LA PAZ DEL PAPA FRANCISCO

LA PAZ DEL PAPA FRANCISCO

El Papa Francisco en una rueda de prensa, durante su viaje a Marruecos los pasados 30 y 31 de marzo, a preguntas de los periodistas sobre su posible viaje a España respondió que visitaría España “cuando haya paz”.
La respuesta es realmente difícil de interpretar, dado que nunca en la historia de España ha tenido lugar un periodo de paz y de bienestar tan prolongado como el que vivimos.
La opinión mayoritaria se inclinaba a que el Papa se refería a la cuestión catalana, pero si se piensa un poco, es posible que tal aseveración estuviera relacionada con la guerra que se libra, en nuestro país, contra los miembros de órdenes religiosas y el clero secular que durante un tiempo indefinido han abusado sexualmente de los niños españoles. Es decir la guerra contra el clero pederasta.
A estas alturas de los tiempos es difícil de entender que una institución con un patrimonio material inmenso y miles de millones de fieles, según sus propios cálculos, no se dedique a administrar sus asuntos y a atender a sus fieles, e intente intervenir en las cuestiones internas de los países cuando no se le invita a ello y se hagan declaraciones tan desafortunadas por su máximo representante.
La Edad Media y el Santo Imperio Romano-Germánico están afortunadamente muy lejos y el papel a desempeñar, en relación al poder temporal, para los líderes religiosos de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana es muy diferente al que ejercían entonces.
Es un hecho histórico que en España la Santa Madre tuvo una intervención activa en los asuntos de Estado del funesto siglo XIX, y especialmente en las tres Guerras Carlistas a favor de los nacionalistas.
Aunque los historiadores no se ponen de acuerdo en muchos aspectos de tales enfrentamientos, sí lo hacen en considerar como factores fundamentales en las tres guerras civiles: los independentismos vasco y catalan, el tradicionalismo que era en definitiva conservadurismo propio de los dos movimientos, los fueros y que ambos independentismos dieron a la Iglesia Romana un papel estelar. Es pues evidente que la relación con los movimientos independentistas con miembros de la jerarquía Católica se mantiene y pruebas hay de ello.
Resulta intolerable y hasta vergonzoso, en la actualidad, determinados comportamientos de miembros destacados de la Iglesia Católica.
Lo es que una tal Sor Lucia Caram, al parecer de origen argentino y destacada independentista catalana, fustigue en los medios sociales a los constitucionalistas y ataque al jefe de Estado, lo acuse de dar la mano a quienes las tienen manchadas de sangre y extraña coincidencia diga: “Queremos la paz” en relación a los independentistas.( según OK diario). A esta individua el gobierno autónoma catalán le ha concedido la Cruz de San Jorge.
Lo es, que el Papa nombre arzobispo de Tarragona a un tal Juan Planellas, uno de los curas reconocidos por ser radicalmente independentista y beligerante en tales ideas no precisamente religiosas. (Según los medios de comunicación: La Tribuna de España, Libertad Digital. . .)
Lo es, que el abad de Montserrat, José María Soler, continúe en su puesto después de haber reconocido que ha ocultado durante décadas abusos sexuales. Quizá lo mantienen por ser un reconocido independentista. (Información del Periódico)
Y con otros muchos casos se podría ampliar la lista del comportamiento inaceptable de miembros de la jerarquía de la Iglesia Católica en relación con el independentismo catalán.
Debe ser un deseo de todos los españoles de buena voluntad, que el Papa ponga un poco de orden en la “clerigalla” española y la guerra contra los pederastas del clero español termine con la derrota y condena de todos ellos. Así el Santo Padre podrá, entonces, visitar a una España en paz para satisfacción de sus fieles.

2 comentarios en “LA PAZ DEL PAPA FRANCISCO

  1. En mi opinión, conviene probablemente retomar en las distintas comunidades, religiones, partidos políticos, Estados, Federaciones de Estados…, y en la propia ONU y el mundo global -al Este y al Oeste, al Norte y al Sur- los Fundamentos de la Filosofía del Derecho -tema hegeliano y europeo-, con el fin de evitar totalitarismos de cualquier signo e imposiciones neocapitalistas conservadoras de corte elitista, que no favorecen en nada la democracia ni los valores de la libertad, la igualdad y la justicia. Por supuesto, no estaría nada mal que la Iglesia Católica empezara por sí misma, dada la cantidad de dogmatismos y contradicciones sectarias que tiene, así como la propia realidad jerárquica y estructuralmente injusta respecto a la igualdad, en contradicción con el sentido comunitarista anterior al dominio y el poder establecido desde siglos en el Vaticano.

  2. Como ya dijera Hegel, allá por 1821, el fundamento del Derecho es ser persona y tratar a los demás como personas. Lo difícil es llevar ese fundamento a la práctica.

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