MALÍ Y EL LEVANTAMIENTO DE LOS HOMBRES AZULES

CAPÍTULO I

La revuelta tuareg y los sucesivos acontecimientos

1. A mediados de enero del año pasado, un movimiento formado por gran parte de la comunidad tuareg ubicada en el norte de Malí empezó un levantamiento que terminó con el control en manos de los rebeldes de las regiones del norte del país. Los motivos que están en la base de la revolución son los mismos de las demás insurrecciones que siempre han caracterizado las difíciles relaciones entre el gobierno de Bamako y la minoría nómada de los hombres azules.

2. La independencia de los territorios del norte, reivindicados por los tuaregs, es algo bien conocido por quien investigue en temas de política internacional relacionados con el Sahel. El Azawad, la región norteña de Malí, siempre ha sido centro de cultivo del descontento de los hombres azules. Desde 1916, el irredentismo tuareg intenta periódicamente subvertir el orden constitucional establecido por la convención de Berlín de 1885, cuyo resultado principal fue la división de los países africanos y la creación de fronteras que parecen trazadas con regla y que en el período colonial sirvieron como base para el reparto de la influencia política y la consiguiente explotación económica europea en África. La absurda división geométrica del continente africano no tuvo mínimamente en cuenta las distintas identidades, culturas, religiones y tradiciones de las poblaciones forzadas a convivir de un día a otro con otras caracterizadas por costumbres y valores totalmente distintos. Las consecuencias, a lo largo de los años, han sido luchas tribales, guerras civiles, venganzas étnicas, y en los peores caso genocidios. La repetición de los levantamientos tuareg es una evidente consecuencia de la codiciosa y acaparadora política colonial europea de final del siglo XIX y de la falta de subsanación de las políticas occidentales del siglo pasado. En efecto, a lo largo de la última centuria, se han alternado la política occidental de desinterés respecto a las masacres perpetradas en territorio africano entre las diferentes etnias, con la atención creciente por los recursos minerales subyacentes en suelo africano. Malí es el tercer productor de oro de todo el continente africano.

3. A partir de la independencia de Malí, en 1960, los tuareg han seguido reclamando un papel más central en la región y por último piden por lo menos una más ecuánime repartición de los beneficios de la explotación del territorio por parte de las multinacionales extranjeras. Los anteriores intentos de conseguir la independencia del Azawad siempre acabaron en un baño de sangre, y especialmente con ocasión de la revuelta de 1991 la represión del ejército maliense fue extremadamente feroz. Por lo tanto, no es sorprendente que hoy en día todavía queden cicatrices indelebles y fuertes rencores por parte de los tuareg hacia el gobierno de Bamako.

4. El actual levantamiento de los hombres azules no depende solo de la conducta irresponsable de las potencias coloniales del siglo XIX, sino también de los hechos, mejor conocidos y renombrados como la primavera árabe, que en los dos últimos años han sacudido el Magreb y Oriente Medio. A pesar de que dichas revueltas no hayan involucrado a la franja saheliana, no se puede negar la relevancia para Malí del derrumbe del régimen libio.

5. El ejército del coronel Gadafi en su intento de oponerse a las fuerzas rebeldes había recibido apoyo por parte de mercenarios que venían de países del Sahel y una parte importante de este ejército a sueldo estaba representado por los tuareg, entre los cuales Gadafi gozaba de una gran popularidad, debido a la atención prestada a las reivindicaciones territoriales y a la sed de independencia tuareg. La política panafricana de Gadafi tenía el objetivo de estar rodeado por países y poblaciones que se entregasen a su ambigua política antioccidental. Su conducta le había propiciado alianzas sólidas y de confianza en la zona saheliana, especialmente de la comunidad tuareg, que acudió a Libia en ayuda del dictador.

6. Con el derrocamiento del régimen del coronel, los mercenarios saquearon los desatendidos arsenales libios y se pusieron en marcha rumbo a sus países de origen armados hasta los dientes. El mayor potencial de fuego de la comunidad tuareg pronto se convirtió en la confianza de poder hacerse de una vez con el control del norte de Malí. No pasó mucho tiempo antes de que los hombres azules, por fin armados adecuadamente, se organizaran en el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA), para empezar la lucha por la liberación de las tierras que consideran su legítima pertenencia, o sea del Azawad, territorio que abarca las regiones de Kidal, Gao, Tombuctú y parte de la de Mopti. El mal preparado ejército gubernamental no tuvo otro remedio que retirarse, frente al inexorable avance de las milicias rebeldes. Los rebeldes tardaron menos de cien días en dominar la región y proclamar unilateralmente la independencia del Azawad.

7. La reacción de toda la comunidad internacional, fue de dura y unánime condena del arbitrario e ilegal levantamiento. La Unión Europea, la Unión Africana, los Estados Unidos, las Naciones Unidas, China y Rusia: todos tomaron distancia con respecto al autoproclamado estado del Azawad, y asimismo, pidieron la restauración urgente de lo status quo.

8. En la imagen, el control del territorio del norte por los rebeldes antes de la intervención francesa

9. Ha de tomarse en consideración el efecto del golpe de estado que había destituido al presidente Amadou Toumani Touré, acusado por los golpistas de incompetencia e ineficacia en la búsqueda de una solución eficaz de los problemas que en el norte estaban poniendo en peligro la integridad territorial del país. El presidente estaba sufriendo una considerable caída de popularidad, puesto que se le atribuían también responsabilidades en la corrupta gestión de los asuntos públicos y en el clientelismo, que se habían convertido en una práctica común.

10. También el derrocamiento del primer ministro fue rechazado unánimemente por la comunidad internacional. No hubo ni una voz discordante. Unánimemente se pidió el rápido restablecimiento del orden constitucional. Ningún organismo internacional quiere permitir un antecedente que pueda reforzar a las fuerzas centrífugas que existen en muchos países, y especialmente en África, donde ya hemos visto como se trazaron fronteras sin tener en cuenta la futura mezcla de etnias diferentes en cuanto a tradiciones, cultura, idioma y religión.

11. El capitán Amadou Sanogo, al mando del grupo de golpistas, rechazó rotundamente las acusaciones, y se apresuró a garantizar el carácter provisional y excepcional de la situación, asegurando que la Comisión Nacional para la Restauración de la Democracia y del Estado, así se denominó al grupo golpista, tendría una vigencia provisional al frente del país. El grupo, se quedaría al mando del país solo y exclusivamente a fin de ejercer una reacción más eficaz contra el levantamiento tuareg y organizar un breve período de transición para luego llevar al pueblo maliense a unas elecciones democráticas. El vacío de poder en Bamako agilizó el avance arrollador del bando rebelde tuareg en el norte, que en unas semanas se hizo con las provincias de Kidal, Gao y Tombuctú.

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