DECENCIA


Hablemos, otra vez del COVID-19…se acerca la Navidad, antes un largo puente, y se abre otra vez el dilema.., Salud o Economía….

Olvidamos todo pronto, hasta lo bueno, por muy cercano en el tiempo pasado que lo tengamos…¿por qué salimos, o controlamos la “primera oleada”?..Indudablemente por el largo confinamiento domiciliario que redujo los contagios y, lo más importante las muertes a unos niveles “soportables”, por llamarles de algún modo.., se antepuso la salud de la población a la economía.., claro que por el tiempo suficiente para que luego se pudiese recuperar la actividad, o eso parecía…y ¿hemos aprendido algo?

Como la mayor parte de los mensajes políticos y mediáticos, en su pretensión de llegar a todos los rincones y de simplificar el debate, en exceso, creo que irresponsable y deliberadamente, se presenta el falso dilema entre salud o economía, algo inaceptable.

Con urgencia, la solución debe darla la política, (ya llegará la milagrosa vacuna), es una cuestión de decencia, de reforzar, de revertir, de mejorar las políticas públicas

¿Salud frente a economía? No parece que, en la confrontación política, eso sea muy importante. La derecha, y extrema derecha, están en el empeño de poder rentabilizar electoralmente la confrontación con el Gobierno, presentando su política de gestión de la pandemia, según sus declaraciones, como de atropello a la libertad, falta de transparencia, obscurantismo, hostilidad a gobiernos de CCAA concretas por no ser de su cuerda, destrucción de tejido empresarial y del empleo…

Diríamos que la oposición se siente cómoda en esta trinchera y, lo más importante, que no le preocupa mucho la salud de la ciudadanía, o va a la política de Bolsonaro, de conseguir la “inmunidad de rebaño”

Qué importa que, como todo el mundo sabe, ellos mejor que nadie, que los Centros de Atención Primaria, en déficit de inversión, no cuenten con personal y equipamiento suficiente para atender las necesidades sanitarias de sus zonas de gestión y mucho menos para realizar en las siguientes fases el diagnóstico precoz y el seguimiento o rastreo de los contagios.

A diario leemos que una parte de los centros de especialidades y servicios de urgencia de atención primaria en algunas zonas, urbanas y rurales, están cerrados, y/o, no disponen de suficiente personal; que, al no funcionar todavía los hospitales al cien por cien, muchísimas consultas, pruebas diagnósticas e intervenciones quirúrgicas estén siendo aplazadas o ni siquiera han sido programadas; que sea Andalucía, (no olvidemos la responsabilidad de la gestión sanitaria de quién es), la que dedica a la sanidad menos recursos por habitante…

En el cuerpo a cuerpo del rifirrafe político todo esto es irrelevante; para ocultar esta realidad cuentan con un monumental aparato de propaganda a su servicio. Creíamos contar con un sistema sanitario envidia de medio mundo, con los mejores profesionales, aunque mal pagados y considerados.. La propaganda ocultó que la situación de la sanidad era deficitaria, y lo destapó una situación como la del coronavirus; es evidente que, si no se hubiera desmantelado la estructura de salud pública, la ciudadanía habría contado con más medios para enfrentar la enfermedad.

La vieja economía, la que nos ha llevado a la crisis, la que alimenta la deuda, la que promueve la exclusión social, la que concentra la renta y la riqueza… sólo piensa en la gente como consumidores, en los trabajadores como un coste y en las mujeres como trabajadoras gratuitas, para la familia y los cuidados; y no tiene otro objetivo que hacer máximo el crecimiento, al precio que sea. Esa economía no funciona o sólo lo hace para las elites. Esa economía es la que convierte la salud en una mercancía, la que hace enriquecer a multinacionales y a numerosos fondos de inversión y especulación que se reparten hospitales y centros de salud que se financian con fondos públicos.

La salud es un derecho humano básico, al igual que la educación, la vivienda, a reivindicar, junto al empleo decente, un planeta habitable, el cuidado de los mayores y la equidad y la lucha contra la pobreza…

Y la economía que hemos conocido hasta ahora, y que los poderosos quieren mantener, no garantiza esos derechos; al contrario, los atropella y borra. Repetimos, el dilema salud-economía es una trampa que de ningún modo podemos aceptar.

La mayoría de los ciudadanos no podemos “comprar” todo en el mercado y necesitamos de políticas públicas para la igualdad.. , porque la economía, para que sea economía decente, tiene que poner en el centro de todo a las personas y de estas, a los más necesitados.