¿A DONDE VAS, ESPAÑA?

¿A DÓNDE VAS, ESPAÑA?

En el contexto de cuanto acontece en Venezuela, cabría hacerse una pregunta de antaño: “¿Dónde estás, España? Que se remontaría a los tiempos de la Transición y de nuestra relación con Centroamérica, pero ahora, siendo parte de la Unión Europea, y, tras la declaración institucional del Presidente del Gobierno Pedro Sánchez (el 15 de febrero del año en curso), que nos convoca a elecciones generales el 28 de abril, parece más correcto preguntarse: “¿A dónde vas, España?”
Hace casi nueve meses, se pretendía avanzar, y de hecho se ha avanzado, en tres aspectos importantes: a) en un crecimiento económico respetuoso con el Medio Ambiente y con la creación de empleo digno más estable, respetuoso con los mayores y atento a las exigencias de la juventud; b) la reconstrucción del Estado de Bienestar, dando prioridad a la conjunción de libertad e igualdad, salud universal, educación y servicios sociales; y c) reforzar las instituciones democráticas y respetar la división de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial.
¿Qué ha ocurrido? Pues que, a pesar de la mano tendida al diálogo respecto a las tendencias catalanistas, se ha producido un bloqueo parlamentario, es decir, del legislativo, respecto de unos presupuestos con sensibilidad más social y que, sin embargo, no han sido apoyados por los distintos grupos representativos de las diversas opciones políticas. ¿Por qué? Porque, salvo excepciones contadas, se prefería que el Presidente salido de la moción de censura (conforme al art. 113 y 114 de la Constitución) se viera en su escasa representación parlamentaria y, previa deliberación del Consejo de Ministros, asumiera la responsabilidad de proponer la disolución del Congreso y del Senado, para de inmediato fijar fecha de elecciones (a tenor del art. 115 de la Constitución).
Ante lo ocurrido, a partir de mediados de febrero, procede volverse a preguntar lo anteriormente formulado: ¿Hacia dónde vas, España?
En el parto de los últimos nueve meses hemos vivido una especie de “espejismo”. La escasez social desértica, los recortes económicos y la necesidad de un poco de agua para aliviar la andadura, nos hizo vislumbrar un oasis que, de pronto, nos remite a un horizonte más lejano. La España de la próxima década, de una nueva generación, y de un renovado bienestar socialdemócrata pasa a ser ese nuevo horizonte, alcanzable pero distante todavía del punto en el que nos encontramos. ¿Qué debemos hacer? Volvernos atrás, de donde veníamos ya fatigados, o seguir avanzando, desde positivas sensaciones presentes hacia la España en la que creemos, una España europea, una España abierta al diálogo y a las relaciones internacionales, desde lo alcanzado, es decir, desde un Estado Social y Democrático de Derecho consolidado en sus instituciones y en su separación de poderes, que pueda ser referente para el conjunto de América Latina y para quienes amen de verdad la cultura iberoamericana e hispanoamericana, así como el desarrollo económico integral que garantice una digna calidad de vida.
Como indica el artículo 6º de la Constitución Española, los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Pero su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la Ley. Es más, su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.
España, pues, debe continuar progresando, desde la tolerancia y el respeto, desde la moderación y el sentido común, excluyendo desde el sentido constitucional políticas de crispación y violencia o de intimidación de la ciudadanía. Necesitamos avanzar. La brújula la tenemos en el Preámbulo de la propia Constitución.
¿Qué es lo que necesitamos para seguir avanzando?
Necesitamos de la cohesión social y de la cohesión territorial para conservar y preservar la unidad de España. Necesitamos garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución.
Necesitamos seguir consolidando el Estado de Derecho y proteger a toda persona española, a toda persona, a todos los pueblos de España, a todos los pueblos, y necesitamos promover el progreso económico y cultural, propios de una sociedad democrática europea y avanzada.
Finalmente, necesitamos colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación internacional entre todos los pueblos de la Tierra. Ese es nuestro horizonte constitucional.
No se nos olvide: España, como Estado Social y Democrático de Derecho propugna los valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Los poderes del Estado emanan del pueblo español en quien reside la soberanía nacional (ver art. 1º, 1 y 2). ¡Nunca más tendencias totalitarias!

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