LA BRECHA DE LA SOCIEDAD CATALANA

LA BRECHA DE LA SOCIEDAD CATALANA

La brecha originada en la sociedad catalana, supuestamente por los acontecimientos políticos de no se sabe cuantos años, aunque es de suponer que muchos, muchísimos, o al menos desde la crisis económica y los recortes de la Administración General del Estado, es un tema recurrente, tratado y comentado por todo tipo de profesionales y por la ciudadanía en general.
Se trata el tema como si fuera un caso único, peligroso, sin solución y que ennegrece el futuro, a medio y largo plazo, no sólo de Cataluña sino de todo el país, y con influencias incluso sobre otros países de Europa. Es así, al parecer, porque ocurre en Cataluña el “ombligo” del universo mundo para los nacionalistas catalanes independentistas deseosos de la secesión efectiva.
La pregunta al respecto es: ¿Qué sociedad constituida sobre principios democráticos es en la actualidad de pensamiento único y sus ciudadanos forman un bloque monolítico sin enfrentamientos dialécticos internos de todo tipo, y en grados diferentes?
El bipartidismo, que constituye de por si dos bloques enfrentados, a veces muy enfrentados, está por desgracia en crisis, aunque retornará, y las opciones políticas son temporalmente muy numerosas y dispersas. En consecuencia más bloques enfrentados, pues no sólo en España hubo problemas para formar gobierno tras las últimas elecciones generales, también tienen dificultades Alemania, Austria, Holanda; las tuvo Portugal y Bélgica y en un futuro próximo es posible que lo tengan más países en la UE porque las sociedades están muy fragmentadas, nos guste o no la dimensión económica de la realidad es muy determinante en todo tipo de conflicto, aunque también pesen aspectos culturales, ideológicos, sociales y políticos.
Los problemas de entendimiento entre miembros de familias, de grupos de amigos e incluso de asociaciones culturales y deportivas o de cualquier otra índole, por posicionamientos políticos enfrentados de sus miembros, ni son exclusivos de la sociedad catalana ni son nuevos, aunque en ésta puedan ser más agudos. De hecho, desde hace tiempo, es frecuente en toda España que en algunas familias numerosas, y en pandillas de amigos, el acordar cuando se reúnen para cualquier tipo de celebración, no hablar de política, para impedir enfrentamientos que rompan la armonía entre los reunidos.
Resulta evidente que tal fenómeno ni es nuevo, ni es grave, ni alumbra un futuro negro. Es propio de una ciudadanía en libertad en sus términos más genéricos, y así continuará siendo en las sociedades democráticas. Es posible que en Cataluña hayan fermentado, en tales enfrentamientos, sentimientos de odio por parte de algunos nacionalistas pero por tal razón, es aún más necesario el imperio de la ley.
Lo intolerable, con consecuencias funestas, es que una minoría social se haga con el poder y, además de incumplir con la ley, lo ejerza para castigar, humillar, marginar, someter, controlar y realizar otras lindezas contra los ciudadanos que no comparten determinas principios que ellos elevan a la categoría de dogmas. Es lo que pasa en Cataluña y, por tal razón, aplicar las leyes para romper con tal situación es además de necesario, conveniente. Sus efectos serán no sólo beneficiosos para la parte sometida sino para toda la sociedad española y catalana y si el Estado mantiene el imperio de la Ley, pronto se verán los efectos.
En un Estado de Derecho las leyes son de aplicación para todos los ciudadanos, y una de las más importantes consecuencias de su aplicación es la defensa de los débiles frente a los fuertes porque todos están sometidos a la legalidad.
En Cataluña el imperio de los fuertes, los nacionalistas, montados en los principios que sustentan tales ideologías, al intentar diferenciarse de los demás por una superioridad genética, económica, cultural y cuantas ocurrencias pasen por esas mentes calenturientas, a veces nefastas, los ha llevado a saltarse todas la leyes para subyugar no sólo a toda la sociedad catalana sino a que se supedite a sus decisiones el resto de España. Por supuesto que aducen, los independentistas, razones económicas de crisis motivada por la Administración General del Estado –con su centro en Madrid- y por los recortes en el Estado del Bienestar, las inversiones en infraestructuras y especialmente en el aplazado sine die corredor del Mediterráneo. Pero esos y otros argumentos no hacen sino enmascarar un golpe secesionista en el contexto jurídico del marco constitucional.
Sin duda, el acuerdo de los partidos constitucionalistas para aplicar la ley y retornar al Estado de Derecho, es un paso a favor de que los débiles vuelvan a estar protegidos por la legalidad.
Es lógico que los partidos nacionalistas no estén a favor de tales medidas. En cuanto a ese conjunto de confluencias que intentan formar un partido político con el nombre de Podemos, que están también en contra del imperio de la ley, pueden pensar poco porque al parecer siguen buscando dónde está su lugar -si más próximos a Pancho Villa o a José Stalin-.
La llamada brecha catalana no pasa de ser una huella más de las muchas que marcan y separan a los miembros de la especie. Conviene, pues, desdramatizar y retomar los temas de fondo una vez que las aguas vuelvan a su cauce, sin ello será sumamente difícil transformar la sociedad y la propia comunidad positivamente, mirando el presente y el futuro del momento histórico actual.

1 comentario en “LA BRECHA DE LA SOCIEDAD CATALANA

  1. Lo importante ahora, tras el fracaso del entendimiento político sobre la cuestión catalana, es que Jueces y Magistrados, integrantes del Poder Judicial (ver el Título VI de la Constitución Española), sean profesionales responsables, independientes y sometidos únicamente al imperio de la Ley.

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