¿RUPTURA, REVOLUCIÓN O REFORMA?- PRO MEDIACIÓN DISCURSIVA DE DIÁLOGO-

¿RUPTURA, REVOLUCIÓN O REFORMA?
-PRO MEDIACIÓN DISCURSIVA DE DIÁLOGO –

A mediados de febrero del presente año ya se veía como imperativo social el avanzar en democracia participativa, pues la sociedad, sobre todo generaciones más jóvenes –respaldadas por personas adultas, con mucha experiencia- lo venían demandando, incluso en manifestaciones callejeras. Ahora, ante la proximidad de las elecciones generales en España, la realidad aparece como especialmente compleja. Tal vez haya ya una ruptura real en Cataluña; hay, además no pocas aspiraciones revolucionarias y, frente al continuismo y el más de lo mismo, sólo cabe un proceso de reforma –incluso constitucional-.
El problema, tal vez, es que se ha perdido no sólo decencia respecto a la corrupción sino sentido internacional y solidaridad inter-territorial, a la vez que se ha caído en una especie de localismo sentimental de identidad, fruto tal vez de nostalgias históricas, de la gran crisis que se sigue sufriendo y de los correspondientes recortes sociales.
En el primer trimestre del año, en base a algunas publicaciones más recientes, pero también teniendo en cuenta los análisis realizados desde 2010 por Juan Torres López, así como el grito de Stéphane Hessel ¡No os rindáis!, parecía conveniente indicar la importancia de reformas puntuales urgentes contra lo que se ha denominado el “austericidio” pero, además, resultaba urgente la exigencia de asumir no sólo un nuevo y renovado proyecto de democracia y ciudadanía, a más largo plazo, sino también la posibilidad de reformar el edificio constitucional de 1978, marco de convivencia hasta el presente. Desde un pensamiento crítico, se suele entender que es la ciudadanía la que, rompiendo con la apatía, puede producir un cambio normativo liberador de cierta asfixia propia de la actual democracia representativa. Además, el libro Pautas para la reforma de la Constitución (Aranzadi, 2014) contiene unas cuantas ideas básicas sobre los problemas de la reforma de nuestra Constitución en la actualidad. Se hablaba, en dicho Informe, de la opción reformista como exigencia estructural, decisión política y camino para racionalizar el sistema electoral, las funciones del Senado, la democracia interna de los Partidos, y la garantía de derechos fundamentales; se hablaba de una más nítida separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) y de la conveniencia de abordar el debate sobre la forma política del Estado, así como de revisar todo el título VIII de la actual Constitución de 1978; finalmente se abordaba la cuestión del procedimiento de la reforma constitucional, con el fin de flexibilizar y unificar procedimientos legislativos.

Todo lo antedicho son opciones de reforma. Ocurre, sin embargo, que ya hay una ruptura de hecho y que se vislumbran también planteamientos de revolución, aunque los revolucionarios que se expresan en contra de la corrupción y con propuestas de futuro (al estilo de Baltasar Garzón o Federico Mayor Zaragoza) acentúen de momento la exigencia de una evolución responsable. Bastaría con leerse el libro titulado El Fango, cuarenta años de corrupción en España o ver las líneas programáticas a escala mundial, escala europea o escala española para comprender los imperativos de una evolución responsable como revolución en la cultura democrática.

El bipartidismo está superado, de forma que tanto el Partido Popular (PP), demasiado anclado, falto de reflejos en la iniciativa política y demasiado autocomplaciente, como el PSOE, que no levanta el vuelo y demasiado pendiente de encuestas y mecanismos para mantener o conseguir el poder, van a tener que competir con Ciudadanos (Cs) –cuyo líder, diputado en el Parlamento Catalán con 26 años, desde 2006, es el más joven de los candidatos, teniendo ahora 35 años-, y con Podemos, cuyo líder Pablo Iglesias, aunque ha bajado en aceptación sigue siendo una incógnita en el ámbito de la izquierda política, demasiado condicionada por un pasado comunista y muy fragmentada –a pesar de que algún otro joven como Garzón, desde una facción de IU pretendiera en su día todo lo contrario-.

Ante la realidad del momento, resultar un tanto obsoleta la pretensión de avanzar pronósticos. La campaña electoral próxima debería ser distinta e imprevisible y será, sin duda, durísima. La realidad española actual es mucho más compleja que la de hace unos años y son muchas las categorías que hay que saber barajar para efectuar un análisis, diagnóstico y gestión de la misma que no tienda a convertirla en complicada. Ya no nos valen las mentes “simples” que – como suele argumentar Edgar Morin (de quien conviene leer Nuestra Europa) – complican lo complejo. Y este país está lleno de analistas, expertos en diagnósticos y gestores demasiado simplistas en sus tareas.

Confiemos en el sentido común de la ciudadanía española y de todos los pueblos de España, sin exclusión alguna, a pesar del proceso separatista iniciado en Cataluña. Pues no todo es como se pinta o se quiere pintar.

Quizás fuera deseable una Reforma, viable y efectiva, pero ya hay indicios claros de ruptura y algunas propuestas de revolución responsable. Tiempo al tiempo. La mediación discursiva, el diálogo y la negociación tendrán que imponerse si se quiere avanzar en convivencia armónica en España, en Europa y en el Mundo.

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