VACUNAS

Las vacunas como medios preventivos de enfermedades graves y mortales se están utilizando desde finales del siglo XVIII, así pues, llevamos más de doscientos años valiéndonos de este arma eficacísima que ha salvado millones de vidas en todo el mundo.

En nuestros días, azotados por la terrible pandemia del coronavirus, ha sido la Ciencia, en un tiempo record -10 meses- la que ha conseguido la maravilla de descubrir no una sino una decena de vacunas que están demostrando su eficacia todos los días inmunizando a la población, comenzando por los más vulnerables y por el heroico personal sanitario que se juega la vida para intentar salvar la del resto. Si todavía algunos desinformados tienen dudas sobre su validez, que echen una ojeada a la curva de mortalidad registrada en las llamadas residencias para mayores antes y después de la vacunación. Esto no son opiniones, son matemáticas expresadas en gráficas.

En este sentido la percepción de la sociedad española ha variado de manera notable. Cuando se hicieron las primeras encuestas a mediados del 2020, hasta un 40% de los españoles/as, aseguraba que no se pondría la vacuna, hoy el 90% de la población estaría dispuesta a inocularse. Es posible que a este cambio de actitud, en tan corto espacio de tiempo, haya contribuido el vergonzoso espectáculo de alcaldes, concejales, consejeros, obispos, militares de muy alta graduación, infantas e incluso algún rey evasor, sorteando el orden establecido para ponerse la vacuna antes que nadie. También ha abonado este cambio el hecho de que van administradas millones de dosis de todos los viales disponibles sin que se haya detectado, salvo en algunos casos, ligeras molestias musculares y fiebre baja. Así pues, salvo negacionistas recalcitrantes, la inmensa mayoría de la población está hoy por hoy dispuesta a vacunarse.

Otra cosa es la disponibilidad de viales y el ritmo al que se administran estos. Lo menos que se puede decir de la Comisión Europea y de su presidenta Úrsula von der Leyen, es que han sido torpes a la hora de negociar con los gigantes farmacéuticos europeos y norteamericanos. A pesar de contar con cuantiosos recursos y pagar por adelantado, no llegan vacunas suficientes para inmunizar a los ciudadanos de Europa. Esto hace que varios países como Hungría, Chequia, Serbia y últimamente Dinamarca y Austria, estén complementando las dosis europeas con adquisiciones en China, Rusia e Israel. Lo cual a la vez propicia que estos Estados hayan comenzado a elaborar una “política vacunal” de consecuencias imprevisibles.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) por medio del Plan COVAX, pretende llegar a 2.000.000.000 millones de personas en todo el planeta que carecen de medios para comprar vacunas. Esta organización depende económicamente de los países que la forman, de manera que si esos contribuyen podrá adquirir los viales e inmunizar a gran parte de la población mundial que, de otra forma, sufrirá un número de muertes evitables – lo que resulta absolutamente obsceno-. España junto con otros países ha prometido ayuda, esperemos que cumpla.

Esta es una pandemia planetaria que afecta por tanto a todos los países de la Tierra. No puede ser que se vacunen los países ricos mientras África y gran parte de Latino América se quedan fuera. Hay 100 países que aún no han recibido una sola dosis y otros que prevén comenzar a vacunar en 2023.

No ayudar no es una opción. Hay que hacerlo por solidaridad con los que no pueden permitirse un pinchazo que puede salvarles la vida y por seguridad.

En una pandemia como esta, del extraño coronavirus, mientras no estemos todos inmunizados nadie estará completamente a salvo.