CUANDO LA INCOMPETENCIA LLEGA AL PODER

CUANDO LA INCOMPETENCIA LLEGA AL PODER

Es opinión generalizada entre los comentaristas políticos que uno de los problemas, quizá el más significativo, que en la actualidad afecta al gobierno de las naciones, con especial incidencia en la Unión Europea, es el bajo nivel de los políticos. No hay auténticos líderes con capacidad para formar equipos y marcar con ellos caminos favorables a los intereses generales y recorrerlos con éxito.
Hay diferencias, no obstante, muy importantes entre gobernantes mediocres y aquellos incompetentes que llegan al poder y cuando están allí es difícil, para la ciudadanía, encontrar explicaciones racionales que justifiquen haberlo situado en tal lugar.
De gobernantes incompetentes tenemos ejemplos muy significativos pero se ha presentado un caso difícil de superar. No puede caber la menor duda que el protagonista, el que fue primer ministro del gobierno del Reino Unido de la Gran Bretaña, ha puesto el nivel de la incompetencia tan alto en la actualidad que puede causar admiración y por supuesto inquietudes.
Los referéndums son procedimientos poco apropiados en regímenes democráticos parlamentarios, a no ser que se trate de decidir entre asuntos de enorme simplicidad y lo que lógicamente conlleva también poca trascendencia sus resultados, o sean preceptivos por el ordenamiento jurídico del país para cuestiones puntuales perfectamente reguladas e imprescindibles para la gobernabilidad. Los suizos son especialistas en este tipo de consultas y muchas de ellas rozan el ridículo.
Un referéndum para salir de la Unión Europea puede introducir a cualquier país en un camino complicadísimo y nada favorable para los intereses de sus ciudadanos ni para sus antiguos socios.
La incompetencia de los responsables políticos del Reino Unido de la Gran Bretaña ha ido acompañada también del engaño. El país que ha sido durante siglo el ejemplo a seguir por su estabilidad como estado democrático, donde tuvo la mejor implantación del estado de bienestar, en definitiva un reflejo del alto nivel del ciudadano medio ha roto sus mejores tradiciones. Tanto por la incompetencia de sus políticos, unos por convocar un referéndum para decidir sobre un asunto de extrema complejidad, otros por engañar a los ciudadanos y éstos por dejarse arrastra por el engaño.
Es cierto que llegar a conocer, aunque fuera someramente, la cantidad, variedad y complejidad de los lazos a romper, establecidos con Europa en los 43 años en los que Reino Unido de la Gran Bretaña ha estado integrado en la Unión Europea, requeriría un esfuerzo que pocos ciudadanos estarían dispuesto a realizar. Pero si era obligación de los líderes políticos decir la verdad del entramado y las dificultades y consecuencias negativas de llevar a término su ruptura.
Charles de Gaulle vetó en dos ocasiones, 1963 y 1967, la entrada del Reino Unido de la Gran Bretaña en la Comunidad Económica Europea. Su razón era concreta y simple: Había interés británico en hundir el proyecto. El presidente de la V República Francesa murió en 1970 y en 1973 el Reino Unido se integró en la Comunidad Económica Europea.
Quizá el general francés tenía razón, pues gracias al referéndum se ha podido marcar el peor rumbo posible para la Unión Europea actual, aunque también es muy posible que en unos años el Reino Unido de la Gran Bretaña esté en una dinámica de descomposición incontenible, lo que sin duda afectará, también, directamente y para mal, al resto de los países europeos.
La incompetencia de los gobernantes es un castigo para los ciudadanos, aun más cuando son elegidos por ellos en los estados democráticos.