REFERÉNDUMS Y POPULISMO

REFERÉNDUMS Y POPULISMO

El populismo es un mal compañero para hacer política no sólo porque promete lo imposible, para atraerse a ciertas masas, sino porque marca además la senda más segura para llevar al desastre total a cualquier pueblo.
Por fortuna suele ocurrir que La ciudadanía descubre el engaño a tiempo y termina por darle la respuesta adecuada, aunque no la deseada por los populistas que intentan llevar a término el engaño.
El populismo es nefasto para los intereses generales, y sólo favorece temporalmente a los infames que lo utilizan para su beneficio.
Con la aparición del movimiento Podemos, inscrito más tarde como partido político y que, al parecer, intenta serlo, la epidemia del populismo llegó otra vez a España, en plenitud, y parece estar decidido a quedarse y afectar a todas las fuerzas políticas del país.
En los Estados democráticos representativos la ciudadanía elige a sus representantes y delega en ellos la capacidad de decidir, lo que conlleva asumir la responsabilidad correspondiente por parte de los elegidos. Es de suponer que los ciudadanos votan con el convencimiento de elegir a los candidatos más idóneos para gestionar sus intereses al tener, no sólo la formación, sino la capacidad y los conocimientos prácticos necesarios para hacerlo. Contarán, también, con datos e información de la que no disponen la mayoría de los ciudadanos, para fundamentar mejor sus acciones y éstas serán lo más favorables posibles para sus votantes. Se tendrá en cuenta su honradez, lo que no quiere decir que la corrupción pueda surgir, entre tales representantes, como un mal consustancial a la naturaleza de la persona humana contra lo que es preceptivo luchar sin reservas desde todos los ámbitos.
El populismo tiene como un arma preferente, para lograr sus propósitos: las actuaciones asamblearias y el referéndum, usados por supuesto torticeramente y siempre como argumento para recoger la opinión general de la ciudadanía quitando la responsabilidad de decidir a sus representantes, elegidos en libertad y democráticamente.
El referéndum es un instrumento fácilmente manipulable y es recomendable utilizarlo sólo para cuestiones muy concretas formuladas con claridad y sin dobleces, con amplias garantías de información veraz y suficiente, por parte de defensores de las dos opciones posibles, a los votantes sobre lo que se vota y las consecuencias de los resultados.
En los últimos tiempos han tenido lugar tres referéndums dignos de comentar y cada cual puede decidir hasta qué grado ha estado presente el populismo, en cada uno de ellos.
El primero ha sido el referéndum húngaro en relación a las cuotas de emigrantes. Viktor Organ, ultraconservador, primer ministro con una mayoría absoluta aplastante en el parlamento, convocó la consulta para sacar adelante una decisión poco acorde con el espíritu de la Unión Europea. El político buscaba una confirmación de su posición. Los resultados le han dado una respuesta contraria a sus intereses, dado que solo votó el 43´35% del censo lo que invalida la consulta en Hungría por la baja participación, aunque el porcentaje a favor de su posición de los votantes fuera mayoritario.
El segundo referéndum ha tenido lugar en Colombia. Juan Manuel Santos, último premio Nobel de la paz, pidió a un pueblo castigado por las FARC (grupo guerrillero que comenzó en 1964 como movimiento marxista-Leninista y terminó como organización traficante de drogas, y que ha causado 266.000 muertos, 45.000 desaparecidos e incontables extorsiones), un sí a favor de un acuerdo de paz por el que daba acceso al Parlamento a los cabecillas de la organización, sabiendo que aún siguen activos los paramilitares y el FLN. Los resultados han sido también contrarios a las intenciones del presidente de la Republica Colombiana. Voto el 37´43% del censo y el si fue el 49´78%. Es decir que solo el 18´63% del censo están a favor del acuerdo.
Por último y como anécdota simpática está el referéndum, calificado por algún articulista como el de la señorita Pepis, sobre la ampliación en dos días la feria de Sevilla. Del censo estimado en 400.000 sevillanos votaron el 6´91%, aunque los votantes dispusieron de varios días y de medios para participar. A favor lo hizo el 61´8%, es decir, en torno 17.000 de 400.000. El alcalde ya cuenta con 17.000 sevillanos incondicionales de la feria de abril, aunque en las últimas elecciones municipales la lista de su partido consiguió 103.238 votos.
El enfoque y los resultados pueden tener un punto común en los tres casos, los convocantes de las consultas podían haber aprobado directamente los asuntos que sacaron a consulta, como representantes elegidos democráticamente y contar con mayoría en los órganos de poder elegidos democráticamente que encabezan, pero optaron para reforzarse ellos, con un criterio populista, hacer un referéndum; pero ninguno de los tres consiguió lo que pretendía. Los tres, sin embargo, sacaran adelante, con las oportunas maniobras, lo consultado y lo aplicaran.
Son las paradojas de algunas formas de hacer política, por desgracia mala política.

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