LA DEUDA PÚBLICA DE LAS AUTONOMIAS

LA DEUDA PÚBLICA DE LAS AUTONOMIAS

Sobre la capacidad de contraer deuda pública por parte de las Comunidades Autónomas hay diferentes opiniones por parte de los especialistas. La Constitución del 78 en su artículo 149 atribuye competencia exclusiva al Estado sobre la deuda que él mismo emite. También da capacidad, articulo 157, a la Comunidades Autónomas para llevar a cabo operaciones de crédito siempre reguladas por el Estado pues, en definitiva, las deudas contraídas por las Comunidades Autónomas forman parte de la deuda del Estado Español.
Al margen de las opiniones de los especialistas, lo cierto es que todas las Comunidades Autónomas han contraído deudas, que se han acrecentado durante la crisis y que el Estado ha tenido que ponerles límite, aunque algunas -entre las que figura Cataluña- estarían dispuestas a superar estos límites pero no pueden hacerlo porque no hay, en la actualidad, entidades, en los mercados, dispuestas a concederle crédito.
La Deuda de las Comunidades Autónomas es según EXPASIÓN la recogida en el cuadro siguiente:

Deuda Trimestral: Comparativa CCAA I Trimestre 2017
CCAA…………Millones €…… Per capita €…… % PIB
Total……………279.264……………………………..
Andalucía [+]……..32.462…………3.860…………21,60%
Aragón [+]…………7.671…………5.824…………21,90%
Asturias [+]……….4.232…………4.092…………19,30%
Cantabria [+]………2.877…………4.948…………22,70%
Castilla y León [+]..11.288…………4.634…………20,20%
Castilla La Mancha [+]14.016………..6.869…………36,50%
Canarias [+]……….6.905…………3.204…………16,00%
Cataluña [+]………75.443………..10.139…………35,20%
Extremadura [+]…….4.223…………3.918…………23,60%
Galicia [+]……….11.582…………4.273…………19,80%
Islas Baleares [+]….8.745…………7.599…………30,40%
Murcia [+]…………8.302…………5.636…………28,80%
Madrid [+]………..31.667…………4.890…………14,90%
Navarra [+]………..3.676…………5.740…………19,10%
País Vasco [+]…….10.511…………4.849…………15,10%
La Rioja [+]……….1.553…………4.966…………19,10%
C. Valenciana [+]….44.111…………8.938…………41,50%
Cataluña tiene la deuda más alta en cantidad y Valencia en porcentaje sobre el producto interior bruto de la Comunidad. La deuda de Cataluña supera la cuarta parte de la deuda total de todas las Comunidades Autónomas. La deuda de Andalucía está en la franja baja en el conjunto de las Comunidades y, en relación con Cataluña, se sitúa por debajo de la mitad de ésta, aunque tiene un millón de habitantes más.
De estas comparaciones se pueden hacer algunas deducciones, tales como que Andalucía ha sabido administrar mejor sus recursos que Cataluña, que ésta al parecer ha malgastado recursos hasta el punto que los prestamistas no le dan ya más crédito, y también que ha sometido a su población a una mayor austeridad, sin olvidar que los ingresos del gobierno catalán, mediante los impuestos que cobra directamente, son mayores que los del gobierno andaluz.
Dicho lo dicho, ¿por qué razón debe condonar la deuda catalana el Estado? ¿Quizá para que los independentistas puedan acceder de nuevo al mercado de deuda y se pueda entrampar más a costa del Estado, es decir a costa de todos los españoles? ¿Quizá para concederle a los independentistas más recursos para hacer frente al resto del Estado? ¿Quizá para hacer posible lo imposible, es decir que los independentistas renuncien a la independencia?
Se pueden hacer más preguntas, pero la explicación debe darla el político que ha hecho la propuesta, con la cual es difícil que puedan estar de acuerdo, en ningún caso, los andaluces.
Con posterioridad a propuesta tan demencial se ha intentado corregir el error hablando de condonación de deudas a todas las Comunidades Autónomas, pero tal paso no es valido porque no puede eliminar la primera propuesta, hecha con una candidez incalificable.
Es imprescindible que el declarante de una explicación, en profundidad, a todos los españoles.

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NEGOCIAR ¿QUÉ SE PUEDE NEGOCIAR?

NEGOCIAR
¿QUÉ SE PUEDE NEGOCIAR?

En la situación por la que pasa el país con la actitud de los independentistas de Cataluña, un despropósito más de una serie que parece no tener límites, hay medios de comunicación y algunos componentes de fuerzas políticas que insisten en aseverar que la única salida a tan complicada y, en ocasiones, demencial situación es la negociación.
Resulta difícil intentar una negociación cuando se trata una realidad irracional propiciada y llevada hasta el absurdo y el encono por una minoría, que se ha degradado hasta dejar de respetar la ley y constituirse en “movimiento social” de presión permanente.
Una situación similar únicamente se puede ubicar en movimientos antidemocráticos, más propios de contextos históricos de siglos pretéritos -cuando se comenzaron a constituir los Estados que en la actualidad conforman la Unión Europea-, o de los periodos de descolonización, que del contexto de mundialización del siglo XXI.
En la actualidad los Estados deben pensar en el futuro y en él se incrementarán, sin duda, los problemas que ya originan los procesos de globalización, porque avanzan sin que ni tan siquiera políticos tan retrógrados como el actual presidente de USA -la primera potencia mundial- pueda ponerles freno.
La pregunta a tan contundente aseveración de negociar es muy simple: ¿Negociar qué? Es muy fácil exhibirse con un aire de temple y moderación, para pretender dar una imagen de equidistancia entre el independentismo esquizofrénico y las exigencias legales de un Estado democrático, haciendo tal propuesta y definirla como la única salida posible, pero lo que nunca dicen los proponentes, con la concreción necesaria, es lo que se debe de negociar.
Como dice un veterano socialista, a los independentistas le han cedido todo tipo de competencias, diferentes gobiernos de España para mantenerse en el poder, todo la tripa del embutido de las competencias del Estado loncha a loncha y ya no queda una sola rodaja que entregarle. Sólo subsiste la cuerda que une la Comunidad Autónoma con el Estado y los denominados independentistas la quieren también así como arrastrar con ella algo más, quizá hacia el desastre. En definitiva, nada queda ya para negociar.
Llega a ser un martilleo permanente, por parte de medios de comunicación y de políticos, la referencia al supuesto referéndum y a los datos que giran en torno de él. Se dan los porcentajes de ciudadanos que desean que tenga lugar el mismo pero que sea legal, los que los quieren se lleve a término aunque sea ilegal, los que no quieren ningún tipo de consulta, los que votarían en cada uno de los casos, los que de votar lo harían en sentido afirmativo o aquellos que se inclinarían por hacerlo en sentido negativo, los que votarían en blanco o nulo, los que no votarían en ningún caso.
Lo que, sin embargo, no se ha investigado ni valorado son las competencias que se podrían negociar para los diferentes grupos de opinión, si es que aun queda alguna sin trasferir, para mantener a España y no romperla en mil cantones.
En realidad, no parece que haya nada que se pueda negociar a estas alturas por dos razones muy fáciles de entender, incluso por las mentes más romas. La primera es que lo único que pretenden lograr los independentistas es justamente la creación de la Republica de Cataluña, lo que es imposible materialmente y legalmente. La segunda razón es que los partidos constitucionalistas, no puede sentarse en una mesa de negociación para tratar sobre el camino a seguir para constituir la Republica de Cataluña.
¿Acaso pretenderían los independentistas catalanes negociar algo distinto de la República Independiente de Cataluña?
La experiencia de quienes, en tiempo, vivimos positivamente la Transición, en un denodado esfuerzo de consenso de unidad y pluralidad, entendimos la Democracia en España como un proyecto de vida en común. Al final, la Transición de la Dictadura a la Democracia, marcó las “Nuevas Reglas de Juego” –como dijera Peces Barba en sus reflexiones sobre La democracia en España-. Habrá que darle, pues, la primacía al Parlamento para garantizar la paz y la convivencia de la sociedad en su conjunto dentro del Estado Español, plural en sus distintas Comunidades pero solidariamente unidas como Estado Social y Democrático de Derecho.

LAS RECIENTES ELECCIONES BRITÁNICAS

LAS RECIENTES ELECCIONES BRITÁNICAS

Los resultados de cualquier proceso electoral es materia de interminables comentarios, y así ha ocurrido con las recientes elecciones que han tenido lugar en el Reino Unido de la Gran Bretaña. No obstante y con el riesgo de insistir en cuestiones ya comentadas desde este blog se pretende aportar ahora algunas opiniones propias, especialmente en relación con el bipartidismo.
El sistema electoral británico es muy diferente al español pues no se votan lista cerradas por partidos, ya que en los distritos electorales se vota directamente a cada uno de los candidatos.
En general, suele aceptarse que el parlamentarismo británico ha sido pionero y ejemplo a seguir por los países más avanzados de Europa. Tuvo su origen en el siglo XII y en el XVII, tras la guerra civil, se implantó, y ya para siempre, la soberanía parlamentaria.
Fue justamente a finales del siglo XVII cuando comenzó y se consolidó el bipartidismo. El parlamento británico se dividió en dos fracciones enfrentadas: Toris (papistas) y Whigs (sinónimo de rebeldes contra el rey).
En el siglo XIX se consolidaron el partido Tory, como
el partido de la aristocracia, y el partido Whig como el
liberal, los burgueses. En el siglo XX los laboristas se
impusieron a los liberales.
De hecho, la historia del parlamentarismo británico se ha basado siempre en el bipartidismo.
Las aseveraciones en los medios de comunicación sobre el final del bipartidismo en Europa han sido insistentes en los últimos años. En España alcanzaron especial intensidad con la aparición del populismo con el Movimiento Podemos, aunque su verdadera intención era hacerse con todo el espacio de la izquierda engullendo a Izquierda Unida, como ya lo ha hecho, y al Partido Socialista Obrero Español lo que lleva intentando con diferentes operaciones, objetivo que, hasta la fecha, no ha conseguido y posiblemente no consiga nunca.
Por la derecha surgió, en España, Ciudadanos que, con menos fuerza y peores perspectivas, también intenta posesionarse del espacio político de la derecha, aunque por ahora es éste un empeño imposible. Lo cierto es que ambos partidos dieron base suficiente para fundamentar la desaparición del bipartidismo en España. Lo que posiblemente se confirme o no en las próximas elecciones generales.
En las elecciones de 2015, en el Reino Unido, se debilitó el bipartidismo, aunque los dos partidos mayoritarios sumaron el 67´3% de los votos, una posición poco brillante de los liberales, partido bisagra con un 7´9%. Pero apareció un partido populista: “Partido para la independencia del Reino Unido”, populistas a favor de la salida de la Unión Europea, lo que al final consiguieron poner en marcha sin escatimar el uso de la falacia, tan propio de los movimientos populistas. Por otra parte los nacionalistas escoceses barrieron en Escocia.
En las últimas elecciones legislativas en el Reino Unido de la Gran Bretaña, anticipadas por la líder del partido conservador, la vuelta al bipartidismo ha sido evidente dado que los dos partidos mayoritarios han sumado el 82´4% de los votos, los liberales se han mantenido y han bajado considerablemente tanto los nacionalistas escoceses como el movimiento populista.
Los comentaristas han calificado como desastrosos los resultados para los conservadores, aunque se han quedado muy próximos a la mayoría absoluta, y necesitados de pacto para formar gobierno. Otra cuestión es la situación de la líder del partido pues está dentro de lo posible que dimita de acuerdo con la tradición de los partidos políticos británicos. En esta confrontación, además, los laboristas (socialdemócratas) han conseguido un resultado no esperado por favorable y sus perspectivas dentro del bipartidismo son prometedoras.
Los resultados en vistas a la recuperación del bipartidismo en los países de la UE son, sin duda, positivos. Lo que nos vienen a indicar las recientes elecciones en Reino Unido es que el bipartidismo sigue siendo socialmente una cuestión abierta y de pervivencia necesaria a la hora de la gobernabilidad y la estabilidad democrática.