EL RUIDO EN LOS PARQUES DE SEVILLA

EL RUIDO EN LOS PARQUES DE SEVILLA

El ruido es un contaminante físico del medio ambiente que los técnicos definen como contaminación acústica.
El ruido lo genera generalmente el hombre y se disponen de instrumentos, sonómetros, para medir sus niveles. La unidad de medida relativa es el decibelio (dB).
Los límites de niveles de ruido, dados en estas unidades, que pueden ser perjudiciales para la salud y para el bienestar de los ciudadanos están definidos por la Organización Mundial de la Salud.
El ruido generado en los puestos de trabajo puede ser causa de enfermedades de tipo profesional como la sordera, pero el generado en los medios urbanos también puede incidir sobre cualquier ciudadano afectando a su equilibrio síquico y fisiológico, siendo incluso provocador y causa de determinadas enfermedades.
España ocupa, entre todos los países del mundo, el segundo lugar como el más ruidoso, detrás de Japón, según los datos de la National Academy of Sciences Report.
Madrid ocupa el número cuatro, entre las ciudades más ruidosas del mundo y es, en consecuencia, la ciudad más ruidosa de España; le sigue Barcelona y después, en tercer lugar, está Sevilla. En algo la capital de Andalucía está a la cabeza de una clasificación.
Para controlar la generación de ruido en los centros de trabajo y en los medios urbanos de este país se ha actuado como siempre, se ha legislado a todos los niveles, y por todos los órganos del Estado con capacidad para hacerlo. Desde los órganos legislativos centrales del Estado, a los de las Comunidades Autónomas y de los municipios de las distintas Provincias (leyes, decretos, órdenes, reglamentos, ordenanzas…).
Las normas elaboradas en nuestro país han sido como siempre tan completas, complejas y exigentes, que, por desgracia, son difíciles de interpretar y en consecuencia su aplicación ha resultado, también, como siempre, muy difícil y limitada.
La consecuencia, de tal proceder, es la permanencia en la posición mencionada que ocupa el país y sus principales ciudades en la clasificación Internacional por contaminación acústica.
Vista una valoración muy elemental del ruido en España y sus ciudades, es el momento de hacerlo del tema puntual que menciona el título del artículo, sobre la contaminación acústica en los Parques de la ciudad de Sevilla.
Como consecuencia del ruido generado por las herramientas utilizadas en las labores de jardinería y limpieza en los parques y jardines de esta ciudad, Sevilla – tal como ocurre también en Madrid-, los aparatos atronadores se convierten, con frecuencia, en una especia de martirio para las personas que los visitan o pretenden permanecer en ellos para disfrutar del frescor, tan necesario en estas fechas, y de la maravillosa fragancia de parques y jardines que tiene la capital andaluza.
Así sería si no fuera por el ruido, en extremo desagradable, para las personas y dañino para los trabajadores de jardinería que generan algunas de las herramientas que manejan. Entre todas ellas hay una especialmente significativa por su pertinaz e insoportable ruido. Se trata de una especia de soplante con la que cargan los supuestos jardineros, condenados a la sordera profesional, para mover hojas secas y demás residuos generados en parques y jardines. Es posible que el rendimiento de este material sea muy alto y que los responsables municipales hayan decidido su utilización por tal razón, pero sería mucho más razonable que los jardineros volvieran a utilizar el riego y las tradicionales escobas para proteger su salud y permitir que los ciudadanos disfruten de sus parques y jardines sin el martirio de la contaminación acústica.
El gobierno municipal de esta ciudad debería tomar nota, y liberar a los maravillosos parques y jardines de Sevilla de artilugios ensordecedores que, además, reducen automáticamente la mano de obra.

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LOS INCENDIOS FORESTALES UNA CONSTANTE HISTÓRICA

LOS INCENDIOS FORESTALES UNA CONSTANTE HISTÓRICA

Cada año llega el verano, con él las altas temperaturas y ¿cómo no? los incendios forestales.
Cada año, también, se repiten idénticas valoraciones de las mismas organizaciones medioambientalistas y políticas. Lo hacen además como si el hecho de que ardan los montes sea inédito en este país.
Unos tratan sobre el abandono de las zonas rurales por el hombre e insinúan, como si estuviéramos en uno de esos países totalitarios a los que ellos tanto admiran y añoran, la necesidad de repoblarlos aunque fuera a la fuerza. Cuando lo cierto es que un altísimo porcentaje de los incendios están provocados por los hombres con la intención de hacer daño o por determinados intereses inconfesables. Los pueden llevar a cabo por venganza, por intereses económicos de todo tipo, aunque el más lucrativo como es la recalificación de terrenos legalmente ya está prohibido, o sencillamente porque son mentes criminales que disfrutan con ese tipo de acciones con las que, además de destruir las masas forestales -un bien inestimable de la naturaleza-, ponen en peligro vidas ajenas a veces con resultados mortales.
Algunas opiniones insidiosas, que van por un extraño camino de la nostalgia, dicen que con el dictador no había incendios. Los partidos políticos desde la oposición critican a los que gobiernan, reprochándoles falta de medios humanos y materiales, de planificación deficiente, de ineficacia. Lo cierto es que en la actualidad se disponen de más recursos de todo tipo que nunca, tanto para la prevención de lo incendios como para luchar contra el fuego.
Es cierto, también, que faltan condenas contundentes de los provocadores de incendios, por la sencilla razón de que son pocos los implicados detenidos y juzgados con pruebas suficientes contra ellos para condenarlos.
Tras lo dicho es importante recomendar la lectura de algunos trabajos que tratan sobre los incendios en este país para entender que los fuegos forestales se remontan a tiempos muy lejanos. Una obra digna de leer es: Los incendios forestales a través de la historia: Pervivencias y cambios en el uso del fuego en el noroeste peninsular, obra de Luis Guitián Rivera.
De este trabajo se recogen a continuación varias citas para dar una idea al lector de la antigüedad de los incendios forestales en nuestro país:
Ya el Fuero Juzgo del año 634, la primera recopilación legal española, hacía alusión al problema del fuego refiriéndose en dos de sus artículos a “los omes que queman monte” o “los que van carrera é fazen fuego” (Libro VII, Titulo II)
El Fuero Real de Alfonso X de 1235 recoge tales cuestiones. El Fuero de Santiago de 1252 ordenaba “que nenguen ponga fuego para quemar los montes, et a los que lo fallaren faciendo, quel echen dentro”.
En 1778 Raimundo Ibáñez se preguntaba: ¿A qué parte arrojaremos la vista en que el fuego repetido de 6 en 6 años por una reprensible é inveterada costumbre no haya llevado a un punto final de desolación.
En el siglo XVIII aparecen textos históricos sobre fuegos intencionados como protesta y venganza por la intervención de la Administración en el aprovechamiento de los montes.
Estas citas no pasan de ser referencias elementales de los fuegos forestales, pero deben dar una idea de que es una entelequia exigir a los responsables, sea cual sea su signo político, que deje de haber incendios en los montes de este país. Otra cuestión es actuar con la rapidez y los medios técnicos necesarios para que éstos sean lo menos dañinos posibles.
Lo más importante es controlar a los provocadores de los incendios bien sea por descuidos al quemar rastrojeras, matorrales o pastos, con vista a un mejor aprovechamiento de la explotación de la tierra y también por actividades lúdicas.
Son, sin duda, aquellos que lo hacen por placer, por venganza, o por hacer daño, o por intereses propios de explotaciones y beneficios inconfesables, los que deben ser perseguidos y recibir castigos ejemplares.
El patrimonio natural es la base primera y principal de todo nuestro patrimonio histórico.

EL EMBROLLO ENÉRGETICOL III

EL EMBROLLO ENÉRGETICO III

Sobre el embrollo energético nacional se podría escribir todo un tratado. Senatus Trianae se ha limitado a abordarlo en tres breves artículos para intentar dar a sus lectores una idea sobre tal realidad, aunque probablemente muchos de ellos conozcan la materia más a fondo.
Este tercer artículo tratará sobre el carbón como fuente de energía en España.
El carbón nacional tuvo la mejor época de su historia durante la posguerra pues fue la fuente de energía más importante de la que disponía el país, dado que la capacidad para traer productos energéticos del exterior estaba muy limitada. Otra consecuencia del aislamiento internacional al que sometieron las democracias al gobierno de la dictadura.
El carbón se utilizaba durante ese periodo en los hogares para calentarse y para cocinar, era la fuente de energía eléctrica más importante junto a la hidráulica, y la base del principal medio de transporte de la época, el ferrocarril, con sus máquinas de vapor.
La explotación minera del carbón en España está subvencionada desde el siglo XIX, pues ha sido siempre más rentable traerlo de terceros países. Tal es la valoración de los expertos desde el punto de vista energético, ya que éstos cifran la diferencia como importante. Los datos de referencia los sitúan, aproximadamente, en 4.500 termias por tonelada el nacional, y 6.000 termias por tonelada el importado, (una termia equivale a un millón de calorías).
Condiciona también la rentabilidad del carbón nacional las dificultades técnicas que arrastra su extracción por las características geológicas de los mantos.
La mano de obra era también un factor determinante para mantener subvencionadas las explotaciones nacionales del carbón, principalmente en Asturias, Aragón y las dos Castillas, aunque también había minas en Andalucía y otras regiones de España. El número de trabajadores ha ido disminuyendo desde los 100.000 en 1950, a 45.000 en 1980 y en torno a 5.000 en la actualidad.
Las subvenciones están aún vigentes, aunque en la actualidad en torno al 80% de los veinte millones de toneladas que consumen las diecisiete centrales térmicas de carbón que están en funcionamiento, a lo largo y ancho del país, y que generan aproximadamente el 7% de la energía eléctrica que consume España, vienen del exterior. Los países de donde se importan las mayores cantidades son Indonesia, Rusia, Colombia y Sudáfrica.
El consumo de carbón en centrales térmicas españolas es una cantidad poco significativa, está en torno a las veinte millones de toneladas al año, frente a más de cinco mil millones de toneladas de carbón que se consumen en la actualidad en el mundo cada año.
El carbón como fuente de energía eléctrica en Europa está muy próximo a su final.
La razón está en motivos medioambientales relacionados con la contaminación del aire, aunque desde el punto de vista técnico hay capacidad para capturar el dióxido de carbono que se genera en las centrales térmicas. No obstante el año 2010 la Unión Europea decidió que, a partir del año 2018, ninguna mina de carbón que no fuera rentable estaría en explotación en los países de la Unión, puesto que no se podrá subvencionar (Decisión 787/2010 UE).
Esto quiere decir que se acabaron las subvenciones en España a la extracción del carbón a partir del año 2018, lo que significa que cerrarán todas las explotaciones. Para completar tal decisión de la UE el actual gobierno español ha dado como fecha orientativa, en vistas al cierre de todas las centrales térmicas de carbón, en torno al año 2025.
Salir del embrollo energético que soporta este país no es fácil.
La cuestión está en saber qué criterios se impondrán en el futuro para intentar “desfacer la situación actual”, aunque es de temer que la alternativa no será la más favorable para la mayoría de los ciudadanos.