PODEMOS Y EL PODER

PODEMOS Y EL PODER

Está dentro de los fundamentos de los actuales regímenes democrático que los partidos políticos, legalmente constituidos, dediquen sus esfuerzos a lograr el poder institucional mediante procesos electorales y votaciones en las urnas, con el fin de disponer de los mecanismos y recursos necesarios para desarrollar y aplicar sus programas de gobierno.
Se supone que se piensa, siempre y preferentemente, en los intereses generales definidos desde las perspectivas de cada organización política.
Podemos como cualquier otro partido aspira a lograr el gobierno del país, pero sus líderes valoraron mal sus posibilidades reales, pues estaban convencidos de conseguirlo con enorme rapidez e incluso facilidad gracias a un populismo desenfrenado. Ellos lo llamaron “asalto a los cielos”, aunque para hacerlo tuvieran que recurrir a prácticas de dudosa ética.
A estas alturas no puede quedar duda de las intenciones de Podemos: ser la única fuerza política de la izquierda y, por lo tanto, la única alternativa a los gobiernos conservadores. Aunque, si estuviera a su alcance, optarían tal vez por eliminar cualquier alternativa a ellos que pudiera llegar a tener el poder.
Para conseguir sus objetivos pusieron en práctica diferentes maniobras con resultados algo prometedores pero, en ningún caso, definitivos.
A IU se la han tragado, la ha digerido y de la supuesta unión de partidos de izquierda, en realidad el PCE, no quedan señales claras de actividad política propia a nivel del Estado. Su supuesto líder las pocas veces que ya es requerido por los medios de comunicación, se limita a repetir las mismas ocurrencias de la cabeza visible de Podemos y si añade algo no pasa de ser una incoherencia de medidas añejas en relación con los tiempos en que vivimos.
Podemos se convierte, cuando le conviene a los planes de sus líderes, en un partido separatista y gracias a ello se ha unido a organizaciones políticas nacionalistas e independentistas, en diferentes Comunidades Autónomas, y ellas han supuesto en las últimas elecciones generales el cuarenta por ciento de los escaños de Podemos.
El PSOE ha estado en riesgo de dejarse cazar y ser tragado por Podemos, a causa de las veleidades del que fuera el último secretario general, y no precisamente por el riesgo del llamado adelantamiento, sino por los intentos de pactar con una fuerza camaleónica que lo mismo es antisistema, enfrentada a las instituciones, que independentista decidida a dividir España en cantones, que proponer medidas reformistas propias de una Socialdemocracia Europea. Como fieles leninistas su único objetivo es conseguir el poder, eliminando al contrario, y mantenerlo sin reparar en los medios necesarios para hacerlo.
Para llevar a término una de sus operaciones de camuflaje, el líder de Podemos intentó disfrazarse de socialdemócrata e incluso propuso un gobierno en el que se asignaba la vicepresidencia y con ella el CNI y los ministerios relacionados con interior, justicia y fuerzas armadas, el control de RTV, e incluso hacienda, olvidándose de los ministerios relacionados con asuntos sociales, trabajo, bienestar o medio ambiente. Por suerte los órganos rectores del partido Socialista Obrero Español impidieron tal disparate lo que ha hecho fracasar los planes de Podemos.
Ante un gobierno conservador, se ha quitado la máscara de socialdemócrata para volver a lanzar sus mensajes de ir contra las instituciones, aunque Podemos ya está en ellas, y gobernar desde las calles.
Las últimas actuaciones comenzaron en la Universidad de Madrid donde impidieron la conferencia de Felipe Gonzáles con manifestantes encapuchados y con caretas un tanto escénicas. Continuaron con su presencia ante la sede central del PSOE, portando pancartas a favor de los etarras e insultado a los líderes socialistas contrarios a sus tesis. Por ahora han culminado con el cerco al Congreso de los Diputados, lo que está prohibido por ley, y la adhesión a diputados que denigraron al PSOE con sus actuaciones en la Cámara Baja.
Lo que Podemos representa no tiene cabida en la
Unión Europea. De ello deben tomar nota los ciudadanos que les dan su voto y muy especialmente los socialistas, porque para Podemos los socialdemócratas no son sus rivales políticos sino unos enemigos a los que absorber o eliminar para ocupar su espacio, aunque ese espacio nunca pueda ocuparlo, mediante procesos electorales democráticos, un partido político como el actual Podemos.

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