EL IMPERIO BRITÁNICO Y EL BREXIT

EL IMPERIO BRITÁNICO Y EL BREXIT

Algunos historiados opinan que en Europa, a lo largo de su historia, solo ha habido tres imperios reales. El término grandilocuente de imperio se ha utilizado, con frecuencia, de forma inadecuada. Sirvan de ejemplos desde el imperio romano-germánico, pasando por los imperios napoleónicos o los imperios centrales.
Los únicos tres imperios según estos historiadores han sido el Imperio Romano, el Imperio Español y el Imperio Británico. Los tres creadores y divulgadores de grandes culturas que están muy por encima de las críticas de organizaciones sectarias de oblicuas intenciones basadas en ideas, no siempre bien argumentadas, y por supuesto ajenas al tiempo real.
Al Imperio Romano le dan una existencia de cinco siglos llegando a tener una extensión de 4.400.000 (cuatro millones cuatrocientos mil) kilómetros cuadrados.
Al Imperio Español le dan una existencia de cuatro siglos llegando a tener una extensión de 19.100.000 (diez y nueve millones cien mil) kilómetros cuadrados.
Por último el Imperio Británico al que dan una existencia de algo más de tres siglos, llegando a tener una extensión de 33.700.000 (treinta y tres millones setecientos mil) kilómetros cuadrados.
La caída del Imperio Romano de occidente sumergió a Europa en un periodo de oscurantismo extremo, con un retroceso extraordinario de la civilización europea, así fue toda la Edad Media. Hasta el año 1861 no se formó el Estado italiano actual, como reino, tras innumerables vicisitudes entre las que destaca los intentos de volver a la Roma clásica.
Tras la caída del Imperio Español la metrópoli se mantuvo pero en una profunda situación de decadencia, con una monarquía corrupta, enferma e incapaz de gobernar con la más mínima eficacia, así como sometida a la depredación de otros países. Guerras civiles y dictaduras completaron el desmadre nacional en su declive. La ciudadanía entró en una espiral de pesimismo extremo y derrotismo sobre el valor de su país, de su cultura y de las perspectivas de futuro. Afortunadamente tras la Constitución del 1978 y la integración en la Unión Europea se empezó a remontar tal estado de ánimo y a reconocer el valor de su historia y la herencia cultural inmensa, aunque aún perduran valoraciones significativas contrarias a la estimación de los españoles por su país. No les basta saber que el español es la segunda lengua del mundo y que en todas las valoraciones que hacen los organismos internacionales sobre el patrimonio cultural y artístico España está entre los tres primeros países del mundo.
A los británicos también les afectó dejar de ser un imperio. Ellos lo hicieron mejor que romanos y españoles y se inventaron la Mancomunidad de Naciones (LA COMMONWEALTH) en la que están integrados en la actualidad 53 países, algunos de ellos incluso tienen a la corona británica como la jefatura del Estado. Pese a tal invención, que indudablemente le ha proporcionado considerables beneficios, Gran Bretaña dejó de ser un imperio y las consecuencias de ello son evidentes. Es muy negativo para el país y sus ciudadanos que algunos de ellos piensen que pueden seguir siendo lo que fueron y deprecien formar parte de la Unión Europea, el espacio mejor del planeta para la vida del ser humano. Si los españoles cayeron en un estado de melancolía y pesimismo, los romanos prácticamente dejaron de existir, los británicos pretenden persistir como miembros de un imperio.
Tal comportamiento es un error que de no corregir pagaran a un alto precio. Ya lo pagaron españoles y romanos, y los británicos pagarán también, de seguir en su comportamiento y fuera de la UE, aunque por fortuna para ellos la civilización actual hará que la realidad sea menos dura que lo fue para los ciudadanos de los otros dos imperios tras su caída.