COMPETITIVIDAD Y SOSTENIBILIDAD, LO QUE ENCIERRAN LAS PALABRAS

COMPETIVIDAD Y SOSTENIBILIDAD, LO QUE ENCIERRAN
LAS PALABRAS
En el ámbito de la política surgen con periodicidad palabras a las que los políticos se entregan igual que si contuviesen la propia esencia de la existencia, al menos de la suya. Las repiten con insistencia y siempre que tienen ocasión como si por ellas mismas fueran suficientes para justificar actuaciones que los ciudadanos no llegan a entender, aunque sospechen que lo que hay detrás de los términos en nada les favorezca.
Dos palabras hay en la actualidad que los políticos repiten tanto que deben ser mágicas, por la importancia que les dan cuando recurren a ellas. Una es COMPETITIVIDAD, la otra SOSTENIBILIDAD. Lo que todavía no han dejado claro es lo que esconden detrás de cada una de ellas.
El diccionario de la Real Academia de la Legua Española dice de Competitividad: “Capacidad de competir”. “Rivalidad para la consecución de un fin”, y de Sostenibilidad: “Cualidad de sostenible”.
Competir forma parte de la esencia de la propia política, está en la naturaleza de las actividades deportivas y cualquier ser humano, por indiferente y pacífico que sea, más de una vez a la largo de su existencia se ve obligado a competir incluso por su propia supervivencia. Pero tras el uso que hace la clase política del término, hay otros factores que le infunden una naturaleza maligna y antisocial.
La economía global tal y como está planteada por quienes la controlan, sean personas, entidades o incluso mecanismos que terminan por ser autónomos, han hecho de la competitiva un mal que afecta a toda la humanidad. Los mercados se rigen por la competitividad y el descontrol de los mismos origina un proceso de degradación, en el que se imponen los beneficios para unas minorías, y los perjuicios para las mayorías.
Muchas personas se asombran y admiran que la Alemania Nazi levantara unas infraestructuras tan impresionantes durante el tiempo que duró la Segunda Guerra Mundial. Citemos desde el muro defensivo atlántico a las fábricas de armamento, o inmensos laboratorio de investigación de nuevas armas, que eran ciudades, o puertos invulnerables para sus flotas de submarinos.
Pudieron hacerlo y además con la mínima inversión y la máxima competitividad imaginable porque utilizaron como trabajadores a millones de esclavos, procedentes de los países ocupados, a los que trataban peor que si fueran bestias de carga de la época. Estaban mal alimentados y tenían jornadas de trabajo interminables y agotadoras. La vida de los trabajadores esclavos carecía de valor y era muy breve. Lo que representaba el mayor costo de la mano de obra era eliminar los cadáveres y sustituir, inmediatamente, los esclavos muertos por nuevos esclavos.
Con la excusa de la competitividad los países democráticos llevan tiempo recortando los derechos de los trabajadores, cuando lo que realmente deberían hacer sería excluir del comercio mundial aquellos países que mantuvieran a mano de obra en condiciones de esclavitud o próximas a ella, exigiéndoles para que participaran unas condiciones salariales y de condiciones de trabajo acordes con la dignidad de las personas trabajadores. Un control especial de calidad a los productos con los que comercian los países con trabajadores sometidos a condiciones laborales de esclavitud o próximas a ella, sería más positivo para la mayoría que la exaltación de la competitividad que, entonces, tendría otra valoración.
Los políticos tendrían que utilizar menos esa palabra y controlar más las relaciones comerciales con terceros países.
La palabra sostenibilidad es la predilecta de un sector de descerebrados con la que amenazan a la sociedad y, además, apuntan con ella como si fuera un arma a quién no comparte sus demenciales criterios. Los políticos la emplean para calificar las actividades más diversas, aunque nunca dicen lo que encierra si son sostenibles porque son rentables, si son sostenibles porque perdurarán sobre el paso del tiempo, si merecen tal denominación por su respeto al medioambiente o por cualquier otra razón.
La Presidenta de la Junta de Andalucía, aunque debería avanzar más, ha dado un paso importante para poner claridad en el uso de la palabra “sostenibilidad” con dos frases recogidas en sus intervenciones públicas:
“Con todas las cautelas necesarias, con todos los (requisitos) de sostenibilidad medioambiental y de seguridad no vamos a renunciar a que Andalucía se beneficie de sus recursos mineros”.
“Pero tampoco vamos a sostener discursos muy bonitos, muy ideológicos pero insostenibles en la práctica”.
Es imprescindible que los señores políticos expliquen a los ciudadanos lo que hay tras esas dos palabras de sostenibilidad y competitividad tan importantes para ellos, pero con frecuencia contrarias al Bien Común o al Interés General.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s