RAZÓN PRÁCTICA Y POLÍTICA

    La Razón Práctica, aunque pueda remitirnos a Kant, orienta sobre todo, en el contexto que vivimos, hacia una conciencia humana – personal, comunitaria e institucional – que pueda llevar al compromiso y la praxis del bien hacer en la vida, mirando el interés general o lo que de forma más clásica se consideraba el Bien Común en la Ética. En ese sentido, la razón práctica vendría a ser la condición indispensable para la Política al servicio del conjunto de la sociedad.
En estos momentos, no proceden caricaturas del Este y del Oeste, ni desprecios del Norte hacia el Sur o entre ricos y pobres, como tampoco es oportuno fomentar las confrontaciones partidistas en el seno de un Estado Social y Democrático de Derecho.
En el caso concreto de España, están de más ahora contraposiciones entre opciones o tendencias centrífugas (que huyen del centro) y opciones centrípetas (que tienden a centralizar). Lo mismo podría decirse que no vienen a cuento ni tendencias “criso-patriotas” (amantes sobre todo del dinero) ni tendencias partidistas o “partido-cráticas” (amantes sobre todo del poder por el poder). Lo urgente es ver cómo subsanar deficiencias en un sistema sanitario que, de un tiempo a esta parte, se fue recortando y privatizando por planteamientos estrictamente economicistas y que ahora nos está demandando no sólo un reconocimiento de las personas profesionales entregadas, que han arriesgado y hasta entregado su vida ante una pandemia, identificada como fruto del coronavirus 19, sino que también demanda un nuevo proyecto de consolidación presente y en vistas al futuro, como servicio público indispensable y universal para toda persona y toda comunidad.
No es el momento de choques de trenes, cuando los trenes están bajo mínimos o no funcionan todavía. Más bien es
momento de aunar esfuerzos, de reparar tendencias negativas, de regenerar la política desde la Ética, de pensar en nuevas potencialidades, de considerar la exigencia de la Educación como pilar básico del Estado de Bienestar. Es tiempo de consensuar fórmulas en pro del Espíritu Emprendedor y del Mundo del Trabajo, capaz de conciliar el quehacer laboral con los cometidos familiares. Es tiempo para revisar el afán de lucro en el alquiler y compra-ventas de vivienda, con el fin de que no haya familias sin un hábitat propio de la dignidad de las personas… Es tiempo, de replantear nuestras relaciones con la Casa Común que es nuestra Madre Tierra… Es tiempo de menos “electricidad” y más “energía solar”. Es momento, en definitiva, de mirar aspectos positivos que pueden derivarse de una situación en la que el respeto a los demás, la solidaridad, la Justicia y el Bien Común reclaman su presencia efectiva.
El reto es grande. Hay que ser austeros no en recortar Salud, Educación o Servicios Sociales, sino en Parlamento y Senado (como Poder Legislativo), en número de Ministros y Ministras (como Poder Ejecutivo)… y, sin embargo, garantizada la profesionalidad y la independencia del Poder Judicial, habría que ver si, al igual que Salud y Educación, necesita de más medios y de un sistema más fuerte, que pueda garantizar el equilibrio de poderes.
La Razón Práctica, como el quehacer ético, invita a vencer solidariamente las circunstancias adversas y situar, así, la Política y el Estado de Derecho al servicio de todo el conjunto de la Sociedad de la que somos una parte consciente, como personas y como instituciones.

4 comentarios en “RAZÓN PRÁCTICA Y POLÍTICA

  1. En estos momentos, el problema principal es el «totum revolutum». Ni introducir tácticas extrañas en procesos de estrategia política prioritaria como la salud pública y la vida de las personas, ni incrementar ni acentuar tendencias de confrontación partidistas, de poderes o intereses, …, ni los impulsos desmesurados e incontrolados de poder; ni la «scurrilitas» chocante o fullera (por no decir «cagalera») benefician a la débil democraciaen su propia división de poderes ni en su propio equilibrio a medio y más largo plazo. Decir «currant aquae» o confiar en la prudencia no basta. Hay que insistir en lo primero y principal: la Salud. La salud trae recuperación y fortaleza. Después, de inmediato apremia también la Educación y el civismo de la sociedad

  2. Gracias, Pepe, por esta interesante reflexión, que incita, sobre todo, a ser racionales. Aunque me dedico a esto de promover la racionalidad: la educación, a veces dudo de esa capacidad tan exaltada en la Ilustración. Somos seres utópicos y nuestro optimismo antropológico nos lleva a creer en una humanidad futura mejor. Aunque, la realidad tan paradójica nos ponga -en estos tiempos- lo mejor y lo peor del ser humano.
    Habrá que tocar las cacerolas mejor en las aulas. Te doy dos pistas:
    – Una joven brillante, que quería hacer medicina deseaba «creer algún día en el Bien Común como lo hace usted, maestro», me decía. Y yo sentía rabia oírle afirmar que tendría clientes, no pacientes…
    – Hablas de «Austeridad», una palabra que no reconoce mi wasap mientras te escribo y que mi alumnado desconoce año tras año.
    Lo dicho: Tendremos que tocar las cacerolas en cada casa, en casa aula, para que la razón, práctica o teórica, guíe nuestro común horizonte! Un abrazo

  3. Gracias, Álvaro. Establecer el sistema público de Salud y Fortalecer el sistema Público de Educación, así como fomentar la Cultura, los Servicios Sociales y garantizar derechos humanos fue arduo trabajo, que hoy debemos retomar, tras la experiencia local y global de la pandemia del coronavirus 19. Pero crear y acrecentar esa conciencia colectiva no se logra por Decreto.

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