EL INDULTO

EL INDULTO

La hipótesis de conceder, por iniciativa del Gobierno, un indulto a los probables condenados por el llamado juicio sobre el proceso, ha originado numerosos comentarios. Los más controvertidos se han hecho en torno al tratamiento que tendría, desde la legalidad, la aplicación de tal medida de gracia, al margen de la valoración política de tal proceder.
Los aspectos sobre los que hay frecuentes comentarios entre los ciudadanos, que se reflejan en los medios de comunicación, son aquellos relacionados con la petición: ¿Quién puede solicitar el indulto? Y sobre el arrepentimiento de los condenados: ¿Sería preceptivo, para recibir la gracia del indulto, que los beneficiados con la misma manifestaran arrepentimiento por los delitos que fueron condenados?
La norma que rige la tramitación de los indultos es la ley del 28 de junio de 1870 “de Reglas para el ejercicio de la Gracia de indulto”. Ley que fue reformada por la Ley 1/1988 14 de enero, por la que se modifica la Ley de 18 de junio de 1870, estableciendo reglas para el ejercicio de la Gracia de Indulto.
Si las leyes deberían estar escritas con la claridad suficiente para poder ser entendidas por personas sin formación jurídica, en este caso se cumple tal recomendación y tras leer las dos normas mencionadas se deduce con facilidad que no es preceptivo que la solicitud de indulto la haga el condenado, y tampoco lo es que se requiera el arrepentimiento del que sufre la condena por los actos delictivos que cometió y por los que fue condenado.
Tan solo hay una referencia en relación al arrepentimiento, en el artículo 25 de la Ley de 28 de junio de 1870, y dice que el informe del Tribunal sentenciador, no siempre preceptivo en la tramitación del indulto y no vinculante, irán pruebas o indicios de arrepentimiento que se hubiesen observado.
Concluido el juicio por el proceso, en el Tribunal Supremo, ha resultado más que evidente, por las respuestas de los acusados, al ser interrogados y por sus alegatos finales, que ninguno de ellos ha manifestado que esté arrepentido de sus actos, supuestamente delictivos. Ha ocurrido todo lo contrario, dado que algunos de ellos no solo han manifestado que no habían cometido ningún delito y que volverán a intentar llevar a cabo iguales acciones cuando tengan la ocasión.
Llegaron, incluso, al extremo de amenazar a todo un país con las reacciones contrarias de los catalanes en masa. Se pronunciaron como si ellos tuvieran un derecho innato a sentirse superiores al resto de los españoles y todos los ciudadanos de Cataluña estuvieran bajo su control para llevar a término cualquier tipo de actos, aunque estuvieran fuera de la legalidad.
Cuanto se diga en estas fechas sobre sentencias y posible indultos, no pasan de ser hipótesis que solo el tiempo confirmará o no.
Ante los hechos del proceso que se juzgan por el Tribunal Supremo, cualquier ciudadano se puede preguntar si las normas que rigen los mecanismos para conceder la gracia del indulto se basan en la lógica que maneja la ciudadanía. Es decir: ¿Se puede conceder la gracia del indulto a un delincuente que no se arrepiente de haber cometido el delito por el que ha sido condenado, y que por añadidura amenaza con volver a cometerlo cuando tenga ocasión?
Que a tales preguntas respondan los poderes legislativo y ejecutivo de este país, los ciudadanos deberían estar atentos.

1 comentario en “EL INDULTO

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