CORONAVIRUS Y TELETRABAJO

¿Nos está dando una oportunidad esta pandemia para un cambio cultural? Es evidente que de ésta saldremos, pero también sabemos que esta crisis ha cambiado, ya, la forma de convivir y, en mucho, la forma de trabajar; de tal manera que las calles permanecen vacías y en bastantes sectores de actividad, excepto en los llamados sectores esenciales, el puesto de trabajo se ha trasladado a los hogares. Puede que estemos pasando de una cultura presencial, acudir y permanecer jornadas enteras en el centro de trabajo, a trabajar desde la casa.
En Educación, desde Primaria a la Universidad, este cambio (adaptación a las circunstancias) que vemos, está siendo rápido y satisfactorio a pesar de la irremediable improvisación que se salva, como siempre, por la positiva actitud e ímprobo trabajo de excelentes profesionales que día a día superan cualquier dificultad. Lo mismo ocurre en otros ámbitos de las Administraciones, en los que no es necesaria la presencia permanente del trabajador para realizar su tarea de servicio al ciudadano.
En las empresas, salvo contadas excepciones, tampoco se han hecho bien los deberes y eso limita, lógicamente, que el trabajo desde casa no tenga la expansión deseada por las propias compañías.
El teletrabajo, pues de él hablamos, no es más que una forma de organización laboral, y las empresas no están acostumbradas, a
pesar de que España es un país con la mejor infraestructura tecnológica para ello: «el 91’4% de los hogares tiene acceso a internet, el 81% posee ordenador y España cuenta con la mejor red de fibra óptica de Europa, con más de 25 millones de hogares con posibilidad de acceder a ella y 10 millones de ellos abonados», tal como nos recuerda UGT.

¿Por qué no se incrementa exponencialmente entonces? Porque no es posible un «cambio cultural» si no es con una previa, meditada y trabajada planificación y, después, aplicada de forma progresiva. En algunos bancos y empresas tecnológicas se preparan programas para fomentar el teletrabajo. Es cierto que hay otros sectores donde es muy difícil su implantación, pero todos tienen actividades dentro de ellos donde esta organización es factible; también es cierto que hay PYMES con pocos recursos y que en algunos casos han de invertir también en digitalización, y que probablemente necesiten ayuda pública.

Para cubrir esas carencias en parte, el martes 17 de marzo, se decretaron por el Gobierno una serie de medidas urgentes para hacer frente a los contagios por el Covid-19, con el confinamiento, y garantizando a la vez la continuación de la actividad productiva por medios alternativos, particularmente por medio del trabajo a distancia, instando a las empresas a facilitarlo, y anunciando apoyo público a la compra y leasing de equipamientos para la digitalización, a por medio del ICO, y para la dotación de soluciones de trabajo no presencial.

Terminamos, por ahora, como empezamos: estamos ante una oportunidad de mejorar un aspecto importantísimo de nuestra vida laboral, ¿lo aprovecharemos?
Sabemos por nuestro entorno europeo que el teletrabajo es positivo, eficaz y más que posible.. Que trabajar desde casa, reduciendo significativamente el tiempo de trabajo presencial, evita desplazamientos y ahorra, por tanto, tiempo y polución, es decir mejora la productividad y la sostenibilidad.

Qué no decir, además, de la posible mejora de la conciliación de la vida familiar y laboral, tan manida.. Pero eso, y los inconvenientes del teletrabajo, que los tiene y de importancia, puede ser objeto de otra comunicación…
Aprovechemos, de momento, la oportunidad que se nos brinda.