EN TORNO A LA IGUALDAD EN LIBERTAD

La Constitución española de 1978, en el Título preliminar, artículo 1, dice: “España se constituye en un Estado Social y Democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”.

En el Título I, De los Derechos y Deberes Fundamentales; capítulo segundo: Derechos y Libertades, el artículo 14 manifiesta: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Es claro que, en la generación del 68 al 78, hubo ya una voluntad de dejar atrás aquella separación de “los niños con los niños y las niñas con las niñas” y algunas otras lindezas propias de las desigualdades entre familias ricas y familias pobres, y también del nacional catolicismo cuyo sentido conservador y tradicional impidió que el Concilio Vaticano II y su Constitución Gaudium et Spes (de diciembre de 1965) avanzara en igualdad de género o igualdad del hombre y la mujer en el ámbito educativo y de la praxis liberadora.

Conviene, pues, hablar de la igualdad en libertad como un logro constitucional, aunque las garantías de esos valores superiores como derechos fundamentales no estén todavía consolidadas en la práctica diaria por el peso de la tradición patriarcal, en donde el denominado “matriarcado” es algo de “puertas adentro” y también realidad en algunos contextos rurales.

De hecho, podría reconocerse incluso que la exigencia constitucional del art. 14, referida a la igualdad de género, es un esfuerzo reciente si tenemos en cuenta que fue la iniciativa de la Federación de Mujeres Progresistas la que animó a 14 hombres significativos a escribir y dar la cara en un libro singular que se titula Ellas (publicado por la Editorial Crítica Ares y Mares, en Barcelona, año 2001).

Hoy en día, qué duda cabe, sigue siendo culturalmente básico poder conjugar igualdad y libertad para avanzar en una educación social que sea intercultural y transcultural con sentido de una nueva ética de igualdad en la construcción solidaria de la Comunidad Humana.

Por ello, con motivo de la celebración del día de la mujer y la estela que sus reivindicaciones colocan sobre la mesa, conviene relacionar, a modo de triángulo, los vértices de persona-familia-sociedad. Siendo conscientes de esas tres dimensiones, es importante como método de trabajo personal y colectivo: 1) rememorar situaciones desde el ayer hasta el presente, ejercicio necesario de autoconciencia respecto a condicionantes que dejan huella en la propia evolución y que siguen dificultando la igualdad de género efectiva ; 2) comunicarse, compartir vivencias y dialogar sobre la dignidad humana y los valores superiores de la libertad, la igualdad y la justicia o la equidad, lo que ayuda sin duda a sopesar y valorar la situación personal del momento; 3) actualizar las realidades vividas, y analizarlas con conciencia ética, lo que puede llevar a un compromiso liberador de transformación armónica y coherente.

Para dar esos tres pasos hacia una cierta sabiduría en las relaciones entre mujeres y hombres, y en la exigencia ética de la igualdad en libertad, observemos nuestra propia respiración, respiremos hondo, tomemos energía, y alcancemos un cierto grado de alegría y ganas de vivir para seguir mejorando nuestro modo de ser.

Cada cual tiene su propio itinerario de vida y ha tenido experiencias diferentes. Pero interesa tomar conciencia de ello. Rememorar nuestras situaciones familiares, individualistas o comunitaristas nos pueden ayudar a situarnos mejor en el momento presente.

En segundo lugar, interesan la comunicación y el diálogo tratando de favorecer que podamos ser por sí mismo, sin servidumbres o esclavitudes neoconservadoras.

Finalmente, estemos donde estemos, tratemos de asumir una nueva ética global de la interculturalidad y la transculturalidad, y la exigencia de ser sí mismo o sí misma, con libertad e igualdad.
Hay dos libros de interés para dialogar y reflexionar de forma práctico-práctica:

Uno es de María Zambrano: Persona y Democracia. La conciencia de la propia situación histórica es principio indispensable deliberación. La memoria, las crisis y las orfandades nos pueden llevar a la conclusión de que ahora es cuestión de “volver a nacer”.

El otro libro, también de una mujer, es de Jennifer James: Veinte pasos hacia la sabiduría, invita a retomar el propio rumbo vital, haciendo que despierte nuestra conciencia en el conjunto de la historia y de la comunidad humana, estableciendo una relación íntima con el Universo e intentando emprender el viaje hacia la sabiduría.

Entrar en el camino de la sabiduría hacia la igualdad en libertad, nos obliga a un compromiso de liberación integral solidario con toda persona, en el seno de nuestra familia o entorno, y en el ámbito de la Comunidad Humana.

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