PRIMARIAS EN EL PSOE

PRIMARIAS EN EL PSOE

Los procesos de primarias han sido experiencias poco positivas para el PSOE. José Borrell fue elegido en primarias para ser el candidato número uno del partido en las Elecciones Generales del año 2000. Su designación por el voto de los militantes originó un enfrentamiento soterrado con el que fuera secretario general, en aquellas fechas, Joaquín Almunia, con repercusiones negativas para la organización y los votantes.
Tras una desafortunada intervención parlamentaria del candidato en el Congreso de los Diputados, abucheado por los diputados del Partido Popular, con un comportamiento propio de gamberros y no de parlamentarios, y al surgir el escándalo derivado de actuaciones irregulares de funcionarios del Ministerio de Hacienda en Cataluña, cuando José Borrell era Secretario de Estado de Hacienda, lo llevó a dimitir como candidato numero uno a las elecciones.
Tal renuncia obligó al Secretario General, Joaquín Almunia, a ser cabeza de lista.
Los resultados electorales del partido en las elecciones Generales del 2000 fueron malos: 125 escaños frente a 183 del Partido Popular. Una situación desfavorable que llegó en compañía de un pacto improvisado del PSOE con el PCE para optar juntos a los escaños del Senado. La consecuencia directa e inmediata de tales resultados fue la dimisión irrevocable del Secretario General.
Las primarias volvieron al PSOE en 2014 para elegir al Secretario General del Partido, en esta ocasión las ganó Pedro Sánchez, un candidato con corta trayectoria política aunque promovido y apoyado por el aparato del PSOE, sin estar claras las razones de tal apoyo.
Los resultados electores del partido con el nuevo candidato fueron muy malos: 90 escaños en diciembre de 2015, 85 escaños en junio de 2016. Quizá con resultados tan malos, y en progresión decreciente, otros candidatos hubiesen presentado la dimisión. El elegido no lo hizo voluntariamente sino tras perder una votación en el Comité Federal del partido, meses después de las elecciones y en circunstancias políticas complicadas. La consecuencia fue dejar al PSOE en manos de una gestora y con evidentes muestras de una profunda división en su militancia.
Pese a los resultados vistos de los dos procesos de primarias, una disposición reglamentaria las hace de obligado cumplimiento y la militancia debe elegir a uno de tres candidatos con imagen y propuestas claramente diferenciadas.
En primer lugar se debe destacar porque, sin duda, es un dato a tener en cuenta que, de los tres, sólo uno ha ganado elecciones en dos convocatorias y en la comunidad con mayor población de España y con el mayor número de afiliados al PSOE con diferencia significativa respecto de las demás. Los otros dos sólo han perdido elecciones: Uno en su comunidad autónoma, donde gobernó gracias al apoyo del Partido Popular y ha dejado al partido con los peores resultados electorales desde 1980. El otro ya se han indicado los resultados en las dos últimas Elecciones Generales los peores desde 1977.
La situación del país exigirá, en el futuro próximo, llegar a pactos con la derecha, es decir con el PP, aunque sea el PSOE el partido más votado. En primer lugar porque los movimientos populistas imperantes en Europa y en España exigirán en determinados asuntos acciones conjuntas, dado que el poder en manos de los mismos, sean del signo que sean, constituyen un peligro para cualquier democracia. Están, también, los movimientos independentistas que se mueven al margen de la ley y, en consecuencia, se requerirá un apoyo muy mayoritario para hacerles frente e impedir lleven al país a una situación lamentable. El terrorismo exigirá también una estrecha colaboración de los partidos políticos. No se podrá abordar ninguna modificación de la Constitución, algunas muy necesarias, sin el acuerdo de los grandes partidos.
Igualmente, son necesarios otros pactos de estado, entre ellos, para llegar a un modelo educativo que ofrezca estabilidad al sector, lo mismo es necesario en relación a la justicia, a las pensiones y a otros campos, sin olvidar la política europea.
La pregunta es: para hacer esta política, ¿cuál sería el mejor candidato?, sin olvidar la obligación del elegido de unir a las distintas fracciones en las que están divididos en la actualidad los militantes del Partido Socialista Obrero Español.
El presente y el futuro del Partido y su vocación de servicio y transformación de la sociedad pasan, sin duda, por la exigencia de una Convención en la que, logrando la unidad –que no la uniformidad-, se conjuguen libertad e igualdad interna y escucha activa de las exigencias del momento histórico de la propia sociedad.

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