¿QUÉ CRECÍA?

¿QUÉ GRECIA?

Desde hace miles de años, cuando en las ciudades griegas se ponían las bases de la Democracia para lograr la forma de vivir que hoy llamamos Civilización Occidental, hasta la actualidad, la historia de Grecia ha sido una de las más convulsas de los países europeos.
La Grecia actual, como Estado independiente, se forma a lo largo del siglo XIX, con ayuda de las potencias occidentales, dejando de formar parte del Imperio Otomano después de más de cuatro siglo de estar bajo su dominio, con las influencias lógicas derivadas de tal situación. Antes estuvo bajo el poder de Bizancio y de Roma. Es significativo que se declaró en bancarrota en 1893, como consecuencia de los recursos, con elevadísimos sobrecostos, que dedicó a construir el canal de Corinto y otras obras públicas, pero aceptó el control de organismos internacionales para pagar a los acreedores.
Tras la Segunda Guerra Mundial Grecia quedó en
Occidente porque así lo pactaron Stalin y Churchill, cuando trazaron las fronteras de los nuevos Estados surgidos en Europa tras las contienda. La prueba más evidente del acuerdo y su efectividad estuvo en la falta de apoyo de la Unión Soviética a los comunistas, en la guerra civil griega entre comunistas y anticomunistas, que tuvo lugar de 1941 a 1950.
Grecia fue una Monarquía, estuvo temporalmente en el siglo XX bajo una Dictadura militar y dejó de ser un Reino para convertirse en República en 1974.
La crisis económica en la que aún estamos inmersos, fruto de la avaricia del capitalismo y la mala gestión de los gobiernos, tuvo especial incidencia en algunos Estados europeos donde el quehacer de sus gobernantes fue lamentable. Estos Estados europeos fueron Irlanda, España, Italia, Portugal y Grecia. Pero, entre todos ellos, destacó por la gravedad de su situación Grecia.
Las medidas para salir de la crisis las impuso Alemania con apoyo de los países del norte de Europa, y han tenido y tienen el rechazo de la mayoría de los ciudadanos de los países más afectados, porque han generado demasiado sufrimiento con maltrato a los países del Sur y porque en opinión de un sector de expertos ha prolongado inútilmente la crisis cuando con otras medidas se hubiese salido con cierta rapidez.
Pero, al margen de los hechos expuestos, la situación de Grecia requiere una valoración específica.
Las referencias en los medios de comunicación sobre el desgobierno de los griegos son numerosas. Son significativos el hecho de que las industrias navieras griegas no pagan impuestos, por mandato constitucional, pese a ser el sector económico más rentable del país; el no disponer de catastro pese a recibir importantes subvenciones de Bruselas para hacerlo; o el tener pensiones de jubilación de similar cuantía a las alemanas aunque el coste de vida fuera mucho más bajo.
Hay, además, una serie de anécdotas sin fin como que algunos taxistas cobran ayudas sociales por ser ciegos aunque conduzcan su taxi cada día: el que las familias de pensionistas muertos siguen cobrando la pensión del difunto durante años. . ., y así sucesivamente. Todos estos datos transmiten la impresión de que Grecia es un Estado medio fallido, si no lo es totalmente.
La cuestión es: ¿Qué papel le corresponde desempeñar a la Unión Europea (UE) en esta situación, cuando en algunos cursillos que ella organizaba para luchar contra la corrupción solía poner como ejemplo a corregir, desde hace años, la corrupción griega en la gestión de los fondos europeos?
La UE está obligada a informar, con datos fiables, a todos los ciudadanos de los países de la Unión sobre cuál es la situación real de Grecia, y tiene que hacerlo al margen de anécdotas o de cualquier estudio parcial. Bruselas tiene que informar, también, a la europeos si es cierto que falsificó los datos para entrar en la zona Euro y siguió un comportamiento similar cuando ingresó en la Unión, y si su quehacer gubernamental está
montado sobre el fraude.
Las últimas elecciones las ganó un partido comunista con un programa populista, que sabe no puede cumplir, y se han lanzado tras formar coalición con un partido de la extrema derecha antieuropeo, el presidente del gobierno y el ministro de finanzas, a visitar a los principales países de la zona euro con el fin de reestructurar su deuda y hacerle una quita.
Grecia le debe a España 26.000 millones de euros aproximadamente, cantidad muy próxima al presupuesto de Andalucía para un año, sin embargo ningún representante del gobierno griego se ha presentado por aquí para tratar sobre el asunto. La deuda griega no es con el gobierno de la derecha que hoy gobierna España, sino con el Estado Español, es decir con todos los españoles. Hasta le fecha ninguna organización política se ha pronunciado al respecto. ¿Acaso los partidos políticos españoles están de acuerdo en tratar la deuda griega supeditándose a lo que Grecia acuerde con otros países acreedores?
Aunque resulte ingeniosa la metáfora y la obra del Ministro griego Yanis Varoufakis: El Minotauro global, en la que los tributos a la bestia datan de los setenta del siglo pasado y llegan hasta la gran recesión del presente siglo, 2008, y hasta nuestros días, los “populismos” y los extremismos de cualquier signo que prosperan a “río revuelto” han sido siempre un desastres para Europa. Pero, además, lo pueden seguir siendo, sobre todo si se quiebran los sistemas de convivencia, de responsabilidad y de solidaridad, propios de los Estados Sociales y Democráticos de Derecho.
Urge que la UE avance políticamente si no quiere ver desintegrada su propia arquitectura, basada en la Unión Monetaria y en el fortalecimiento del sistema financiero. Europa tiene que retomar su proyecto cultural, humano, político y de cohesión territorial, social y económica, bajo el imperio del Derecho y la Democracia, que tanto debe a la clásica Grecia.