MALÍ Y EL LEVANTAMIENTO DE LOS HOMBRES AZULES

Recibido de Pepe García, desde Córdoba, el 15 de febrero de 2013

MALI. INFORME BASICO.
Febrero 2013
Producido por el
COMITÉ RENÉ CASSIN
Reg. Nal. Asociaciones nº 124673/1993
Sede social: Relator, 12, bajo. 41002 Sevilla
documentacioncassin@gmail.com

MALÍ Y EL LEVANTAMIENTO DE LOS HOMBRES AZULES

Gracias AL Comité RENÉ CASSIN se dispone de un Informe Básico, sobre Malí 2013 que, producido por dicha Asociación, con sede social en c/ Relator, 12, bajo, distrito 41002 de Sevilla, va a ser publicado en El blog SENATUS TRIANAE, para su difusión, conocimiento e intercambio. El texto íntegro se publica en cinco partes: una Introducción general; El capítulo I: La revuelta tuareg y los sucesivos acontecimientos; Capítulo II: La amenaza terrorista; Capítulo III: El drama humanitário; y las Conclusiones, añadiendo un párrafo inclusivo para esta edición.

INTRODUCCIÓN

Malí es un país pobre. Mejor dicho, Malí es un país muy pobre. Sin acceso al mar y con inmensas áreas desérticas o semidesérticas. Todo indicador económico pone a Malí en las últimas posiciones del escalafón, ya se trate de malnutrición infantil, esperanza de vida, pobreza, desarrollo humano o cualquier otro índice. Las esperanzas de que el país pueda levantarse son escasas, prácticamente nulas. Y eso a pesar de la evidencia de que en el subsuelo de Malí hay una enorme cantidad de valiosas materias primas como petróleo, gas, oro y uranio. Los inmensos yacimientos están en las manos de multinacionales occidentales o de las nuevas potencias económicas mundiales, como China, y los pueblos africanos tendrán que someterse a regañadientes a los efectos negativos causados por la explotación acaparadora del territorio, a cambio de algunos beneficios económicos y de mejora del mercado de trabajo e infraestructuras.

El país de Bamako está ubicado en el Sahel, una de las áreas más empobrecida del mundo. Los 4 millones de kilómetros cuadrados que separan la orilla Atlántica y el Mar Rojo no conocen otra realidad sino el hambre, la pobreza, la sequía, la desertificación y otras calamidades.

Desde hace un año Malí se ve involucrado en un complicado conflicto armado, que tuvo inicio cuando los tuareg desenterraron una vez más el hacha de guerra en contra del gobierno para la reconquista del territorio del Azawad, localizado en el norte del país. Los hombres azules (así son llamados los tuareg) desde hace siglos vienen reclamando sus derechos sobre el área. Los tuareg constituyen una minoría nómada que habita un área que incluye parte de Libia, Argelia, Malí, Níger y Burkina Faso, acostumbrados desde hace siglos a las limitaciones y privaciones que conlleva vivir en el árido Sahel. En el conflicto desencadenado a lo largo de todo 2012 han jugado y siguen jugando un papel importante distintos actores de la escena africana e internacional. Los tuareg, el gobierno de Malí, unos grupos de islamistas radicales liderados por Al Qaeda, los organismos supranacionales africanos y por último Francia, que ha decidido intervenir en el conflicto al darse cuenta de que los acontecimientos iban a hundir el país en una espiral de extrema peligrosidad incluso para Europa. El objetivo esgrimido por el Presidente francés Hollande es poner freno al avance y a la consolidación yihadista, y ayudar al desbordado ejército de Malí en la recuperación de la parte del territorio sustraída por los rebeldes en el último año a la autoridad efectiva del gobierno de Bamako.

Un marco que detalla una situación humanitaria dramática.

Sin embargo, cada guerra viene acompañada por unos efectos secundarios, trágicamente inevitables, que no siempre encuentran una solución rápida y eficaz, y que, desgraciadamente, siguen cobrándose las vidas de personas no implicadas en el conflicto. El caso de Malí no es una excepción. Las consecuencias desatadas por el conflicto, ya catastróficas, van de los refugiados y de los desplazados, a las condiciones cada vez más preocupantes de hambre, y a la más completa desestabilización del área del Sahel. El último aspecto lleva consigo nefastas previsiones para el futuro de un área geográfica inmensa y de millones de personas que ya padecen condiciones de vida al borde de lo tolerable.

Al parecer, la primavera árabe ha llegado hasta el Sahel. No se trata de la misma borrasca que ha azotado Oriente Medio y Magreb, sino de un viento de no menor intensidad que indirectamente ha caído encima de una zona geográfica ya duramente afectada por otras calamidades. No constituye una consecuencia directa de los levantamientos que estallaron en territorio tunecino hace dos años y que luego se extendieron como un reguero de pólvora por casi todo el Magreb y Oriente Medio. Ni siquiera representan secuelas de aquellas revoluciones que causaron derrumbes de dictaduras que llevaban décadas en el poder. Más correctamente, la rebelión tuareg se encuadra en la creciente inestabilidad del Sahel, que en los cuatro últimos años ha experimentado cambios de poder en tres países: Mauritania, Níger y Costa de Marfil.

Los hechos que están desestabilizando Malí y la región saheliana, están relacionados de alguna manera con la caída del régimen del coronel Gadafi. El conflicto libio y la intervención sobre el terreno por parte de la OTAN han tenido finalmente efectos segundarios, que los expertos en política internacional, muy preocupados, estaban esperando. El fin de la dictadura de Gadafi ha causado un profundo cambio en los equilibrios geopolíticos del norte de África. La intervención militar de las fuerzas occidentales en Libia ha dejado el futuro del país en las manos de un grupo caracterizado por una organización política muy precaria y al parecer menos democrática de lo que toda la comunidad internacional podría esperar. Malí, debido a su ya tambaleante equilibrio institucional, ha sido el primer país al cual le ha pasado factura el nuevo equilibrio regional y la gestión superficial del período post-Gadafi. Inmensos arsenales de armas han quedado sin control y se han convertido en almacenes abiertos para quien necesite armamento sofisticado y barato. Grupos de potenciales rebeldes, terroristas, mercaderes de armas: los clientes no han faltado, y ahora los países vecinos de Libia y Europa tienen que pagar las consecuencias del descontrol sucesivo al fin del conflicto libio. El efecto dominó desencadenado por los acontecimientos libios está afectando a la región del norte de África, y su confirmación no es solo la rebelión tuareg en Malí, sino también la reciente matanza de rehenes extranjeros en Argelia, y los actuales disturbios callejeros silenciados con una sangrienta represión por las fuerzas de la policía en Egipto. Una oleada de levantamientos, violencia y brutales represalias, que al parecer aún no ha agotado su ímpetu. No hay que asombrarse entonces si hace un año el ejército maliense tuvo que empezar una retirada frente al avance de los hombres azules, retirada en la que vamos a profundizar en el primer capítulo del presente informe.

El riesgo real de los sucesos malienses se desconoce con exactitud. Sólo se pueden esbozar unas cuantas previsiones futuras, desde luego todas muy lóbregas. El continente africano se prepara para un nuevo período de sangre, persecuciones, venganzas étnicas, como si no tuviera que enfrentarse a problemas de la misma envergadura, como el hambre, la explotación económica, la violación de hasta el más básico de los derechos humanos, la trata de seres humanos, el tráfico de armas y droga, el florecimiento de peligrosas y organizadas células terroristas, y la absoluta desesperanza de volver a ponerse de pie, problema de larga trayectoria en África, frente al cual la actitud de soberbia indiferencia del mundo occidental y de las otras potencias internacionales debería cambiar de rumbo hacia una cooperación que sea de una vez eficaz y solidaria.

El principal riesgo es que la inestabilidad de Malí pueda arrastrar a toda la región a una catástrofe humanitaria de proporciones bíblicas, algo que lamentablemente ya es más que un presagio, como demuestra el flujo de refugiados hacia las fronteras que separan Malí de Níger, Burkina Faso y Mauritania, y los miles de desplazados internos que del norte del país buscan amparo en el sur, de por sí ya duramente afectado por unas condiciones de pobreza y penuria extremas.

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Un pensamiento en “MALÍ Y EL LEVANTAMIENTO DE LOS HOMBRES AZULES

  1. Ayer tuve ocasión de ver la película TIMBUKTU. La recomiendo. ¡Sin comentarios!
    Horarios de Timbuktu (digital) en Sevilla
    ‎1h 40min‎ – ‎Drama‎ – ‎Doblada castellano‎
    Cinesur Nervion Plaza – Avda. Luis De Morales,S/N, Sevilla – Mapa
    ‎11:50‎ – ‎14:00‎ – ‎20:40‎

    Timbuktu

    Película de 2014
    Timbuktu es una película dramática franco-mauritana de 2014 dirigida por Abderrahmane Sissako. Fue nominada a la Palma de Oro del Festival de Cannes. En el Festival ganó el Premio del Jurado Ecuménico y el François Chalais. Wikipedia
    Fecha de estreno: 28 de enero de 2015 (Estados Unidos)
    Director: Abderrahmane Sissako

    Duración: 100 minutos

    Música compuesta por: Amine Bouhafa

    Guión: Abderrahmane Sissako, Kessen Tall

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