PRO RELACIONES INTERNACIONALES DE PAZ

Evitar las guerras, prevenir que las naciones fuertes opriman a las débiles, y promover el codesarrollo responsable solidario pueden considerarse tres objetivos claros en la construcción de una Nueva Comunidad Humana. Pero… ¿somos capaces de caminar en ese sentido en nuestro contexto histórico actual?

En España, hace ya cuarenta años, se estableció democráticamente el deseo de establecer la justicia, la libertad y la seguridad, garantizando la convivencia conforme a un orden económico y social justo; se consolidó un Estado de Derecho para proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones; se expresó claramente la voluntad de promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a toda persona una digna calidad de vida; y se estableció una sociedad democrática avanzada para colaborar también en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra.

Hoy, conviene tomar conciencia del mundo como realidad global y ver si, como Estado Social y Democrático de Derecho, podemos aportar a la Comunidad Humana aquello que se consideraba como los valores superiores de la Constitución Española (del 6 de diciembre de 1978), es decir: la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político, a lo que conviene añadir, en estos momentos, el sentido de la interculturalidad y la defensa de la dignidad de toda persona humana, así como la exigencia de conservar un medio ambiente adecuado para el desarrollo armónico de nuestra Casa Común que es el planeta Tierra.

¿Estamos en condiciones de transmitir fortaleza y esperanza?

Sin duda, el afán desmesurado de poder y el pugilato entre quienes lo ostentan, el afán capitalista del tener y sus magnates financieros – sin olvidar a los medios de comunicación- han sido y siguen siendo causas del imperialismo moderno y postmoderno. Pero… ¿cómo lograr que no se acumule en manos de pocos el poder, el dinero y los medios de comunicación? ¿Acaso no son los seres humanos naturalmente competitivos, codiciosos y, en mayor o menor grado, aguerridos?

Como ya advertía Bertrand Russell, tratando estos temas en Caminos de Libertad – del tiempo de entre guerras-: “No hay ninguna fórmula mágica que transforme el odio en armonía universal”. Pero se puede entender que las guerras son más destructivas que rentables, y que es preferible la cooperación internacional al sometimiento, el dominio y la esclavitud o la exclusión de las comunidades más débiles y necesitadas.

Los mismos convenios internacionales, para prevenir las catástrofes, necesitan de un nuevo talante, de actitudes éticas, intelectuales y práctico-prácticas distintas a las que estamos habituados a ver en las relaciones internacionales de corte colonial, dictatorial o absolutista. En este punto, la Educación es clave en el desarrollo de la solidaridad internacional y el codesarrollo, ya sea en el África Ecuatorial, en América Latina, en Rusia, en la India, en China, en EEUU, o en Europa…

Lo primero y principal será, pues, hacer un correcto diagnóstico para analizar las causas que dificultan en gran manera el que se construyan relaciones internacionales de solidaridad y no se destruyan unos pueblos a otros, como vemos hoy en nuestro mapa-mundi. ¿Acaso no se podría ir creando un sistema social, político y económico, de mayor justicia distributiva que fomentara el grado de bienestar necesario para el conjunto de la Humanidad? Ese es nuestro ideal, esa es nuestra esperanza.

Decía el liberal, y a la vez liberador, Bertrand Russell los años de 1917 y 1918 que la felicidad de todos aquellos que no sufran alguna desgracia en particular resulta algo tan posible como imperativo. Desde entonces…, ahí estamos frente a las dificultades y las tragedias o el malestar de nuestras culturas.

Necesitamos conjugar justicia distributiva, desarrollo solidario, libertad e igualdad, enriquecidos con la reivindicación del bienestar y un mayor “goce de vivir”. Necesitamos cambiar de mentalidades ancladas en el pasado ideológicamente cerrado o partidista. Nuestra propia experiencia histórica puede ser maestra para una nueva vida.

España puede desplegar, por medio de su lengua y su cultura, toda una labor diplomática mundial en pro de las relaciones internacionales solidarias ya sea en Marruecos o en Gibraltar, en Latinoamérica o en Japón, en el África Negra, en Asia, en Oriente Medio, y en los propios Estados Unidos –donde el mundo hispano tendrá en un futuro próximo mucho más peso específico que el actual-. Pero, previamente, tendremos que fortalecer nuestro propio Estado Social y Democrático de Derecho, aunando renovados esfuerzos en cumplir objetivos trazados y ampliarlos a las exigencias del mundo global presente.

En vez de estar continuamente guerreando, tal vez convenga retomar ad intra el artículo 9,2 de la Constitución Española:  Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impiden o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.

Ad extra, nuestro Preámbulo es muy claro: establecida una sociedad democrática avanzada, hay que colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra.

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