LOS CAMBIOS CONSTITUCIONALES DEL PARTIDO SOCIALISTA OBRERO ESPAÑOL

LOS CAMBIOS CONSTITUCIONALES
DEL PARTIDO SOCIALISTA OBRERO ESPAÑOL
Por José Manuel Llamas y José Mora
El seis de julio de 2013 el Consejo Territorial del Partido Socialistas Obrero Español aprobó en Granada un documento en el que se proponía modificar la Constitución de 1978 en diferentes puntos, entre ellos, y como el más significativo, hacer del Estado de las Autonomías, mal definido y peor regulado, un Estado Federal con perspectivas de permanencia.
Se entiende que era una propuesta lógica pues, al margen de que la actual estructura del Estado de las Comunidades Autónomas de más competencias a éstas que muchos Estados Federales a sus Estados miembros, es cierto que sería conveniente definir en la Constitución con claridad y precisión el tipo de Estado en que se constituye España, así como las competencias, en todas los terrenos, de los Estados miembros y del Estado Federal. Lo que tampoco quiere decir que con esas reformas se pudiera contentar o apaciguar a los movimientos independentistas de algunas regiones de España que perdurarían muy probablemente aunque, quizá, con menos fuerza. Sin olvidar que la soberanía continuaría siendo de todos los españoles
Es pues coherente que el programa electoral del PSOE haya recogido en las últimas elecciones la modificación de la Constitución de 1978, como una de los partes más importante del quehacer de un posible gobierno del partido. Cambios constitucionales que lógicamente no se limitarían a definir La estructura del Estado, sino que irían más allá y propiciarían el cambió de otros contenidos de la Constitución vigente.
Tales reformas son sin duda parte fundamental de las promesas hechas por el partido socialista a los españoles, que sin duda no son caprichosas sino que responden a requerimientos básicos para que España siga adelante en el complicado camino que están marcando los tiempos.
Lo que el PSOE debería decir a los ciudadanos es que las reformas constitucionales que promete para llevarlas a término es imprescindible contar con el apoyo o colaboración de la derecha política de este país. Están perfectamente definidos en los artículos 86 y 87 de la Constitución los requisitos y pasos a dar para los cambios constitucionales, y en la práctica no hay alternativa a una colaboración entre ambas fuerzas.
Si realmente estima imprescindible la reforma constitucional el partido socialista tendrá que buscar la forma de llegar a acuerdos necesarios para llevarla a término. En el momento actual la obsesión por formar un gobierno llamado de izquierdas no es precisamente el camino para ese fin. La socialdemocracia ha sido, tras la segunda guerra mundial, una fuerza política fundamental en Europa para su reconstrucción y para la formación y desarrollo de la Unión Europea. En España lo fue, también, por medio del PSOE para implantar la democracia y con ella el Estado de Bienestar.
Tras la mala experiencia de los gobiernos Zapatero sería un desastre que el Partido Socialista Obrero Español volviera a cometer graves errores formando un gobierno inestable con un partido contradictorio, de tintes estalinistas, que busca desbordar lo existente y utilizar, con sus “mareas” el Estado para desbordar al propio Estado mediante un proceso asambleario constituyente alternativo al pasado y al presente. De ahí que se busque también la colaboración de partidos independentistas y partidos de extrema izquierda antisistema y asamblearios. En definitiva, pactar el PSOE con esas fuerzas sociopolíticas sería entrar en el juego de una riada que sólo garantizaría una inestabilidad permanente y el pago de favores que posiblemente llevarían al país a una situación desastrosa, en la que el propio PSOE se vería negativamente tocado en su trayectoria de futuro.
En consecuencia, parece más realista el pacto con los partidos constitucionalistas para tener una legislatura de no más de dos años y reformar la Constitución del 78.
Tal opción constitucional reformista, capaz de encauzar tendencias de rebeldía y revolución, sería vital para acudir a unas nuevas elecciones con la renovada ilusión de conseguir una mayoría del PSOE amplia y poder gobernar así con los principios de la socialdemocracia para bien de los españoles y de España.
No olvidemos, pues, que estamos y somos en el marco de la Unión Europea y en un momento histórico en el que habrá que revertir la marcha economicista de la globalización mundial hacia un sentido social y de garantía de derechos civiles, sociales y políticos.
Sevilla enero 2016
José Manuel Llamas y José Mora

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DEBEMOS LOGRAR UN PACTO DE IZQUIERDA

DEBEMOS LOGRAR UN PACTO DE IZQUIERDA

Estimado compañero Pedro:

Estamos de acuerdo en que el PSOE, tras las elecciones del pasado 20-D, pasa por un momento crucial. Sabemos que los resultados no fueron buenos para el partido, pero los 90 escaños conseguidos en el Congreso de los Diputados, que sitúan al Grupo Socialista como principal fuerza de izquierda en el Parlamento español, implican una posición que obliga a asumir con coherencia programática y coraje político lo que del PSOE esperan quienes han puesto en él su confianza.

En medio de la difícil situación de nuestra sociedad y de la estructura territorial del Estado español, de las decisiones que tomemos depende el futuro del socialismo democrático en nuestro país, y estamos convencidos que el futuro del país mismo. El PSOE, superando enfrentamientos estériles, tiene la responsabilidad de encauzar su acción hacia políticas transformadoras, de emancipación y solidaridad, contribuyendo desde su posición en la izquierda a articular su pluralidad y a reforzar sus potenciales de cambio. De no ser así, el PSOE podrá verse replegado sobre políticas alineadas con la derecha, sin ser capaz de ofrecer un proyecto de izquierda creíble, tanto para España como para Europa.

Tanto desde la Ejecutiva del partido, como desde su Comité Federal, se ha manifestado que el PSOE votará “no” a la investidura como presidente del Gobierno de cualquier candidato del Partido Popular. Reconociendo que el PP, con mayor número de escaños en el Congreso, tiene la obligación de intentar formar Gobierno, hay razones de peso para que el PSOE no apoye tal iniciativa, ni activamente con su voto, ni pasivamente mediante su abstención.

Como Secretario General del Partido, y refrendado por el Comité Federal, has manifestado tu voluntad de intentar un pacto para una mayoría parlamentaria que permita un gobierno de cambio, en caso de que no lo logre el candidato de la derecha. Un pacto de izquierdas es indispensable para las políticas de reconstrucción social que nuestro país necesita, desde la lucha contra el paro con nuevas políticas económicas hasta la defensa del Estado de bienestar, así como el logro de un renovado pacto constitucional, dada la crisis del Estado español.

Para los objetivos señalados están abiertas posibilidades de negociación con Podemos y otras fuerzas políticas que hay que aprovechar. Nos compromete a ello el defender los derechos civiles y sociales de ciudadanas y ciudadanos, la profundización en la democracia, la dignificación de la política erradicando la corrupción y la reforma del Estado de las autonomías para construir el Estado federal plurinacional que la realidad política de España exige. Es en el marco del debate sobre la ineludible reforma constitucional donde ha de plantearse el procedimiento adecuado, como puede ser una consulta legal a la ciudadanía, para el reconocimiento de la realidad nacional de Cataluña. Son tareas que las izquierdas deben acometer sin demora.

EL PSOE tiene la posibilidad de presentar, junto a otras fuerzas políticas, una alternativa a la derecha neoliberal y conservadora. Esa posibilidad hay que hacerla realidad, no resignándonos de antemano a unas elecciones anticipadas sin haberlo intentado. Los procesos internos de cara al próximo congreso ordinario del partido han de tener en cuenta, considerando lo que nuestros Estatutos señalan, la prioridad política de la búsqueda de ese pacto que aglutine aspiraciones de justicia social, igualdad y regeneración democrática, la cual tú, como secretario general y candidato a la presidencia del Gobierno, debes encabezar.

Saludos socialistas.

José A. Pérez Tapias, miembro del Comité Federal del PSOE
Andrés Perelló, miembro del Comité Federal del PSOE y de ES del PSPV-PSOE
Odón Elorza, diputado del PSE-PSOE
Esperança Esteve, ex-diputada del PSC
Manuel de la Rocha Rubí, ex-diputado del PSOE-M y miembro de Izquierda Socialista

Vicent Garcés, exeurodiputado, coordinador de ES-PSPV y miembro de la Comisión Ejecutiva Nacional del PSPV-PSOE
Maite Ibáñez, de la Coordinadora de ES y de la Ejecutiva de PSPV-PSOE de Valencia

Borja Suárez Corujo, militante del PSOE-M y miembro del colectivo Líneas Rojas

REPUBLICA, LAICIDAD Y CIUDADANIA

REPUBLICA, LAICIDAD Y CIUDADANIA

Antonio García Santesmases * ( Periódico digital Cuarto Poder. 29 Noviembre 2015)
¿Qué podemos aprender de lo ocurrido en Francia tras los sucesos trágicos que hemos podido contemplar? Algo muy elemental y que nos cuesta aprender: la laicidad es necesaria pero no es suficiente. Es necesaria si queremos hablar de democracia pero no es suficiente si queremos que esa misma democracia y los valores republicanos lleguen a arraigar. Poco puede hacer la laicidad cuando el modelo social europeo se descompone y el orden internacional aparece descontrolado, lleno de luces y sombras, donde cambian los aliados, las prioridades y las estrategias de la noche a la mañana a una enorme velocidad. Los antagonistas de ayer son los aliados de hoy; los criminales, los benefactores; las esperanzas primaverales, las pesadillas invernales.
España y Francia
Todos los que nos hemos interesado por la cuestión del laicismo hemos mirado siempre a Francia como ejemplo de un modelo de república laica. Un modelo que hemos envidiado, que hemos admirado y del que nunca hemos dejado de aprender (de sus aciertos y de sus errores). Lo hemos hecho hoy igual que lo hicieron los republicanos españoles en los años treinta. Hay que recordar que los acuerdos en 1905 sobre la laicidad plantean una crisis del Estado francés con el Vaticano que no se salda hasta los acuerdos de 1924.
Cuando la república española trata de resolver el problema religioso, el Vaticano trata de buscar un acuerdo porque tiene en su cabeza lo ocurrido tras la revolución rusa y la revolución mexicana y piensa que mejor conseguir un acuerdo, como el logrado con una república laica como la francesa, que ir a una polarización de consecuencias imprevisibles. No dejaba de tener razón el Vaticano pero no logró controlar a las derechas españolas.
Las derechas españolas sabían que no existía ninguna nostalgia en la población española por la monarquía que había desaparecido con la marcha de Alfonso XIII al exilio. Por ello, enseguida concluyeron que la manera de encontrar una bandera que permitiera articular una oposición contundente al régimen republicano era movilizar al pueblo católico contra la república laica. Existieron notables diferencias entre la actitud de los católicos posibilistas, accidentalistas, dispuestos a la negociación, articulados por la CEDA, y la actitud beligerante de los que poblaban las filas de Acción Española, dispuestos a acoger en su seno a jóvenes admiradores entusiastas del fascismo italiano, que, al final, constituirían La Falange.
El intento de Azaña y de Fernando de los Ríos (con diferencias relevantes entre ambos) no encontró el apoyo de Gil Robles que se negó a suscribir el texto constitucional. Es un dato que se olvida en muchas ocasiones al enjuiciar lo ocurrido en aquellos años.
El hecho es que el modelo de un Estado que se hiciera cargo del mundo educativo, que promoviera una ciudadanía más allá de las particularidades religiosas, que fuera capaz de articular un sentido de nación cívica y no religiosa, siempre estuvo presente en las aspiraciones de los republicanos españoles. Y siempre encontró la mayor hostilidad en las derechas españolas para las que la república laica era contraria a la tradición española, en la que estaban sellados indefectiblemente el trono y el altar. Para los que no estaban dispuestos a defender la monarquía, permanecía, sin embargo, la catolicidad como elemento esencial de la identidad nacional.
Los republicanos españoles admiraban el modelo francés y vivieron con un terrible dolor, como un hachazo, el abandono que Francia hizo de la república española cuando se produjo el golpe militar de julio del 36. La política de no intervención los dejó a los pies del nazismo y del fascismo. Ese dolor se tornó en sorpresa cuando contemplaron la facilidad con la que caía la república francesa ante el nazismo en 1940. El pueblo español había resistido durante tres años a un golpe militar y el pueblo francés había caído sin resistencia. ¿Qué le pasaba a la nación ejemplo de república, de laicidad, de ciudadanía, heredera de la revolución francesa, para sucumbir con tanta facilidad? Chaves Nogales tiene reflexiones muy agudas sobre este fenómeno de la agonía de una nación.
El modelo de la democracia española del 78
A pesar del dolor de los exiliados españoles por el comportamiento de Francia y de Inglaterra durante la guerra civil española; a pesar de que la deuda de la Europa democrática con la España republicana nunca fue saldada, no cabe duda que el modelo para las izquierdas españolas, al encarar la transición, seguía siendo Francia. Sigue siendo un modelo que permanece como un referente ideal pero que no se llegó nunca a implantar. Los pactos de la transición condujeron a un consenso que hoy está puesto en cuestión y que puede ser revisado en la próxima legislatura.
El modelo que se implantó en España, define un modelo de Estado aconfesional, que reconoce el papel de la Iglesia católica en el propio texto constitucional y que propone un modelo de colaboración entre la Iglesia y el Estado en el ámbito educativo. Tras laboriosas negociaciones – incluyendo la retirada del ponente socialista de los trabajos de la ponencia constitucional – se alcanzó el consenso en torno al artículo 27 de la Constitución.
Donde no hubo consenso fue en los acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede que el gobierno de UCD negoció paralelamente al debate constitucional y que aprobó con el voto en contra de los socialistas. Tras catorce años de gobierno de Felipe González y ocho de Rodríguez Zapatero no se han denunciado estos acuerdos, aunque la promesa siempre vuelve a aparecer cuando hay campañas electorales. En esta ocasión también ha vuelto a aparecer. La necesidad del replanteamiento del modelo vigente viene de la nueva situación que estamos viviendo y que sucesos como los vividos en Francia no hacen más que recordarnos. Los acuerdos plantean que es imprescindible preservar el derecho de los padres a que sus hijos reciban una enseñanza de la religión de acuerdo con sus convicciones; la enseñanza de la religión no es obligatoria, pero debe desarrollarse en horario escolar y el profesorado que la imparta debe ser elegido por las autoridades eclesiásticas.
¿Multiconfesionalismo o laicismo?
El haber concedido esta prerrogativa a la jerarquía católica ha provocado que soportemos una profunda anomalía. El profesorado de los centros públicos es elegido por el Estado entre los aspirantes respondiendo a criterios basados en el mérito y la capacidad; esto ocurre con todos los profesores exceptuando al profesorado de religión que es elegido por el Obispo de cada provincia. En el momento en que se aprobaron estos acuerdos, España era un país que salía de una dictadura en la que el nacional-catolicismo había tenido un papel fundamental y en la que pesaba en la mente de los constituyentes el recuerdo de la tensión sobre la cuestión religiosa a la hora de fracturar la convivencia entre los españoles.
En aquel momento no podíamos imaginar la relevancia que tendrían hoy fenómenos como la multiculturalidad. La situación en la que nos encontramos es que si el Estado español mantiene los actuales acuerdos, las distintas confesiones religiosas solicitarán (ya lo están haciendo) el mismo estatus que la jerarquía católica. Si mantenemos los actuales acuerdos, la multiconfesionalidad se acabará imponiendo.
Algunos consideran que ese es el camino que nos espera y que además es un camino deseable para avanzar en la política de integración de los distintos colectivos. Hacer presentes las distintas religiones en los centros educativos y buscar vías de convivencias que permitan aceptar las diferencias es el objetivo que persiguen.
Otros pensamos que sería preferible buscar una vía alternativa. De la misma manera que en las Facultades de Filosofía existen materias como Filosofía de la religión o Historia de las religiones, o en las Facultades de Sociología asignaturas como Sociología de la religión; habría que conseguir que todos los alumnos tuvieran un conocimiento de las variantes del hecho religioso y de las actitudes ante el mismo. Un estudio de las distintas religiones y de las posturas filosóficas (creencia, agnosticismo, ateismo) ante el hecho religioso.
Creo que un estudio laico del hecho religioso – que dejara la catequesis para la parroquia, para la sinagoga o para la mezquita – sería muy conveniente para afrontar los problemas del multiculturalismo y del republicanismo, del antisemitismo y de la islamofobia.
Ello no resuelve naturalmente los problemas de la precariedad laboral o de la exclusión social; no logra compensar todas las desigualdades que provoca el orden económico dominante pero puede ayudar a que la memoria de lo vivido no se pierda. La posibilidad de seguir viviendo juntos está llena de agravios y de heridas no curadas, pero también de esperanzas y de promesas; la reflexión sobre el porvenir exige tener en cuenta lo que nos une, lo que la república tiene que garantizar.
Es evidente que el neoconservadurismo moral siempre ha estado en contra de esta propuesta republicana porque a su juicio el laicismo iguala a las distintas confesiones religiosas y nos conduce hacía una política de permisividad moral y de relativismo. Son conocidas las críticas desde estas posiciones igualmente al buenismo en política internacional y a cualquier política de entendimiento y de alianza entre distintas civilizaciones.
Lecciones de una tragedia
Siendo apabullante en los medios esta posición neoconservadora, es evidente que todos los expertos que tratan el desafío ante el que nos encontramos insisten en la necesidad de articular una política que logre la integración de sectores de la población musulmana que no se sienten vinculados a los valores de la república laica y que muestran su frustración atacando los símbolos nacionales o aplaudiendo la violencia criminal. Pueden ser muy minoritarios los que de ahí pasen a engrosen las filas del terrorismo islámico pero el problema crece y crece en los barrios desestructurados. Pueden ser pocos pero siempre serán muchos para garantizar la seguridad.
Si no se logra esa integración, si esa frustración sigue acumulándose, es muy difícil asegurar la convivencia y es fácil prever que nuestras democracias liberales serán profundamente transformadas para peor. Cuando la tragedia ocurre, todo el mundo mira a los servicios secretos, a las fuerzas policiales, a las alianzas militares, pero todo el mundo mira también a la educación. Lo que los hechos nos muestran, una y otra vez, es que no será posible que la escuela pública cumpla su cometido si se le pide que sea ella y sólo ella la que palíe las desigualdades que produce nuestra sociedad.
La escuela pública puede hacer mucho pero no lo puede hacer todo; pero lo que sí puede hacer es ser consciente de que la transmisión de los valores del mundo republicano no está garantizada para siempre. Hace unos meses pudimos ver en los cines una película que refleja admirablemente esta situación. Estamos ante el comienzo de curso y una profesora veterana se encuentra con el problema de todos los años ¿cómo despertar la curiosidad de sus estudiantes?, ¿cómo hacerles ver la necesidad de la memoria para evitar que todo (también el mal) caiga en el olvido?. La película a la que me refiero, La profesora de historia, mostraba la fuerza de una docente que logra que alumnos de distintas culturas reconstruyan el pasado y se hagan cargo de lo que significó el holocausto.
Al verla pensé en todo lo que queda por hacer para que esa curiosidad se despierte también en nuestro país y los alumnos de nuestros institutos puedan saber, al ver por televisión la serie sobre Carlos V, quién era Lutero, qué papel jugaba el Vaticano, qué reclamaba Bartolomé de las Casas y por qué ya entonces tenía importancia el Turco. Si además de conocer las batallas se pudiera argumentar por qué se superaron las guerras de religión y se llegó a aceptar el pluralismo, mucho habríamos avanzado.
(*) Antonio García Santesmases es Catedrático de Filosofía Política de la UNED.

RETOS DEMOCRÁTICOS DEL MOMENTO

RETOS DEMOCRÁTICOS DEL MOMENTO

En la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla hay un Programa de Doctorado en Ciencias Jurídica y Políticas. La lección inaugural ha versado sobre la Democracia actual y ha sido impartida por la Dra. María José Fariñas Dulce, catedrática de Filosofía del Derecho en la Universidad Carlos III. Su intervención me parecía una buena noticia y asistí. Tras escucharla atentamente, retengo la idea de Democracia como proceso de inclusión y participación, así como algunos retos que deben afrontarse sin demora.
Aprender la democracia no fue ni está siendo nada fácil. Sin embargo, la democracia, desde Sócrates, es “paideia”, es pedagogía, es razonamiento discursivo, es participación activa… y, en consecuencia, es también crítica, sobre todo cuando falla la legitimidad, cuando se resquebraja la identidad entre representantes y representados, o entre las personas dirigentes y la ciudadanía o las personas dirigidas, fallando incluso la credibilidad en las instituciones del Estado.
La Democracia no puede permitirse que deje a nadie fuera. Pero, de hecho, la Democracia es la historia de las inclusiones pero también de las exclusiones, es un proceso de conquistas de derechos y libertades pero también un proceso de prioridades y marginaciones. En la actualidad, fruto de la globalización económica creciente se acentúan desigualdades, se desregulan los mercados, se incrementa el poder financiero… y hasta se limita la libertad de expresión o de manifestación. La Política se transforma en gestión plutocrática, crematística, administrativa, y… en partitocracia. De ahí las reacciones del momento tratando de recuperar el movimiento ciudadano opuesto a ese sistema democráticamente adulterado por la fuerza depredadora del neoliberalismo capitalista insolidario.
¿Cuáles son los retos, con los que estoy de acuerdo con la profesora Fariñas Dulce?
1) Retomar los vínculos entre Sociedad y Estado, con el fin de legitimar un nuevo Contrato Social.
2) Afrontar la depresión colectiva y su indignación, mediante una regeneración socio-política eficaz.
3) Remover obstáculos, promover el desarrollo humano, y gestionar las posibilidades de igualdad frente a las desigualdades actuales y frente a las lacras del desempleo y de la exclusión, hechos que sublevan a gran parte de la ciudadanía.
Es el momento de la Cultura Política, del compromiso social y político. Es el momento de avanzar frente a los recortes y la interrupción democrática. Los pilares básicos: Salud, Educación, Economía y Empleo.
¿Cuál es el espacio público adecuado?
Desde mi punto de vista, el Espacio Social y Democrático de Derecho, bajo la mirada de la Ética de la responsabilidad – que tan necesaria es para el conjunto de “Hispania”… y del “Mare Nostrum”-.

José Mora Galiana,
SE, 04/03/15

AVANZAR EN DEMOCRACIA

AVANZAR EN DEMOCRACIA

Para avanzar en democracia parece que hay que seguir escribiendo, contando y creando en libertad. El Instituto Cervantes acaba de publicar un libro (Escribir, crear, contar) que invita a retomar la metáfora de “La Montaña Mágica” (novela de 1924 de Thomas Mann). La montaña es nuestro propio mundo y la transformación es un aprendizaje.
Escribir es como dibujar, es un descubrimiento, es recorrer un camino y…, cuando se llega al punto geodésico, admirar el paisaje y respirar hondo.
¿Jugamos?
Situémonos rápidamente en un espacio geográfico: España. ¿Qué se pretende transmitir? Que la legitimidad social, el liderazgo y la partitura o la fuerza programática son necesarios para avanzar en democracia.
En primer lugar hay que dejarse impresionar por la realidad del momento histórico, por el presente, por la crisis…, por el paro, por la corrupción, por la mediocridad, por los recortes de tantos logros, por las deudas, por las desigualdades crecientes, por el estancamiento económico y político, por la debilidad cultural creativa…., por los baches de las carreteras, y por el “run” “run” de los Partidos Políticos.
Una vez impresionados, hay que actualizar en la mente dicha realidad, hay que pensar, hay que reflexionar y habrá que elegir entre distintas opciones posibles y/o capaces de transformar la realidad presente.
A primeros de siglo indicaba Antonio García Santesmases (en su libro Ética, Política y Utopía) que se carecía de una Filosofía Política realizada desde España. Por ello, tal vez, afirmaba que para pensar la política hay que inscribirse históricamente en el propio contexto; ver las aportaciones de las ciencias sociales y emprender el camino hacia la óptima república para volver una vez más a la realidad. Sólo así es posible mantener la tensión entre la descripción y la elección a tomar. Luego es importante preguntarse: ¿En qué contexto nos movemos hoy? ¿Cuál es nuestro momento histórico? Formularse esas y otras preguntas es ineludible para poder optar por el camino no siempre fácil de la transformación.
En la actualidad, puede decirse que hay un predominio del liberalismo. Pero el liberalismo tiene dos tradiciones: la del individualismo posesivo (con afán desmesurado de lucro) y el liberalismo solidario o socialdemócrata (con cierta tendencia clientelar, corporativa o estatal). No obstante, también hay tendencias hacia transformaciones económicas, políticas e incluso ecológicas.
Pero, más allá de movimientos sociales, tendencias intelectuales o partidos, y a pesar de tanta corrupción puntual o sistémica, el paso de la Dictadura a la Democracia es considerado como un valor que no debe sino seguir avanzando contractualmente, sensatamente. Por eso, tal vez, se prefiere, como sistema político, la democracia a cualquier tipo de dictadura –incluida la económica-, incluyendo el debate sobre posibles combinaciones entre lo que se denomina el Mercado, el Estado y la Sociedad Civil.
Lo del marco europeo restrictivo y sobre si resta o no soberanía, se ve incluso dulcificado por lo que se desearía defensa más efectiva de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE y sus garantías, ahora un tanto difusas. Pues, se sigue teniendo la esperanza de un avance político en el proyecto de cohesión territorial, económica y social de la Unión Europea.
Ante la crisis económico-financiera, de corrupción, de desigualdades y de desempleo y carencia de valores, se postula la necesidad de que la economía esté al servicio de la política y ésta, a su vez, se someta a criterios éticos y jurídicos, con el fin de regenerar la vida política y rehabilitar la propia democracia, desde la sociedad civil más madura.
Como ya he dicho en alguna ocasión, vuelve a florecer la posibilidad y potencialidad de un socialismo en libertad que no ha llegado a plasmarse como alternativa real, aunque su espíritu lograra un Estado de Bienestar ahora también afectado por los recortes, y más en crisis que en proceso de racionalización. Florece también la exigencia de un Poder Judicial más independiente del Poder Ejecutivo, profesional y con más medios. Se plantea finalmente la separación mayor de poderes, la democracia interna de los partidos y la revisión del Senado para que pase a ser una Cámara territorial. Todo eso resulta positivo y, dialécticamente, negación de la negación
El que, incluso gracias al impulso del Movimiento Podemos, ya transformado en Partido, se esté realizando un esfuerzo de reflexión y de elaboración de programas políticos a debatir, defender y aplicar prácticamente, es una buena noticia, pues, en algún momento –debido a la crisis de las instituciones y del propio título VIII de la Constitución sobre la división territorial- parecía que peligraba la libertad, la igualdad ante la Ley, y la democracia alcanzadas en España.
Retomando la metáfora de La Montaña Mágica hay que seguir avanzado por el camino de la naturaleza propia de la democracia y ser protagonistas de una transformación, descubriendo de nuevo los valores de la libertad, la igualdad y la justicia.

José Mora Galiana,
Sevilla, 5/XI/14

Un Jamón por Navidad

En sesión extraordinaria celebrada el 21 de diciembre de 2012, la
Asamblea General del Monte de Piedad ( Cajasol) ha aprobado la
transformación de dicha Entidad en una fundación de carácter especial,
con la denominación ” Fundación de Monte San Fernando”. Con este acto
legal se pone fin a una larga historia como entidad financiera, cerca
de 200 años para convertirse en una simple fundación cuyo patrimonio
es el que hereda de la antigua Cajasol en forma de edificios y
participación como accionista en la entidad absorvente La Caixa.

Este importante paso de esa Entidad ha pasado inexplicablemente
bastante desapercibido de la opinión pública. Solamente la actuación
de un consejero de la Asamblea, en representación de los consumidores
( FACUA) rechazando el regalo del Consejo de Administración
(concretamente un jamón). Con este simple acto, que dignifica al
Consejero, ha puesto de manifiesto un hecho digno de un minimo
análisis.

La tranquilidad y la falta de autocrítica de los miembros de la
Asamblea, simplemente ha finiquitado la Caja de forma rápida y casi
clandestina y, sin ningún remordimiento, han recibido su tradicional
regalo de Navidad ( un cheque y un jamón). Además, como según ellos su
gestión ha sido tan magnífica, se han reelegido como los nuevos
órganos rectores de la Fundación.

En definitiva,los gestores y Consejo de Administración, han casi regalado a la Caixa una  entidad financiera centenaria en la  que tenían el mandato y la obligación de
gestionar honesta y prudentemente. En lugar de realizar esta labor,
han destrozado a la empresa.

Cajasol contaba con un importante patrimonio e influencia en el tejido
social de Andalucía Occidental, daba trabajo a más de 5000 personas y
era uno de los motores económicos con que contaba el gobierno de
Andalucía. Además del daño causado a la sociedad andaluza, esta
operación ha supuesto una gran pérdida de empleo, los despidos se
cuentan por miles, mientras que los culpables de esta situación, que
son una minoria de ejecutivos y consejeros, siguen disfrutando de una
holgadísima situación económica con pensiones y sueldos millonarios.

Ante estos hechos casi nadie ha actuado durante estos años para evitar
la actual situación, solo algunos representantes sindicales se han
opuesto a esta nefasta política. Habría que preguntarse por qué los
representantes de la Junta de Andalucía, tanto en los Consejos de
Administración como en las Comisiones de Control, no impusieron los
criterios y recomendaciones del Banco de España sobre el riesgo
suicida del negocio inmobiliario, causa final del desastre. La misma
consideración habría que hacer sobre la actuación de los
representantes del PSOE y del PP.

La cosa ya no tiene remedio, una vez casi finiquitado el sector
financiero andaluz, ya tenemos pruebas de como vienen los nuevos
tiempos, las recientes actuaciones de la Caixa ( las Atarazanas, la
Torre Pelli, la venta de Isla Mágica…) dan una idea de cual su
actitud ante los proyectos y problemas de nuestra Comunidad, aunque
nada haya que reprocharle, ellos actúan como cualquier entidad
financiera foránea.

Además tal como está constituida y dirigida la nueva fundación tiene
también sus días contados por inviabilidad.

Todo esto, y todavía no se habrá terminado de consumir el jamón…

LA ENCRUCIJADA DEL PSC

“La solució federal es politicament, la més viable; economicament, la més estable i socialment la més justa.”

Pere Navarro, primer secretario del PSC.

El PSC, en consonancia con el PSOE en el resto del Estado, ha obtenido los peores resultados de su historia al pasar a ser tercera fuerza política en Cataluña. Sus malos resultados tienen que ver con la tibieza e indefinición de sus movimientos en los últimos tiempos, pero también con el abandono de formulaciones y políticas donde los ciudadanos más modestos pudieran verse representados, característica, esta última, compartida con el partido hermano, el PSOE.

No obstante, el PSC ha sido y es muy importante para la izquierda en Cataluña, porque ha conseguido arrebatar el poder a la burguesía catalana a lo largo de dos legislaturas e impedido o, al menos, retrasado el desguace del estado del bienestar al que las huestes de Mas se aplican con entusiasmo en este momento.

No menos importante ha sido la contribución electoral a los gobiernos socialistas de España. Sus victorias en las elecciones generales han permitido los sucesivos gobiernos de Felipe González y Rodríguez Zapatero. También es un partido que ha ganado varias elecciones europeas y municipales.

Así pues, el acuerdo de fusión alcanzado en 1978 entre el PSC-C, PSC-R y la Federación Catalana del PSOE, mediante un Congreso de Unidad Socialista, no parece que haya dado malos resultados. Eso sí, participan de la actual deriva  donde perder elecciones se ha convertido en algo habitual.

La posición del PSC es fundamental para el enconado debate territorial que se avecina, porque su propuesta federalista puede servir de engarce entre Cataluña y el resto de España. Naturalmente, ello necesita un ejercicio de clarificación; qué Estado Federal se pretende. Aquí las demás Comunidades Autónomas y muy señaladamente Andalucía, tendrán mucho que decir.

Una negociación con el PSOE con toda probabilidad difícil y lo más arduo de lograr: la modificación de la Constitución de 1978.

No se puede improvisar, es imprescindible buscar consensos con otras fuerzas políticas –especialmente el PP y los nacionalismos vasco y catalán- y darse el tiempo necesario para que la reforma se vea coronada por el éxito. Debemos acertar porque nos jugamos mucho en el envite.

Habrá que dialogar con altura de miras y generosidad para conseguir lo mejor para todos.

Muchos no concebimos una España sin Cataluña, pero tampoco una Cataluña sin España fuera de la Unión Europea.

José Manuel Leal