NO A LOS DESPROPÓSITOS MUNICIPALES

NO A LOS DESPROPÓSITOS MUNICIPALES

Por José Manuel Llamas

Los gobiernos municipales de los dos primeros municipios de España, Madrid y Barcelona, formados por Podemos y sus confluencias, que prometían cambios sin fin hasta llegar a la ciudadanía más afín a la misma gloria, requieren un cierto seguimiento para saber de su evolución y logros.
Ambos gobiernos son, sin duda, una fuente de noticias dignas de pasar al anecdotario español de los despropósitos.
No es necesario repetir anteriores ocurrencias de la señora alcaldesa de la capital de España, en relación a la limpieza de colegios y calles, la interpretación de determinadas tradiciones o actos culturales, incluso la aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Sus tres últimas son suficientes para hacer una nueva desvaloración de la labor municipal de la alcaldesa si se tiene en cuenta que, por los mentideros de la villa, se insiste que no hay recuerdos de haber padecido una ciudad más sucia que la actual, con mayores problemas en el tráfico, extrema desorientación de la policía municipal y mayor obstrucción, de la habitual y propia de la Administración Local, a todo tipo de actividades generadoras de empleo y de riqueza.
De las tres últimas ocurrencias una, la de implantar en la piscinas municipales un día a la semana sin bañador, no pasa de ser una satisfacción para la minoría de nudistas que habían solicitado al Ayuntamiento disponer de “una” instalación donde poder practicar el nudismo, y un mal rato para la mayoría de los usuarios de las piscinas del municipio que probablemente decidan no ir a las piscinas municipales un día a la semana, porque su concepto de la estética no esté en concordancia con el nudismo y no quieran exhibir su desnudez ni ver la ajena.
La segunda es una muestra más del uso y abuso de la arbitrariedad por parte de algunos políticos cuando están en el poder, en este caso se trata de aplicar en el municipio de Madrid una rebaja del impuesto de bienes inmuebles, aunque sólo se hará efectivo en algunas zonas de la ciudad, aquellas donde sus ciudadanos han sido más favorables con su voto a Podemos.
La tercera ocurrencia es diferente y puede ser además de un problema de ilegalidad grave, un proceder impropio de un Estado democrático y de derecho. Se trata de la propuesta para implantar los llamados jurados vecinales. Los mismo estarían presididos por un gestor de barrio, nombrado a dedo por el Ayuntamiento, responsable de la llamada unidad de policía comunitaria formada por voluntarios nombrados, también, a dedo por el Ayuntamiento. Al parecer tendrían como objetivo solucionar los problemas que surgieran entre los vecinos. Aunque no lleguen a ser -como apuntan algunos medios de la derecha- unos soviets, similares a los implantados en Cuba y Venezuela, son sin duda una demostración más de sectarismo y burla a la legalidad vigente, pues tanto la jurisdicción como la policía judicial están perfectamente reguladas por leyes así como sus competencias, ajenas por supuesto a la Administración Local. Ello, para una persona que ha sido juez durante muchos años, debería estar claro.
En Barcelona, la señora alcaldesa, que ha logrado el apoyo del PSC, no termina de distinguir las obligaciones del gobierno municipal con sus sentimientos de antigua ocupa. Así lo ha demostrado en la crisis relacionada con el desalojo de propiedades ocupadas por orden judicial y desórdenes públicos relacionados con tales actuaciones. Permanece, también, ajena a la proliferación descomunal, en Barcelona, de los llamados manteros, sin tener en cuenta que ellos son víctimas de mafias perfectamente organizadas, que los tratan como esclavos, y por supuesto son una competencia ilegal al pequeño comercio de la ciudad. Por último, en la misma línea de la alcaldesa de Madrid, además de aumentar las dificultades para la implantación de actividades económicas se atribuye competencias que son exclusivas de la Administración Central.
Pasan los días y los gobiernos municipales regentados por Podemos y afines incrementan sus actuaciones anecdóticas que acaparan la atención de los medios de comunicación, con intenciones claramente antisistema, pero sus gobiernos no materializan en las ciudades ningunas de sus promesas porque nunca pasan de las ocurrencias.
Las ocurrencias, aunque puedan ser geniales a veces, en estos casos de gobierno local ciudadano, si no son actuaciones responsables y coherentes, producen daños a la convivencia armónica de la diversidad y la pluralidad de la ciudadanía que desea, sobre todo, que se solucionen los problemas más acuciantes en lo que a competencias locales se refiere: servicios públicos efectivos y de calidad; obras propias, urbanismo y vivienda; contenedores y recogidas de basuras para mantener limpia la ciudad; policía local; servicios sociales de atención a las personas, con el fin de evitar exclusiones; circulación fluida, creación de empleo; y fomento de la participación ciudadana responsable en todos y cada uno de los Distritos.

José Manuel Llamas

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