!ASÍ NO, SEÑOR MINISTRO¡

¡ASÍ NO, SEÑOR MINISTRO!
Morenés, el ministro de Defensa, retrocede en el tiempo, con ese gesto suyo de tratar de imponer silencio a la diputada Irene Lozano llevándose el dedo índice a la boca durante una intervención suya en el Congreso. Le molestaba que le preguntase por el acoso sexual sufrido por la hoy comandante Zaida Cantera y entonces capitán, a manos de un teniente coronel.
Casi ha sido peor la cura que el remedio, porque al meterlo a él en la cárcel fue perseguida por generales y coroneles que intentaron crear una causa que la llevaran seis años a la cárcel, saliendo a duras penas de la persecución. El ministro no tuvo valor para salir en su defensa como merecía Zaida, y la única ocurrencia que tuvo ya la hemos visto: pretender coartar la libertad de expresión nada menos que en las Cortes. Poca clase.
Quien la hace debe pagarla tenga la categoría o los galones que tenga; y por eso, extraña que a estas horas no esté el ministro en su casa jugando al parchís. Un ministerio con él a la cabeza ofrece escasa o nula seguridad cuando bajo sus barbas cuecen habas. El ciudadano, que es quien se rasca el bolsillo para mantener la función pública de unos y otros, dispone del legítimo derecho de pedir explicaciones a quienes miran para otro lado sin molestarse en aclarar situaciones de dudosa rectitud. No todo el monte es orégano.
Pero la cosa no para aquí: en un apartado distinto leo que el Supremo absuelve a un capitán que lo pasaba bien riñéndole de forma soez a una sargento, y delante de quien fuera. A estos valientes de pacotilla debe tirárseles de las orejas, o de otro sitio, ya me entienden,,. y mandarlos también a jugar al parchís. A los de a pie nos cuesta comprender los ascensos del escalafón o de su rigidez y que el coronel Isidro José de Lezcano, el del acoso a la comandante Cantera, de su grado de teniente coronel alcanzase el actual, cuatro meses después de que se dictara el auto de procesamiento del oficial.
A la capitana Zaida Cantera debemos aconsejarle que se guarde las lágrimas, que la historia está llena de casos similares desde el famoso de Dreifuss, enviado a la isla del Diablo por un tribunal francés al tomarlo erróneamente por espía alemán. Sólo la poderosa pluma de Emilio Zola con su “Yo acuso” pudo sacarlo de aquel infierno. Y volviendo a nuestra casa, la capitana Zaida cuenta con amigos que la arropan, mientras que el titular de Defensa, como no sea que le toque en la lotería, no encontrará ninguno.

Desde Málaga,
José Pérez Palmis

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