciudadanos, lo recaudado por impuestos ajenos a las cotizaciones de los trabajadores, ¿por qué España tiene que ser diferente?
En este contexto de alarmas y miedos infundidos a la población con intenciones torticeras y apaños oscuros de algunas formaciones políticas, surgen unos independentistas reclamando su participación en la gestión de la Seguridad Social -con la intención sin duda de romper la caja única- y otros que elaboran una ley para crear su propia institución.
Es de esperar que ninguno de los partidos políticos con capacidad de gobernar en este país se preste a entrar en esta nueva petición en forma de trampa saducea. Es más que evidente que con tales acciones de los independentistas se intenta romper todas aquellas instituciones del Estado que unifican, dan solidez al país y son un mecanismo para la solidaridad interterritorial.
Es digno de analizar las pretensiones en este sentido de los nacionalistas vascos, cuando el déficit de las pensiones en la Comunidad Autónoma Vasca es superior a la del resto del país. Algo similar ocurre en la Comunidad Autónoma Catalana. Ocurre por la sencilla razón de que la cuantía de las pensiones medias en ambas autonomías es superior a la media del país porque los salarios, y por lo tanto las cotizaciones también han estado, a lo largo de la vida laboral del los trabajadores, por encima de la media nacional. Lógicamente y como en tantos otros asuntos Andalucía está a la cola en cuanto al importe de la pensión media de sus jubilados.
Trasferir la gestión de la Seguridad Social que conllevaría, antes o después, romper la caja única sería un disparate que es de esperar nunca tenga lugar.
La cuestión no debe plantearse sólo desde Andalucía, sino desde la exigencia de la solidaridad interterritorial, puesto que las asimetrías de la realidad económica deben abordarse de forma inclusiva e integradora, anteponiendo el Bien Común y el Interés General del conjunto del Estado de Derecho a toda tendencia individualista y particular.

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¿PODREMOS RENOVAR LA CONVIVENCIA?

¿PODREMOS RENOVAR LA CONVIVENCIA?

“Es posible renovar la convivencia” es el título del suplemento del cuaderno nº 209 de Cristianisme i Justicia, publicado a finales de junio del año en curso, 2018, tras un proceso de escucha y diálogo. Pero la pregunta que formulamos es si, en realidad, seremos capaces de renovar la convivencia en el conjunto de España.
De hecho, la crisis de la democracia liberal está produciendo rupturas, acentuándose la diversidad y las grandes desigualdades. “Soplan vientos malignos en el planeta azul”, decía Manuel Castells en 2017. Falta respeto hacia posiciones ajenas, podemos decir nosotros, pues, en verdad, constatamos una fractura política y social en Cataluña y de ésta con el conjunto de España, dejando de lado la solidaridad y vulnerando el marco legal que parecía ser elemento sustantivo de la convivencia.

¿Qué se puede hacer ahora?
Recuperar los canales de diálogo implica un cambio incluso personal y colectivo de actitudes entre grupos sociales, económicos, políticos y culturales.
Promover cualquier opción de cambios constitucionales implica renunciar a la unilateralidad, junto con el compromiso de la no violencia.
Reconocer y valorar positivamente la diversidad de culturas lleva consigo el reconocimiento y garantía de los derechos humanos como enriquecimiento de los bienes públicos, frente a tendencias de uniformidad centralistas, o centrífugas y periféricas.
Defender la división de poderes y respetar el sistema judicial del Estado de Derecho, obliga a un mayor grado del sentido de la proporcionalidad y de la correlación entre la ética, la política y la justicia, lo que implica el respeto sumo en la garantía de los derechos civiles y políticos de toda la población por igual.

Para garantizar el Estado de Derecho se supone también que son las urgencias sociales las que deben ocupar el primer lugar de la agenda política, anteponiendo el bien común a los intereses particulares. Garantizar derechos como el trabajo digno, el acceso a la vivienda de familias jóvenes y de personas mayores, o la defensa del medio ambiente y la garantía de la convivencia y la paz, vienen a ser imperativos éticos que deben traducirse en derechos fundamentales en el horizonte de cualquier Estado ya sea Federal o sea, como lo es ahora, Estado de las Autonomías.
¿Es posible renovar la convivencia?
“Claro que es posible renovar la convivencia, recuperar espacios de diálogo y reconstruir desde la política y las personas una sociedad que nos acoja a todos en nuestra diversidad. Sólo hay que empezar mirando al otro como igual, a cada persona en todo su valor y dignidad”.
Esa es la conclusión reflexiva y operativa que se nos brinda en los inicios de este mes de julio, desde una perspectiva humanista actualizada.

José Mora Galiana,
SE, 6/07/18

EL BUENISMO, CAMINO DIRECTO A LA NECEDAD

EL BUENISMO, CAMINO DIRECTO A LA NECEDAD

En los mentideros de la época, eran los años sesenta, se aseguraba que el dictador sufrió un tremendo ataque de ira tras ver en el cine del Pardo la proyección de la Película Veridiana, de Luis Buñuel, y dio la orden terminante de destruirla pues ningún español decente podía ver tan enorme escarnio.
Esta obra maestra del cine español, en colaboración con el mexicano, que se salvó de ser destruida gracias a la copia que la protagonista consiguió sacar del país, fue palma de oro en el festival cinematográfico de Cannes el 18 de mayo de 1961 y el Vaticano la condenó por blasfema.
El contenido básico de la película es una crítica sin paliativos al concepto rancio de la caridad cristiana, y tal como marchan los asuntos políticos de este país, esa caridad cristiana podía tener una apreciable similitud actualizada con el buenismo en política, que marca el camino directo a la necedad, con consecuencias muy negativas. Vale la pena ver la película para comprenderlo.
Sea contrapartida o no el hecho es que se están haciendo los trámites oportunos para trasladar a presos etarras a las cárceles de la Comunidad Autónoma Vasca. Los buenistas definen la operación como acción humanitaria y dicen: pobres presos y pobres familias tenerlos tan lejos de su tierra natal. Esos pobres hombres son asesinos condenados por los crimines de sangre que cometieron, no solo mataron dejaron, también, miles de heridos disminuidos anímica y físicamente para el resto de sus vidas.
Los asesinos no se han arrepentido y si tuvieran armas y posibilidades, probablemente, volverían a asesinar sin importarle lo más mínimo el daño que hacían.
Con el acercamiento de presos etarras se pone fin al acertado plan de dispersión puesto en marcha por el gobierno de Felipe González en 1988.
Allí, en su tierra natal, los asesinos etarras podrán reunirse y conspirar para fines que no serán precisamente los más adecuados para beneficio de todos los ciudadanos de este país.
Otro posible pago o contrapartida, con justificación también en el buenismo humanitario, con el argumento de que siendo buenos y dialogantes se arreglan todos los problemas de cualquier país, está en el traslado de los presos independentistas catalanes. Algunos de ellos ya están procesados por rebelión contra el Estado de Derecho, pues intentaron dar un golpe contra la soberanía nacional para constituir la republica de Cataluña.
Estos presuntos delincuentes no se han arrepentido de sus actos criminales contra el pueblo español, sino que están dispuestos a repetirlos si tienen posibilidad de hacerlo. Allí en Cataluña con unas competencias de prisiones trasferidas a la Autonomía Catalana, otro de los muchos errores de los gobiernos de Madrid, tendrán todas las posibilidades imaginables para conspirar y organizar el próximo intento de golpe. Ya han sido recibidos y tratados como héroes, algunos de ellos, por instituciones catalanas.
Si estos independentistas, descerebrados y supremacistas, tuvieran a sus órdenes unas fuerzas armadas de entidad estarían dispuestos a retroceder al siglo XIX para iniciarla la cuarta guerra carlista.
El dialogo en política es imprescindible cuando ambas partes están dispuestas para negociar, dentro de la racionalidad y sabiendo respetar los límites que imponen las leyes de un Estado de Derecho, y con el objetivo del interés general no el de unos cuantos.

PROPAGANDA INDEPENDENTISTA

PROPAGANDA INDEPENDENTISTA

Con frecuencia se comenta en los medios de comunicación, especialmente en las numerosas tertulias políticas, la importancia de la propaganda que hacen los independentistas a favor de sus planteamientos, tanto a nivel nacional como internacional, y la incidencia que tiene sobre la opinión pública y no sólo en nuestro país, también en Europa y en el resto del mundo.
Lo curioso es que esos medios y esos tertulianos son los principales propagandistas de las acciones independentistas. Ellos nutren permanentemente esa propaganda y a un precio insignificante para las actuaciones de personajes de bajísima estofa, así como de las acciones de sus organizaciones políticas.
Es frecuente, además, que esos medios den una importancia desmedida a la previsible valoración que hagan, de España y de los españoles, en terceros países sobre el proceder de las instituciones del Estado en relación con los cabecillas de los movimientos independentistas que actúan al margen de la ley.
Se comportan como si el país y sus gentes fueran adolescentes y estuvieran bajo la tutela del resto de Europa y del mundo, a quienes tuviera que rendir cuentas permanentemente de todas sus acciones, como si la soberanía nacional no existiera.
Al parecer, en España, no hay forma de desterrar los complejos de inferioridad que se imponen desde hace siglos en las mentes de los ciudadanos de nuestro país. Quizás porque los dirigentes los padecen en mayor grado que el ciudadano medio.
Carecería de sentido y sería contrario a la propia esencia de la democracia y de la libertad de expresión, que se pidiera o se intentara que los medios de comunicación no informaran o callaran las noticias que originan los movimientos independentistas pero sí sería una petición razonable, para bien de la sociedad española, que disminuyeran los espacios y los tiempos que dedican al tema y que actuaran sin complejos ante nadie porque, además de resaltar su importancia y darle propaganda gratis, marginan otras noticias y materias de gran importancia para la vida de los ciudadanos de este país que se silencian sin olvidar, además, la imagen que trasmiten de sentirse inferiores.
Sobre el proceder del gobierno de la Gran Bretaña ante los gravísimos conflictos a los que se enfrentó en Irlanda del Norte, son datos históricos los siguientes: suspendió en cuatro ocasiones la autonomía de esa parte del país, además de mandar al ejército allí para dejar bien claro que las leyes están para cumplirlas y el Estado para hacer que sea así. Lo hizo sin ningún tipo de complejo y la comunidad internacional respetó tal decisión sin rechistar.
Quizá deba ser el gobierno el primero en dar ejemplo, con su proceder, a los ciudadanos para intentar eliminar el complejo de inferioridad que tanto les afecta. El problema es que el propio Gobierno del PP estuvo constantemente en entredicho, defendiendo estabilidad y constitucionalismo sin hacer crítica siquiera de la propia corrupción interna y sistémica del partido que lo sustenta.
A pesar de todo, el gobierno del PP contó y el actual cuenta con el suficiente apoyo de los otros dos partidos constitucionalistas, para aplicar del artículo 155 de la Constitución siempre que sea necesario el tiempo preciso, y quizá se deba hacer con mayor rotundidad, para que en Cataluña impere el Estado de Derecho y no una situación práctica de “ruptura”.
En relación a la tan traída y llevada “Euroorden”, si su aplicación no cumple con los fines previstos, cuando fue aprobada por los países de la Unión Europea, y tan sólo es útil para que la justicia de determinados países hagan una impresentable demostración de su desconfianza hacia la justicia de otro miembro de la UE, lo mejor es eliminarla.
España está en su derecho de plantear en los
organismos pertinentes de la UE la conveniencia de su derogación, dado que está haciendo un daño irreparable a los fundamentos sobre los que se mantienen la Unión Europea, y por supuesto negarse a aplicarla.
El Estado Español tienen la obligación de liberarse de complejos y demostrarlo a todo los ciudadanos, que es el momento de salir de ese círculo de incoherencias en el que se han movido los españoles durante demasiados años.
Ahora bien, el Estado Español debe retomar las exigencias de solidaridad interterritorial y, a su vez, debe también regenerarse y no generar en su seno más división social, actualmente grave.

UNA NUEVA SITUACIÓN POLÍTICA: PEDRO SÁNCHEZ EN LA MONCLOA

UNA NUEVA SITUACIÓN POLÍTICA:
PEDRO SÁNCHEZ EN LA MONCLOA

De una forma un tanto abrupta, una Moción de Censura gestada a las pocas horas de conocerse la sentencia del caso Gurtel, presentada por el PSOE, se ha llevado por delante al gobierno de Mariano Rajoy. Esta vez, Pedro Sánchez y su equipo que, últimamente aparecían un tanto desdibujados, han estado muy rápidos de reflejos. En efecto, después de la condena al partido popular –a título lucrativo claro- y la descalificación explicita de la declaración por falta de credibilidad , del Presidente del Gobierno – una forma elegante de decir que miente en Sede Judicial-, no cabía otra solución que presentar la dimisión y convocar elecciones generales. Esto es lo que hubiera hecho cualquier Primer Ministro o Presidente del Gobierno de nuestro entorno democrático europeo.
Ahora bien, estamos en España y se trataba de Mariano Rajoy. Así pues, la presentación de una Moción de Censura era un imperativo ético y una obligación política que el principal partido de la oposición tenía que asumir. Y ello obviando los evidentes riesgos que tal operación comporta. Había que hacerlo por higiene democrática.
El gobierno de Rajoy ha caído por el interminable rosario de casos de corrupción cuyos efectos y hedor llegaban ya hasta las instituciones europeas y por su estrepitoso fracaso, a la hora de gestionar la crisis catalana.
Estamos ante una nueva situación política que va a requerir todo el tacto y la finura negociadora de los nuevos actores para mantener los equilibrios necesarios que beneficien a España, conjugando ideologías e intereses a veces contradictorios. Y no va a ser fácil, el editorial de El País, “Un gobierno inviable” muestra a las claras que el triunvirato Polanco-Cebrián-Caño, (PCC) han puesto la proa definitivamente a Pedro Sánchez y al partido socialista y no van a ser aliados de este operación de regeneración social y democrática porque prefieren que sea la nueva derecha, encarnada por Cs, quien la lleve a cabo. Una cuestión de intereses empresariales que ven más seguros con esta última opción.
Tampoco lo van a poner fácil los separatistas catalanes que pueden pensar que su voto afirmativo a la Moción de Censura, les garantiza un trato de privilegio. Desde luego en el Parlamento no se ha adquirido ningún compromiso con ellos, más allá de establecer un diálogo en el marco de la Constitución, algo no solo legítimo sino absolutamente necesario. El cambio de talante de un gobierno socialista y el levantamiento en Cataluña del 155, pueden ayudar a este diálogo. En todo caso, no deben olvidar que los socialistas, aunque con visión y estructura federal, autores destacados de la Constitución de 1978, estamos dispuestos a defenderla en caso necesario, desde el preámbulo hasta el último artículo, mientras no se pueda dialogar y pactar una reforma razonable y conveniente, tras el recorrido del Estado de la España Autonómica.
El partido popular tiene una necesidad imperiosa de regenerarse y desinfectarse a fondo, ello requiere de un baldeo con “Zotal” y lejía y apartarse de logreros, comisionistas y empresarios de la construcción amen de los muchos políticos corruptos que conserva en sus filas, si pretende seguir siendo una opción conservadora útil para sus propios votantes. Eso incluye la jubilación sin honores de las cúpulas dirigentes de los últimos 30 años.
En cuanto a Cs, se evidente que ha equivocado su estrategia que, en esencia consistía en dejar que el PP se cociera a fuego lento en el caldero de la corrupción propia, para llegar ya quemado a las elecciones generales donde, Rivera y Cia., se presentarían como los salvadores de la patria. La Moción los ha descolocado y no han sabido reaccionar a tiempo. Hubiera sido más positivo para ellos haberse abstenido y no aparecer junto al PP, que le ha declarado la guerra, en una Moción que tenían perdida. Necesitarán tiempo para resituarse pero es previsible que no se lo pongan fácil al PSOE, que ha desbaratado sus cálculos.
Podemos está precisamente donde no quería, como apoyo y muleta del PSOE, pero, quizás no tenía otra opción viable después de la presentación de la Moción de Censura.
En definitiva, si Pedro Sánchez y su equipo son capaces de establecer un cierto clima de limpieza institucional democrática, recuperar la neutralidad de los medios públicos de comunicación, sacar adelante algunas leyes y consensos básicos obstruidos por el PP y esbozar siquiera las líneas generales de un diálogo con las CCAAs, y específicamente con Cataluña, tal vez podamos concurrir a unas elecciones generales en un plazo no demasiado largo y en una situación favorable para el partido socialista y, sobre todo, beneficiosa para el conjunto del país.

¿UNA MOCIÓN DE CENSURA OPORTUNA?

¿UNA MOCIÓN DE CENSURA OPORTUNA?
El PSOE con Felipe González presentó una moción de censura contra el gobierno de la UCD de Adolfo Suárez en mayo de 1980, dos años y medio antes de ganar las elecciones generales con una mayoría absoluta aplastante en octubre 1982.
El PSOE contaba con 121 escaños y su propósito era, al parecer de los politólogos de la época, incrementar el desgaste de la Unión de Centro Democrático (UCD), que comenzaba a entrar en una difícil etapa de problemas internos que terminaron por llevar a la presidencia del gobierno a Calvo Sotelo, tras superar un intento de Golpe de Estado.
El PSOE sabía que perdería la moción dado que la UCD con AP (Alianza Popular), el actual PP, tenían mayoría absoluta.
Que esta moción de censura ayudara al PSOE a ganar las elecciones de 1982 es opinable, aunque la clave estuvo en el intento de Golpe de Estado. Lo cierto fue que brindó al Partido Socialista Obrero Español la oportunidad de exponer en el Congreso de los Diputados su programa en una España amenazada por los golpistas, con una democracia no consolidada, martirizada por el terrorismo en auge, con una renta per cápita de 6.191 dólares, saliendo de una crisis económica, lejos aún de formar parte de la Unión Europea y con la asignatura pendiente de implantar el estado de bienestar que ya era una realidad en la Europa Occidental.
En el parlamento de hace treinta y ocho años intervinieron parlamentarios de un alto nivel, poco frecuente en la actualidad, y tuvo lugar realmente la exposición de un programa de actuaciones que sería la base del gobierno del PSOE tras las elecciones generales de 1982. En estos comicios la UCD consiguió 9 escaños y AP 107, el cambio se podría comparar al que es posible tenga lugar entre el PP y Ciudadanos en las próximas generales.
Es de suponer que el PSOE actual, con su secretario general a la cabeza tenga en mente seguir una línea similar a la de 1980, es decir que tendrá un programa realista y atractivo que ofrecer a sus votantes en un país con una renta per cápita de 37.522 dólares, con un sistema democrático y estado de bienestar consolidados, miembro de la UE y de la zona euro, aunque con complejos, saliendo también de una crisis económica protagonizada por un gobierno socialista y con graves problemas con sectores independentistas que no respetan la soberanía nacional y por lo tanto están en contra de la Constitución.
Si el POSE va a la moción de censura siendo consciente de que tiene 85 escaños con la seguridad de que no saldrá adelante, pero sabe exponer un programa de gobierno atractivo y realista posiblemente juegue a su favor en las elecciones generales que se anuncian próximas. Pues indudablemente el partido político del gobierno, el PP, ha mostrado un grado de corrupción en sus filas difícilmente soportable, aunque tampoco se puede olvidar que a todos los partidos políticos que han tenido responsabilidades de gobierno con control sobre recursos públicos han caído en grados diferentes en similares delitos.
Si para intentar sacar adelante la moción el PSOE pacta con los herederos de los terroristas, con los delincuentes independentista e incluso con nacionalistas a los que haga promesas de concesiones relacionadas con la unidad territorial, la soberanía nacional o cualquier otro tipo de privilegio es más que probable que sus votantes lo castiguen en las próximas elecciones.
Se trata de una moción de censura donde debe imponerse la coherencia y la inteligencia, cualidades que cada día son más escasas entre los miembros de la clase política.

EL INDICE DE COMISIONES OBRERAS (CCOO) Y SUS EXTRAÑAS CENSURAS

EL INDICE DE COMISIONES OBRERAS (CCOO)
Y SUS EXTRAÑAS CENSURAS

Ha sido y es una obsesión de las tiranías prohibir la lectura de ciertos libros y, si les es posible, acabar con ellos físicamente, o si sus autores viven eliminarlos.
Los españoles deberían saber mucho de ello dado el devenir histórico del país, en especial las dictaduras que vivió a la largo del siglo XX. Sin embargo, parece que persisten ciertas tendencias de extraña censura.
El ÍNDICE del conjunto de libros prohibidos, por la Iglesia Católica, lo puso en marcha la Inquisición española en 1612 y el papa Alejandro VII en 1664. Anteriormente, en tiempos de Felipe II, fueron víctimas de la Inquisición las obras de Fray Luis de León y su propia persona, compañero de estudios de Benito Arias Montano, de quien también se recelaba a pesar de ser el Director de la Biblioteca de El Escorial y persona de la confianza del propio Felipe II.
Durante la última dictadura, los españoles estuvimos sometidos a la censura del Estado y al Índice de la Iglesia Católica. La del Estado reprimía con el código penal y la iglesia con la excomunión.
La Sagrada Congregación para La Doctrina de la Fe abolió el Índice de libros dentro de las leyes del Estado Vaticano en 1965, aunque lo mantuvo como una referencia de tipo moral para todos los fieles de la Iglesia Católica.
Con la Constitución de 1978 en España los ciudadanos recuperaron las libertades y por lo tanto desapareció la censura para las publicaciones.
Este estado de libertades molesta a determinados sectores de la sociedad española que intentan hacer índices para censurar a determinadas obras literarias y a sus autores. Posiblemente sean los mismos sectores que están en contra de que los tribunales condenen a los raperos que exaltan el terrorismo, a los terroristas y animan a los ciudadanos a que cometan actos de terror.
Pablo Neruda es uno de los poetas en lengua española más universal de todos los tiempos. Fue perseguido por la dictadura de Pinochet, por ser comunista, y en la España de la Dictadura estaba mal visto y su obra no se encontraba en las librerías. Especialmente el Canto General era difícil de conseguir a no ser que se tuviera amistad con algún librero que se arriesgara a traer el libro de Argentina publicado por la editorial Losada.
La obra de Pablo Neruda, en primer lugar Veinte poemas de amor y una canción desesperada, es un canto a la libertad, a la vida y a la exaltación de los sentimientos más nobles y hermosos del ser humano. Leerlo es un privilegio y a cualquier lector le hará mejorar en sus aspectos más humanos y positivos.
LO BELLO Y LO SUBLIME y LA PAZ ETERNA, son obras de Immanuel Kant que deberían de estudiar todos los seres humanos. Son breves y fáciles de leer pero de suma trascendencia y profundidad para beneficio de la Comunidad Humana.
Obras de ambos autores, junto con otros muchos escritores de diferentes estilos, épocas y nacionalidades figuran en el Índice de CCOO para que no los lean los estudiantes. Piden en definitiva que se marginen de los planes de enseñanza del país y no se les ocurra a los profesores, ni tan siquiera, recomendarlos para la lectura de sus alumnos.
Este proceder no merece ni la más pequeña crítica, sólo informar sobre los disparates que determinadas organizaciones llevan a término, pues cualquier persona con un mínimo de cultura y sensatez no puede calificarlo de otra manera.
Es posible que tal y como ya se dijo en otros artículos esta etapa por la que pasa el país de buenismos y otros ismos, haga que las personas más sensatas y mejor preparadas se inhiban de aceptar cargos de responsabilidad a donde parecen llegar las personas con poca capacidad.