MALÍ Y EL LEVANTAMIENTO DE LOS HOMBRES AZULES

CAPÍTULO III

El drama humanitario

26. Ya se han mencionado anteriormente las condiciones de extrema pobreza en las cuales suelen vivir las poblaciones del área saheliana. Según una estimación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO) hay más de 16 millones de personas que viven en el riesgo de perecer de hambre y que bien representan la dramática situación humanitaria de la región. Una crisis alimentaria que podría incluso provocar la muerte de más personas que las que fallecieron con ocasión del tsunami de Asia o del terremoto de Haití, calculadas en unas doscientas mil.

27. En el caso del Sahel, no se habla solo de una situación de privaciones causadas por el territorio desértico o por la guerra en Malí o los conflictos tribales, sino también por otros factores que dibujan una realidad que casi se acerca a la imagen de las diez plagas bíblicas que según el Antiguo Testamento, Dios infligió a los egipcios. Además de sequía, malnutrición y guerra, el Sahel, el año pasado tuvo también que enfrentarse a una plaga de langostas. El motivo de esa singular calamidad depende también de la caída del régimen libio. La administración de Gadafi tenía muy controlado el tema de la proliferación de estos insectos, dañinos y voraces, y cada año el gobierno libio destinaba recursos económicos para acabar con su proliferación en el sur del país. El derrumbe del coronel y de su gobierno ha causado un vacío administrativo considerable y la lucha contra esa plaga ha fallado, provocando una verdadera calamidad que, empujada por el viento, ha llegado hasta el Sahel. Las consecuencias han sido dramáticas, puesto que los pocos brotes de la escasa vegetación del área se han convertido en exquisitas delicias para los hambrientos enjambres de langostas. La plaga ha determinado una notable reducción de los ya escasos recursos de la población, afectada por una de las crisis alimentares más grave de los últimos 20 años. En la base de dicha crisis está la reciente irregularidad de las lluvias sobre el territorio, motivo de las malas cosechas de 2011 y causa del aumento del precio del grano.

28. Otra grave calamidad es el riesgo de propagación del cólera que en 2012 ha visto 47 casos de muertes confirmadas y más de 2.000 de personas infectadas. Inquietante campanada de alarma es que la enfermedad en el vecino Níger ya haya alcanzado niveles de pandemia.

29. La rebelión tuareg y el estallido de la consiguiente guerra entre el ejército estatal y los rebeldes han precipitado la situación que ya era profundamente crítica. La opción más razonable en manos de una parte de la población, que prefería no participar en el levantamiento, ha sido el abandono de sus hogares y la búsqueda de un sitio más seguro donde encontrar amparo. Fuentes del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) hablan de unas 400.000 personas que se han puesto en marcha para huir de la zona del conflicto. 150.000 mil han preferido cruzar las fronteras de Níger, Mauritania y Burkina Faso, y los demás han optado por quedarse en territorio maliense pero bajando al sur del país, hacia la capital. Ambas decisiones han causado una situación humanitaria dramática.

30. Los demás países del Sahel sufren la misma situación de grave crisis alimentaria que Malí. Basta pensar en los datos recogidos por la ONG Plan que dibujan una crisis alimentaria gravísima: en el dossier “Emergencia en el Sahel” se habla de familias nigerinas que han “comenzado a alimentarse a base de mijo, madera de los árboles y de los desechos reservados para los animales”. Desde luego, la disponibilidad de ofrecer una digna acogida a los que cruzan las fronteras es muy limitada: de hecho, no se puede reservar a los aterrorizados malienses mucho más que un incómodo alojamiento en campos de refugiados, organizados de manera muy precaria, sin la mínima garantía de seguridad e higiene, y con escasez de agua limpia y comida. Unas condiciones inhumanas que padecen, sobre todo, mujeres y niños, potenciales víctimas de abusos y violencias. Sin embargo, la situación de las mujeres fuera de los campos de refugiados es incluso más peligrosa, dado que en el norte, grupúsculos de extremistas se presentan en casas privadas y al dar con una mujer sin velo pueden infligirle una punición que puede llegar hasta al corte de su oreja. Luego, los casos de violaciones están en la agenda de estos días tan trágicos y por supuesto faltan centros donde se les pueda ofrecer atención médica y psicológica. Los niños también se ven muy afectados por la situación de absoluta inseguridad: comunicados de la ONG Save the Children ponen de manifiesto el gravísimo riesgo de malnutrición, abusos, violaciones, y la dramática posibilidad de ser capturados por los extremistas y convertirse forzosamente en soldados reclutados por las milicias rebeldes, como denuncia Human Rights Watch.

Año de Formación, 1960. Podemos ver a Victoriano Ruiz, Pedro Costa, Carlos Pinazo, José A. López Tomás y otros.

31. La disponibilidad de acoger a los refugiados que escapan de Malí por parte de los estados vecinos es una actitud conmovedora, pero no se puede exigir que países ya de por sí empobrecidos asuman solos la responsabilidad de dar amparo a esa población que huye a causa del miedo a sufrir posibles represalias. Además, el cruce de las fronteras por parte de una enorme muchedumbre de personas puede que determine una desestabilización de los frágiles equilibrios étnicos de la región y un empeoramiento de la escasez de recursos económicos de los países vecinos con consecuencias imprevisibles.

32. Es imperiosamente necesaria una efectiva y urgente cooperación de ayuda económica y logística por parte de la Unión Europea. No puede volver a ocurrir lo que pasó con ocasión de la guerra Libia, cuando los gobiernos europeos se apresuraron a poner controles fronterizos muy estrictos por miedo a una oleada de refugiados. De Libia huyeron en busca de protección 900.000 personas según estimaciones de las Naciones Unidas, pero la gran mayoría eligió el camino por tierra hacia Egipto, Túnez y el Sahel, descartando a priori embarcarse rumbo a Europa.

33. En el caso de Malí, la Unión Europea y sus miembros tienen que actuar de manera solidaria, sin dejar que el destino de miles de personas corra el riesgo de caer en las garras de los traficantes de vidas humanas, que ya ven llegar nuevas oportunidades de ganancias, disfrazadas de africanos en fuga del terror. Europa tiene que llevar a cabo un concienzudo trabajo y tomar las medidas necesarias en el pleno cumplimiento de la normativa internacional en materia de refugiados y respeto de los derechos humanos. Más de una vez Europa ha desperdiciado la posibilidad de ayudar a los refugiados, esta vez hay que exigir y presionar para que se actúe de manera distinta. Paralelamente, las fuerzas occidentales tendrán que evitar que su actuación se disfrace de intervención neocolonial y deberán dejar un papel primario a los organismos supraestatales africanos, Unión Africana y Comunidad Económica de Estados de África Occidental in primis. Todo eso para no fomentar el fundamentalismo en la región.

34. Tampoco los desplazados hacia el sur del país han tenido mucha más suerte, tras aceptar la invitación por parte de familiares y amigos que viven en la capital y sus alrededores, después de abandonar sus pertenencias en el Azawad. Sin embargo, exactamente como en el norte, donde el riesgo de ser confundidos como perteneciente a una etnia adversaria puede concretar un castigo atroz, en Bamako también existe la posibilidad de confusión sobre el origen de cada persona. Los acontecimientos del norte han empeorado mucho la tolerancia en un país que antes de su crisis era considerado un estado modelo en cuanto a valores democráticos. Es algo que ya se había visto a lo largo del conflicto libio, con la caza al negro por parte de las fuerzas rebeldes del Consejo Nacional Transitorio libio, cuando el color de la piel identificaba a un posible mercenario leal a Gadafi y la trágica consecuencia era su linchamiento. Un tuareg en Bamako hoy en día corre el peligro de represalias por parte de los demás ciudadanos.

35. Otro aspecto muy importante en el cual profundizar es que en el conflicto de Malí, exactamente como ya en el libio o en el que continúa desde hace dos años cobrándose víctimas en Siria, los crímenes y las atrocidades siguen siendo perpetrados por ambas facciones. Como casi siempre suele ocurrir, inicialmente se han denunciado los crímenes cometidos por las fuerzas rebeldes y especialmente por los grupos yihadistas.

36. La rigurosa aplicación de la sharía ha causado gravísimas violaciones de los derechos humanos. Se documentan amputaciones y lapidaciones, mutilaciones y reclutamiento forzoso de niños para realizar tareas militares. Sin embargo, últimamente están saliendo a la luz los abusos, las torturas y las ejecuciones sumarias llevadas a cabo también por el ejército de Malí después de la intervención francesa y la consiguiente contraofensiva. Informes y evidencias recogidas por importantes organizaciones no gubernamentales ya esbozan una situación que no es un eufemismo definir como trágica: es suficiente echar un rápido vistazo a los documentos producidos por Amnistía Internacional (“Malí: el regreso de cinco meses de crisis. La rebelión armada y el golpe militar”), Human Rights Watch y la Federación Internacional de los Derechos humanos, para darse cuenta de las atrocidades que se están cometiendo a lo largo del conflicto maliense. Además, en una situación tan turbia, como suele ser norma durante una guerra civil, la sospecha de ser cómplice o infiltrado flota en el aire y desgraciadamente a menudo se concreta en brutales asesinatos.

37. La visita a Malí por parte de una delegación de Amnistía Internacional a finales de febrero confirma la gravedad de la situación, especialmente en lo que se refiere a la población civil. Los datos recogidos proporcionan evidencias de un cuadro dramático. A los abusos por parte de las milicias terroristas se han añadido no solo la violencia perpetrada por las tropas regulares, sino también los muertos entre los civiles causados por los bombardeos de la aviación francesa, a pesar de que París rechace rotundamente las acusaciones.

38. Es cierto que muchas violaciones quedarán sepultadas debajo del silencio del desierto, pero el terror y la desesperación de los refugiados malienses se reflejarán todavía en los titulares de la prensa internacional, por lo menos hasta que la opinión pública y los organismos internacionales involucrados en el tema decidan pasar página del asunto.

39. En cambio, la sociedad civil occidental tendrá que presionarles para que eso no ocurra, exigiendo que actúen de modo distinto al caso libio, en el cual el interés de la opinión pública internacional disminuyó de manera considerable solo unos días después del asesinato del coronel Gadafi. ¿Quién sabe qué ha pasado con los 900.000 refugiados en fuga de Libia? Y el caso del conflicto sirio es muy parecido. Muy de vez en cuando podemos enterarnos de otras matanzas en Damasco u otra ciudad, pero sin saber que los enfrentamientos en Siria ya se han cobrado el exorbitante número de 42.000 vidas, ya superado por el trágico hallazgo la semana pasada en un barrio de Alepo de 108 cadáveres de civiles matados con un tiro en la nuca y con las manos atadas, clara evidencia de una ejecución sumaria en toda regla.

40. No. En el caso de Malí hay que actuar de otra manera. Habrá que seguir dando voz a la parte débil en el conflicto, o sea a los miles de refugiados que se encuentran en el limbo de los campos de acogida. Y de paso, hacer llamamientos a la comunidad internacional para que asuma sus responsabilidades y prepare un programa de ayuda humanitaria rápida y eficazmente. Habrá que demandar tutela y derechos para los refugiados, que lamentablemente a lo mejor deberán buscarse la vida en viajes muy peligrosos hacia las orillas europeas. También se deberá conceder el derecho de asilo o en su caso la protección subsidiaria a los originarios de Malí que ya se encuentren en los países miembros de la Unión Europea o que estén esperando en sus fronteras, siempre que cumplan con los requisitos previstos conforme con el Estatuto del refugiado. Y urgentemente, hay que exigir a las partes en conflicto que dejen a la población civil al margen de las atrocidades que conlleva una guerra. Europa y occidente esta vez no podrán quedarse en un rincón de silencioso y superficial desinterés. Esperemos que esta vez haya una excepción a la norma.

41. Otro tema que tomar en consideración respecto a la sociedad civil maliense es la situación de las minorías, poniendo el énfasis especialmente en la cristiana: en un área y un continente donde las venganzas étnicas y las discriminaciones son una práctica habitual, como atestiguan las masacres en Congo, o en la región de los Grandes Lagos, o, más recientemente, en Libia, las minorías consideran cualquier cambio en los equilibrios políticos en su territorio como un probable empeoramiento de su seguridad, debido a la falta de una protección realmente efectiva por las autoridades locales de policía. Ya se ha evidenciado como un cambio tan radical como el experimentado en el norte de Malí ha puesto claramente en estado de máxima alerta a la parte de la población no involucrada en el levantamiento. Consecuencia lógica ha sido un éxodo masivo de todos los que pensaban que la nueva situación iba a comportar una significativa disminución de derechos y seguridad personal.

42. Una de las comunidades más preocupada es desde luego la cristiana, que en cualquier país musulmán encuentra peligros cada vez mayores. Diferentes testimonios relatan que la pequeña comunidad cristiana ha tenido que preparar las maletas en un santiamén y alejarse del norte del país hacia destinos más seguros, a pesar de darse cuenta de estar rodeada por países de mayoría casi absolutamente musulmana, con todas las complicaciones que eso comporta para los que profesen una fe considerada competidora por la población no cristiana. Hasta la revuelta tuareg, el país contaba con una larga tradición de tolerancia entre los musulmanes y la minoría cristiana, pero la insurgencia en el norte y la siguiente contraofensiva francesa han complicado el panorama y la FIDES, agencia de las Obras Misionales Pontificias, a principio de abril ha lanzado una alarma sobre una verdadera caza a los sacerdotes y otros religiosos en los territorios controlados por los rebeldes.

43. El cuadro de las problemáticas desatadas por el levantamiento tuareg es muy preocupante. La comunidad internacional tiene que reflexionar y actuar rápidamente, para que 2013 no pase a la historia como el año de una nueva tragedia africana. Punto de partida tiene que ser la implicación de la Unión Africana y sobre todo de los países del área saheliana, o sea, del contexto regional de Malí, de modo que la intervención no tenga los rasgos de una nueva colonización, imagen que fortalecería ideologías antioccidentales, cuyos resultados ya se pueden apreciar en Oriente Medio, Magreb y en el propio Sahel. Claro ejemplo de esto es el recrudecimiento del terrorismo en Argelia, que hace unos días se ha cobrado las vidas de unos 30 rehenes en una planta destinada a la producción de gas. Un atentado tan audaz, complejo y bien organizado que no puede ser consecuencia de la intervención francesa de la semana anterior, sino de un programa estudiado detalladamente y que encuentra su motivación principal en la lucha en contra del occidente, todavía visto como demoníaca fuerza colonizadora. Un atentado que apunta a una vuelta del terrorismo argelino al escenario internacional.

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