EL PARO Y LA CRISIS

EL PARO Y LA CRISIS
– CUANDO LAS PALABRAS SE PERVIERTEN-

La economía española está enferma de paro. El síntoma de esta dolencia es su desmesura.
Cuando nos alcanza el ciclo de la prosperidad nuestra economía es capaz de generar nuevos empleos en cantidades que sobrepasan a los que crean los países que constituyen nuestro entorno. Hay que añadir que a pesar de ello el paro se mantiene en esos momentos en España en tasas que en otros países, incluso en fases recesivas, se consideran alarmantes. Así viene ocurriendo desde que se instauró la democracia por no referirnos a épocas anteriores.
Cuando atravesamos un ciclo de dificultades económicas nos convertimos en un país con cifras de desempleo propias del tercer mundo, que es, crónicamente, la situación en que permanecen determinadas comunidades autónomas como Andalucía, Canarias, Extremadura y otras, así como determinadas comarcas nacionales.
El problema ha sido abordado siempre desde el cada vez más insoportable abaratamiento y deterioro de las relaciones laborales reduciendo el número de trabajadores con la condición de fijos, aumentando el de los temporales hasta doblar al del país que nos sigue en precariedad dentro de nuestro entorno, facilitando el despido e insistiendo en la flexibilización de los trabajadores..
Todo hace presagiar que estamos ahora ante una cautelosa ofensiva contra el sindicalismo y contra la negociación colectiva que se desarrolla en el ámbito más proclive a dicho sindicalismo.
¿Qué más flexibilización necesitan los que no quieren mirar a la que representan más de cinco millones de parados y más de dos terceras partes de la población ocupada en condiciones de precariedad?
¿Cuántas nuevas fragilizaciones de esas arruinadas relaciones de trabajo se van a continuar introduciendo, con la cínica justificación de que, con ellas, se va a lograr la erradicación del paro?
Los hechos son contundentes: el paro se mantiene en tasas intolerables cualquiera que sean las circunstancias del ciclo y cualquiera que sean los tipos de medidas que se han venido imponiendo como garantía de una recuperación razonable del empleo.
Un nuevo tratamiento del problema se impone: hay que empezar por crear puestos de trabajo de calidad e ir gradualmente transformando en esa dirección los que no lo son.
Hay que introducir el”nuevo modelo productivo”, prometido durante la penúltima campaña electoral que finalmente se ha convertido en humo.
No es condición suficiente la calificación de los trabajadores; la prueba de esta insuficiencia es la cantidad de personas con titulaciones elevadas que se encuentran en situación de desempleo de larga duración. A quienes habría que mandar a recalificarse es a los que teniendo competencias en conexión con el empleo se muestran incapaces de encontrar nichos de empleo o de utilizar técnicas distintas a las de las manidas amputaciones de los derechos laborales.
Hay que indagar, y creemos que existen estudios bastante avanzados sobre esta cuestión, desde que el socialista Jacques Delors se interesó por crear nuevos puestos de trabajo, sobre las necesidades insatisfechas o mal resueltas, aumentando las inversiones en I+D+i, fomentando la creación y explotación de patentes así como la incorporación de nuevos valores añadidos a los productos clásicos de nuestro país que deben complementarse con una nueva gama de artículos que hasta ahora se han venido elaborando fuera de nuestras fronteras. En este sentido tenemos mucho que aprender del inicio de los procesos industrializadores de la India, Japón o Corea del Sur entre otros
Paradójicamente muchos empleos podrían crearse diseñando recorridos de reinserción, valiéndose de los propios parados para efectuar tareas sociales desatendidas y reduciendo la hemorragia del gasto público que representa una ingente cifra de desempleados víctimas de una errónea manera de abordar el tema el paro.
Una de esas tareas tiene que ser la concepción del servicio de empleo como un servicio público unitario o al menos estrechamente coordinado, incluyendo las características personales y profesionales así como las preferencias laborales de cada desempleado, extendiéndose este registro desde el ámbito europeo hasta el nivel municipal y creándose un censo, hoy por hoy inexistente, de empresas y puestos de trabajo permanentemente actualizado y en el que se reflejara, también con sus correspondientes características, los que momentáneamente estuvieran vacantes en todo el territorio de Unión Europea de manera que fuera posible el cruce de los datos del desempleado con los puestos de trabajo disponible.
Para minimizar la economía sumergida es preciso que los inspectores que tienen competencias para controlar y reprimir a aquella, pudieran levantar actas donde se hicieran constar las causas a que la inmersión responde y en su caso instar a realizar las oportunas modificaciones normativas cuando se constatase que las disposiciones reguladoras son defectuosas.
Si las medidas que se han ido estableciendo para crear empleo han estimulado su reducción otro tanto sucede con las directrices europeas para superar la delicada situación de la economía europea y ello a pesar de que desde hace tiempo economistas de la talla de Paul Krugman o Joseph Stiglitz venían advirtiendo de que nos iban a llevar a la recesión pues no es el déficit o el endeudamiento la causa de la reducción de la actividad sino al revés y no es la austeridad y la reducción indiscriminada del gasto lo que prepara la plataforma para el despegue sino el aumento de la fiscalidad sobre las grandes fortunas y el incremento de las inversiones, por lo que hay que castigar impositivamente a las personas y empresas que no inviertan e incentivar fiscalmente a las que inviertan.
Hay que terminar cuanto antes con el liderazgo europeo de la señora Merkel quien tras la reciente rebaja crediticia a nueve países de la eurozona se ha reafirmado en la política que viene defendiendo y que como ha dicho el mencionado Krugman “conduce a los países de la eurozona por una carretera sin rumbo, cuesta abajo y a toda velocidad”.
En definitiva, la manipulación de los dos grandes problemas que tenemos, el paro y la crisis, se asemejan a la persona que se agita y patalea sobre arenas movedizas: cuanto más se mueve, más se hunde.
Carlos Navarrete Merino (2013/2014)