EUROPA Y LOS POPULISMOS

EUROPA Y LOS POPULISMOS
La política de austeridad, impuesta en la Europa del euro como consecuencia de la crisis económica de 2008 y para superarla, está en contra de otro tipo de políticas económicas similares a la seguida por los Estados Unidos de Norteamérica próxima a la defendida por los partidos socialdemócratas. Ha sido Alemania quién ha impuesto los recortes y el control monetario extremo apoyada por los gobiernos de derechas, dominantes durante este periodo en la zona del euro. Pero ahora mismo no solo surge la pregunta de hacia dónde va Europa sino hacia dónde va la propia Alemania.
Desde la Guerra Franco-Prusiana, 1870, que favoreció la consolidación del llamado Imperio Alemán (El Segundo Reich), los dirigentes germanos han pretendido con reiteración erigirse en la potencia dominante de Europa y controlar el continente, lo que antes hicieron Roma, el Imperio Carolingio, España, Francia y la Gran Bretaña. Dos guerras mundiales, dos desastres monstruosos causa de sufrimientos inabarcables para toda la humanidad dan testimonio de ello.
En la actualidad la Unión Europea ha dado paso a una vía de relaciones y entendimiento entre los estados europeos, que está impidiendo los enfrentamientos armados, forma habitual de relacionarse las potencia del continente durante siglos, pero por desgracia los germanos están logrando mediante el poder de la economía, y sin asumir el liderazgo político, lo que no pudieron hacer por medio de las armas, es decir, ser la potencia dominante en la Unión Europea e imponer sus políticas económicas a todos los miembros de la zona euro.
Europa vive, no obstante y por fortuna, pese a las desigualdades y otras muchas miserias a corregir, la mejor etapa de su historia y, comparativamente, es sin ninguna duda una de las dos o tres mejores zonas del planeta para la vida de los humanos. Quizá si se avanzara en la unión política, lo que se pospuso a la unión monetaria –actualmente también limitada- se llegue a una integración de los Estados donde no imperen unos sobre los otros, lo que significaría un paso definitivo.
Dentro de la realidad apuntada el comportamiento, antes y durante el desarrollo de la crisis económica, de los gobiernos democráticos de los diferentes países europeos también han influido de forma considerable en el desarrollo de ésta, en su profundidad y en su incidencia sobre los ciudadanos.
España no puede culpar a Alemania y a los demás países del euro -incluida Gran Bretaña- del desastre de su Banca Pública, Cajas de Ahorro, y demás Entidades sino a todos los partidos políticos, desde IU al PP pasando por los nacionalista y otros partidos de menor importancia, que pusieron a las Entidades Financieras en manos de unos corruptos e incompetentes, por lo general militantes de los partidos. Además, ayudaron al desastre el mal hacer del Banco de España y de los Gobiernos de turno, doblegados a la “partitocracia”.
Pese a los mensajes populistas, el rescate de la Banca Pública ha sido mucho menos costoso, para los millones de pequeños ahorradores, para el Estado y, en definitiva, para el país, que si hubiese quebrado.
Del desastre de Grecia tampoco son culpables los países del euro y en especial Alemania. Se les puede reprochar a éstos países que les permitieran integrarse en la moneda o endeudarse más allá de la carga financiera soportable, sin tener las condiciones mínimas para hacerlo. Además, es inaceptable la excusa de ignorar la falsedad de los datos presentados por Grecia.
Durante un tiempo han estado muy presentes en los Medios de Comunicación informaciones sobre la realidad de Grecia. Algunos datos son anecdóticos pero la mayoría –aquellos que deberían conocer en su momento los Gobiernos de los países del euro- dicen que Grecia es un Estado a medio hacer, pues ni las estructuras administrativas, ni el comportamiento de los ciudadanos, ni el quehacer de los sucesivos gobiernos responden a las exigencias mínimas para integrarse en la Unión Europea y menos aún en la zona euro.
Para completar el desastre, los ciudadanos griegos le dieron el poder a un partido de extrema izquierda que hizo promesas que no podía cumplir y que culpó a los países europeos, y en especial a Alemania, de la situación desastrosa de Grecia. Ya en el poder, dicho Partido logró en unos meses empeorar aun más la situación del país y pretendió reforzar su posición en la negociación con un referéndum nacional incalificable, como si pretendiera descargar, con él, su responsabilidad sobre los votantes. Después hizo justamente lo contrario del resultado que dio la votación popular.
Es, pues, de esperar que los populismos dejen de ser una opción de gobierno en los países europeos y en cualquier parte del mundo.

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Un pensamiento en “EUROPA Y LOS POPULISMOS

  1. Que corran las aguas, dice una frase latina. No nos queda otra, hasta que se decante el barro y las aguas puedan volver a ser transparentes. El problema está en que debemos hacer posible, cuanto antes, una nueva situación política que no deteriore más la democracia.

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