EL CARISMA DE UN VETERANO POLÍTICO

EL CARISMA DE UN VETERANO POLÍTICO

Con motivo de la crisis desatada en Venezuela con la decisión de la Asamblea Nacional, elegida democráticamente por los ciudadanos, de nombrar a un presidente de la República de acuerdo con el contenido de su Constitución, se desataron todo tipo de comentarios con las opiniones más diversas. Unas a favor del presidente nombrado por la Asamblea Nacional, otras en contra y algunas sin posicionarse con claridad.
Lo cierto es que a los españoles, junto a la opinión sobre la elección del presidente, no les llegaron, en los primeros momentos, unas explicaciones lo suficientemente claras y fundamentadas del hecho, que les permitiera situarse en una posición basada en la razón y sostenida por la legalidad.
Algunos medios hablaron de un presidente autonombrado, como si se lo hubiese hecho por medio de un golpe de Estado.
Las explicaciones de la mayor parte de los políticos, los que lo hicieron, fueron insuficientes.
Es de justicia valorar como se merece las declaraciones que hizo a los medios de comunicación, en su primera intervención, el presidente Felipe González. Tras escucharlo era fácil entender que el presidente Juan Guaidó lo era dentro de la legalidad, pues cuanto hizo para su nombramiento estaba amparado por la Constitución de Venezuela y se podía decir que la Asamblea Nacional venezolana estaba obligada a seguir ese comportamiento.
En los últimos tiempos han surgido opiniones, que han recogido algunos medios de comunicación, muy críticas contra el que fuera presidente del gobierno de España cerca de catorce años. Lo hacen como si un responsable político que los ciudadanos eligieron como presidente de gobierno, con una mayoría aplastante en unas elecciones democráticas, tuviera que vivir como un anacoreta cuando terminara su vida política y atenerse a las opiniones de determinados sectores de una supuesta progresía, entre la que se incluyen algunos miembros del PSOE.
Los críticos olvidan que los españoles lo hicieron responsable de gobernar un país en circunstancias próximas a la descomposición y al retroceso, carente de un Estado de Bienestar, fuera de las instituciones europeas y cuando la renta per cápita de los españoles rondaba los cinco mil dólares y en Francia era más de diez mil.
Los gobiernos del presidente González transformaron a España consolidando la democracia y un Estado de Bienestar, integrándola en las organizaciones europeas y recuperando la posición que le corresponde en el mundo hispánico y en el concierto de las naciones.
Cuando dejó el gobierno, al perder unas elecciones generales por la mínima; ciento cuarenta y un diputados; la democracia estaba asentada en el país y la renta per cápita era superior a los diez y seis mil dólares es decir había multiplicado por más de tres la que tenía el país cuando comenzó a gobernar. En Francia era de veinte y seis mil.
Es aceptable reconocer que, en un periodo tan amplio como presidente, los gobiernos de turno también bajo su responsabilidad cometieron errores de consideración, especialmente en el último periodo de su mandato.
Dada la situación por la que pasa el PSOE y con él la socialdemocracia en España, se echa de menos un político con la suficiente calidad para presidir un gobierno progresista que devuelva a España a la línea que marcaron aquellos políticos.