EL PACTO SÁNCHEZ-IGLESIAS

EL PACTO SÁNCHEZ-IGLESIAS.

Después de seis meses, dos Elecciones Generales y 1.300.000 votos y 10 escaños menos, se ha producido el acuerdo para un gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos. Eso sin hablar del gasto intangible en desaliento, decepción y hartazgo de gran parte del electorado, especialmente de izquierdas, que contemplaba asombrado como sus representantes eran incapaces de ponerse de acuerdo. En parte esta pifia se ha subsanado hoy, sin que estuviera de más que sus responsables dieran alguna explicación más allá del abrazo escenificado ante las cámaras.
Mientras llegue una razonable explicación, si es que llega, nosotros vamos a aventurar la nuestra: No ha habido antes acuerdo porque los actores en presencia no han querido y ello, en contra de toda lógica, puesto que no hay diferencias insalvables en sus programas políticos, y en contra de los deseos y esperanzas de la inmensa mayoría de sus votantes. ¿A qué se debe pues, esta diferencia radical que impidió el acuerdo en abril? A que Pedro Sánchez no quería un gobierno de coalición y Pablo Iglesias no aceptaba un gobierno donde él no estuviera. Seguro que ha habido también errores de cálculo electoral, presiones y egocentrismo excesivo pero lo anterior nos parece evidente.
En las generales del 10-N que, no perdamos la perspectiva, el PSOE ha vuelto a ganar, los electores han sancionado a aquellas formaciones consideradas responsables de la repetición electoral. Así el PSOE ha perdido más de 700.000 votos y tres escaños, UP más de 600.000 votos y siete escaños y Ciudadanos ¡2.500.000 votos y 47 escaños¡ El dictamen de los electores para esta formación más que un castigo es un torpedo en su línea de flotación. Y es curioso porque Ciudadanos no estaba implicado directamente en la partida que se jugaba en el ámbito de la izquierda y, sin embargo, ha resultado el más perjudicado. ¿Por qué? Por su cerrilismo, su incoherencia, sus errores y porque sus electores llegaron a la conclusión certera de que sus votos no servían para gobernar España. Le hubiera resultado duro pero muy rentable un acercamiento al PSOE con el que sumaba mayoría absoluta y hoy, Rivera, sería vicepresidente del gobierno en vez de dedicarse a pasear al perro. Esto es lo que hace el centro liberal en toda Europa y por no hacerlo y aliarse con la extrema derecha lo abandonó Macrón, lo abandonó Valls, se fueran parte de los fundadores y dirigentes de su partido y finalmente lo abandonaron sus electores.
Estas elecciones generales de noviembre han tenido también otro efecto indeseado facilitado por la torpeza de la izquierda: El auge de la derecha y sobre todo de la extrema derecha cuyos argumentos populistas y simplistas pero claros convencen cada vez a más gente. No pensemos que son un problema solo del PP, en poco más de seis meses, después de un tiempo de hibernación, han pasado de extraparlamentarios a tercera fuerza política de nuestro país.
El pacto es un primer paso esperanzador pero al que habrá que sumar otros fuerzas algunas contradictorias con lo firmado. Nos referimos a los independentistass catalanes y singularmente a ERC cuya abstención parece necesaria para la investidura. Lo firmado con UP (más que nada una declaración de buenas intenciones que habrá que desarrollar) concreta que el dialogo sobre Cataluña se realizará dentro del marco de la Constitución, y esta no permite el secesionismo. A nuestro juicio, la necesidad de fuerzas no constitucionalistas es el mayor escollo para la concreción del pacto. Una parte de la derecha podría resolver esto con un rasgo de generosidad como el del PSOE con el PP permitiéndole gobernar con su abstención, pero es altamente improbable ya que, desde la transición, la derecha no ha tenido ningún rasgo de este tipo.
En definitiva, tenemos la oportunidad de configurar el primer gobierno de coalición progresista desde la II República acometiendo las reformas que nuestro país necesita y mejorando, dentro de un Estado Social y Democrático de Derecho, la calidad de vida de nuestro pueblo. Esperemos que los oscurantistas y los disgregadores no malogren el intento.