FORTALECER Y NO DEBILITAR LA DEMOCRACIA

Con motivo de las derivas de los sucesos del 6 de enero en Washington, que debilitan el espíritu democrático, el catedrático emérito de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III, Tomás De La Cuadra Salcedo, ha manifestado que siempre hay pasos previos cuando se toma el camino hacia el caos (ver la página de opinión del sábado 9 de enero de 2021, EL PAIS 13). Dice, además, que tales prácticas no son ajenas a Europa ni a España. Veamos.

Es verdad que la democracia tiene su propia fortaleza pero también es verdad que no es indestructible., cuando se van socavando sus cimientos.

Configurar los partidos y partidarios de unas u otras opciones o posiciones como tribus enemigas a las que demonizar es un primer modo de deteriorar el sentido democrático constructivo.

Hacer juicios precipitados de intenciones ajenas sin un análisis riguroso de la realidad, dividirse y confrontarse en bandos de “buenos y malos”, volver la mirada al pasado dictatorial, encresparse en luchas patrioteras de centralismo o periferia e independentismos, negar la representatividad de las urnas o despreciar los procesos legales de transición y transformación, son pasos en falso que obedecen a la teoría de cuanto peor mejor, contraria a la teoría de la democracia y de la socialdemocracia.

El sentido constitucional colectivo es un firme cimiento sobre el que poder construir el futuro, desde un presente armónico. Ahora bien, el presente parece más bien convulso. Convendrá, pues, tomar buena nota de las conductas que debilitan la democracia bien sean personales, sociales, económicas y políticas, culturales o religiosas, e ideológicas y mediáticas…

De La Cuadra Salcedo concluye sus aportaciones diciendo textualmente:
“Deliberar con los demás y escucharles no es un trámite engorroso a soportar, sino una profunda obligación moral y constitucional de esforzarse en comprender las razones del otro y entenderlas hasta donde sea posible, dentro del legítimo pluralismo que justifica políticas diferenciadas”.

Coincidamos en que la ética constitucional y democrática es garantía de una democracia sólida y plural frente a no pocos intentos de deterioro de la propia democracia que sólo puede llevar hacia el camino del caos.

Merece la pena que la realidad compleja y dinámica siempre abierta haga que el sistema democrático se nos presente abierto al futuro y la esperanza, de un futuro más constructivo que destructivo. Frente a los intentos de debilitar la democracia nuestra responsabilidad es fortalecerla