LIBERTAD DE CONTAGIO

En estos días de otoño asistimos con preocupación y asombro a algaradas en algunas ciudades españolas protagonizadas por grupos violentos, que protestan por el nuevo Estado de Alarma decretado por el gobierno y aprobado por amplia mayoría en el Congreso de los Diputados. También por las medidas adoptadas en las CCAAs acogiéndose a dicho Estado de Alarma. Son grupos muy minoritarios –La mayoría de la población española observa las normas con gran civismo- pero cuya protesta, lejos de ser pacífica, ha degenerado con frecuencia en agresiones a la policía, saqueos, incendios y destrozo de mobiliario urbano.
Los antecedentes de esta actitud hay que buscarlos en las protestas y manifestaciones producidas durante el primer Estado de Alarma de la pasada primavera en el selecto barrio de Salamanca de Madrid, que fueron inspiradas por Vox y alentadas “in situ” por algunos de sus diputados y diputadas. Entonces acusaban al gobierno de la nación de atentar contra la libertad de los españoles y de “Dictadura Constitucional”. Ahora, esta misma fuerza política habla de gobierno ilegítimo y medidas anticonstitucionales. Todo ello a pesar de que el Estado de Alarma está extraído de la propia Constitución y aprobado por el Parlamento español.
En consecuencia, debemos preguntarnos: ¿Qué quieren estos hombres y mujeres, casi siempre jóvenes que protestan airadamente? No son de fácil clasificación, han aparecido pancartas con peticiones del tipo siguiente: “Mas bares y menos políticos”; y en otros lugares: ¡Gora Eta!. Hay fotos de muchachas tirando piedras a la policía con una mano y el cubata en la otra. Pero sobre todo piden LIBERTAD. Así, con mayúsculas y sin limitaciones. Y, éste es el problema porque, en estos momentos, no es posible. Quieren libertad para moverse, para viajar, para reunirse, para ligar y amar sin acotaciones horarias, para beber, para entrar y para salir y para celebrar fiestas hasta el amanecer y más allá.
Son generaciones nacidas en democracia y nada acostumbradas a que le recorten derechos que creen adquiridos para siempre. ¿Ignoran, acaso, que en este choque de derechos debe prevalecer el de la salud?
Ocurre, sin embargo, que no podemos seguir viviendo como si no existiera una pandemia que azota el planeta y que, en España se ha mostrado especialmente virulenta, que no ha sido vencida y para la cual, todavía, no hay tratamiento específico ni vacuna. No podemos ni debemos cerrar los ojos ante los miles de contagios diarios y la situación hospitalaria de nuestro país y mucho menos ante el número de fallecidos que no hace sino ascender.
Los derechos que nuestra Constitución consagra no incluyen el “derecho” a atentar contra la salud y la vida de otras personas, no incluyen el “Derecho a Contagiar”
Habrá pues, que hacer pedagogía. En una situación crítica, como la que estamos viviendo, el Gobierno y también los de las CCAAs están obligados a ser transparentes y a explicar con detalle a la población las medidas que se vayan tomando a fin de que todos podamos digerirlas y aceptarlas.
No saldremos vivos de esta sin que se imponga la cordura, el buen juicio científico y el acuerdo político.
Actitudes como las de Vox tratando de deslegitimar al Gobierno, tachando las medidas adoptadas de anticonstitucionales y animando a estos rebeldes sin causa a salir a la calle contra ellas, no ayudan precisamente a vencer esta pandemia. Frente a actitudes extremosas, ha de prevalecer el derecho universal de la salud para todas las personas, lo que implica cordura, racionalidad y sensatez.