ESPAÑA ENTRE EL HARTAZGO, EL SOBRESALTO Y LA ESPERANZA.

La cuestión catalana ha alcanzado tal nivel de intensidad política y de ruido mediático que, a su lado, otros asuntos como la desigualdad imperante, la brecha salarial o los asesinatos machistas, parecen meras anécdotas sin importancia.
Lo identitario se ha impuesto sobre cualquier clase de consideración y como una vuelta a la Edad Media, la tierra es más importante que la persona, el territorio precede a los ciudadanos sujetos de derecho.
En los días que corren da la impresión de que todo sucede en Cataluña o al menos, gira en torno a esa comunidad. Entretanto que todo el centro peninsular se esté despoblando, la Comunidad Valenciana sufra infrafinanciación, los trenes extremeños sean del siglo XIX o que Andalucía no salga del furgón de cola de las CCAAs españolas, carece de importancia.

Parece más determinante ser de Sabadell, Utrera o Sant Antoni (Baleares), que de izquierdas o derechas. La socialdemocracia está olvidando su vieja tradición cosmopolita e internacionalista para hacerse provinciana y localista. Hemos perdido nuestra capacidad para las grandes ideas transversales y omnicomprensivas que afectan y benefician a la mayoría de la población  para centrarnos en pequeños aspectos secundarios que, si bien ayudan a las personas, no terminan de darles una perspectiva vital suficiente.

Aquí de que se trata es de poner en marcha un proyecto ilusionante de país para los habitantes de esta antigua tierra que llamamos España.

Los mimbres que tenemos no son pocos ni malos: Vivimos en la zona templada del hemisferio norte, somos una potencia media de la parte más rica del mundo, una de nuestras lenguas es hablada por 500 millones de personas de este planeta, la belleza y diversidad del país, es reconocida y admirada por todos, como bien saben los operadores turísticos, y además tenemos una Constitución que nos configura como un Estado social y democrático de derecho.

En estas condiciones y formando parte del selecto club de UE, hay que ser muy egoísta –los secesionistas siempre son los más ricos- o padecer algún tipo de “neurosis patriótica” para intentar abandonar este barco. Hay que dialogar con los egoístas y tratar a los neuróticos. Y eso es lo que pensamos está haciendo este Gobierno con las distintas fracciones  del independentismo catalán.

El dialogo y el tratamiento son una necesidad política e histórica, pero nosotros echamos en falta una trama, un relato, una propuesta general que sostenga esa posible negociación, máxime si  debe terminar con una consulta, que, hoy por hoy, no está nada claro si debe afectar solo a los catalanes o incluir a todos los españoles, titulares en su conjunto de la soberanía nacional.

En este asunto la improvisación y las prisas no deben jugar ningún papel porque a pesar del cortoplacismo y la ramplonería de nuestras derechas, toda negociación con vocación de permanencia, cualquier modificación de la Constitución del 78, necesitará finalmente su concurso.

Hay que construir con cimientos sólidos la casa común de todos los españoles con habitaciones lo suficientemente amplias e independientes como para no molestarnos, pero bajo el mismo techo y sabiendo que los gastos comunes debemos sufragarlos  entre todos. Es esto lo que echamos en falta, un proyecto progresista para todo el país. Que abarque las reformas y modificaciones, incluida la Constitucion, que sean necesarias. Dentro de ese marco debe inscribirse la solución para la cuestión catalana.

Hay signos esperanzadores. ERC con un lenguaje radical secesionista a veces, fanfarrón, no deja de dar pasos hacia el abandono de la via unilateral. Hoy mismo, ha dado uno definitivo: ha acatado la sentencia del Supremo y privado a Torra de su escaño en el Parlament. El todavía president, ha convocado elecciones en Cataluña sin determinar fecha.

El separatismo sigue estrategias y caminos distintos en cuestiones sustanciales como apoyar o no el gobierno de la nación y pronto deberán enfrentarse en una contienda electoral que se prevé entre ellos “a cara de perro”. En unos meses habrá otro gobierno en la Generalitat, donde es posible que el PSC esté presente. Se normalizará el dialogo y la negociación entre el Gobierno y la Generalitat e incluso es posible que, finalmente todo se encauce y se acuerde una solución de compromiso que nos permita a todos seguir viviendo en paz en este hermoso país.

Si es así, Pedro Sánchez pasará a la historia como el político socialista que resolvió el problema catalán:  un estadista.