EFEMÉRIDES CATALANAS

EFEMÉRIDES CATALANAS

Las referencias históricas, hechas símbolos, del independentismo catalán son dignas de comentar. Representan, sin duda, la base de los sentimientos nacionalistas que someten a la razón aunque carecen de la solidez, trascendencia y positivismo que pretenden asignarle los más fanáticos de los independentistas. Es así, tanto por el valor de los mismos como por su contexto histórico y social.
Con el día Nacional de Cataluña, la Diada, se conmemora la caída de Barcelona, el día 11 de septiembre de 1714, en poder de las tropas favorables a la Casa de los Borbones en la guerra de sucesión. En esta contienda participaron las potencias europeas movidas por sus intereses expansionistas, unas favorables a la Casa de Austria y otras a la de los Borbones, con el fin de designar un monarca para España.
Cataluña era favorable a la Casa de Austria, aunque no todos los ciudadanos lo fueran, y lo mismo ocurría en el resto de España a favor de la Casa de los Borbones.
Fue Rafael Casanova, máxima autoridad militar y política de la ciudad, y abogado de profesión, quien entregó Barcelona a los enemigos. Pero éste fue exonerado de cargos en virtud del perdón real, con lo que volvió a ejercer como abogado.
En definitiva en el día Nacional de Cataluña se celebra una derrota, se tiene como héroe a quien rindió la plaza al enemigo y después fue perdonado para volver a su actividad profesional.
El himno oficial de Cataluña, los segadores, está inspirado en una canción nacida en 1640, aunque su letra es de 1899 y su música de 1892. En 1640 tuvo lugar la sublevación de campesinos y segadores, llamada del Corpus de Sangre. La promovieron la burguesía y la aristocracia catalanas, aunque después fueron también víctimas de los sublevados contra el ejército español, estacionado en Cataluña en relación a la guerra de los treinta años. A lo largo de doce años que duró la llamada guerra de los segadores tuvieron lugar infinidad de acontecimientos: se proclamó la Republica Catalana, Cataluña pasó a formar parte de Francia, el rey francés Luis XIII se declaró conde de Barcelona y, al final, Cataluña volvió a formar parte de España.
Después de tantos años, además del daño causado a los intereses del país, a nivel europeo y de su imperio, se perdió para España, y por lo tanto para Cataluña, a favor de Francia el Condado del Rosellón. Otro gran éxito a celebrar por el nacionalismo catalán.
La sardana actual, -la cumbre más popular del folklore catalán,- fue compuesta por un andaluz, José María Ventura Casas nacido en Alcalá la Real, provincia de Jaén, el 2 de febrero de 1817.
Tampoco se pueden dejar de tener en cuenta los homenajes que se le hacen a quien fuera presidente de la autonomía catalana, durante la Segunda República, haciendo una interpretación completamente interesada de la historia.
El presidente de la autonomía catalana Luis Companys proclamó el Estado Catalán el 6 de octubre de 1934, fue un acto fuera de la legalidad contra la Segunda República. Acabó con la sublevación el general Batet, lo que originó derramamiento de sangre con víctimas mortales. Companys fue condenado por el Tribunal de Garantías Constitucionales de la Segunda República a 30 años de reclusión mayor e inhabilitación absoluta. El gobierno del frente popular lo amnistió, para desgracia de la República, pues volvió a presidir la autonomía catalana y en unión de las anarquistas prestaron un servicio inestimable para obstaculizar al gobierno republicano de Madrid y facilitar así a los militares golpistas ganar la guerra civil.
Es cierto que los nacionalistas alemanes (Nazis) entregaron al nacionalista catalán a los nacionalistas españoles (dictadura franquista) y éstos lo fusilaron sin un juicio con las mínimas garantías. Pero es evidente que, en este caso, los independentistas catalanes vuelven a celebrar un acto de perdedores.
Está dentro de lo posible que en el futuro los independentistas catalanes celebren también la condena por los tribunales de justicia del que es en la actualidad presidente de su Comunidad Autónoma.
Ante los hechos comentados, que los independentistas catalanes celebran con un fervor a un paso del fanatismo, es fácil comprender que estén empapados de victimismo y de acuerdo a tal sentimiento se comporten, aunque al hacerlo se predisponen a sumar nuevas derrotas a la lista de sus celebraciones, para mal de Cataluña y del resto de España.
¿Acaso no sería posible celebrar otro tipo de efemérides, en positivo, como lo fueran los Juegos Olímpicos del 92?

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