LOS FOSFOYESOS DE HUELVA

LOS FOSFOYESOS DE HUELVA
–LO QUE NO PUÉ SER, NO PUÉ SER Y ADEMÁS ES IMPOSIBLE-
El diario EL PAÍS publico el 25 de mayo del año en curso un trabajo, de una página, sobre los fosfoyesos de Huelva y la multa impuesta por La Junta de Andalucía a Fertiberia. En el mismo se recogía con grandes letras “120 TONELADAS DE RESIDUOS EN 720 HECTAREAS”. El diario publicó al día siguiente otro trabajo, de algo más de media página, sobre el mismo tema, y ya recogía la cantidad real de residuos, aunque en letra pequeña, “120 MILLONES DE TONELADAS”. Quizá hizo esta publicación con la intención de cubrir el error del día anterior.
Fertiberia se instaló en Huelva en el año 1969, el país estaba en vías de desarrollo pero todavía era básicamente agrícola y venía de una posguerra tremendamente dura y no solo por las represiones directas del tirano, sino también por sus consecuencias -entre ellas los problemas de alimentación-. Durante casi dos décadas la producción de alimentos fue insuficiente para dar de comer a la población, entre otras razones porque la agricultura volvió, tras la guerra civil, a formas de explotación propias del siglo XIX ya que ni tan siquiera se disponían de abonos para los cultivos. Tenía, pues, sentido la fabricación de fertilizantes. Fertiberia producía concretamente fosfatos, amónico y diamónico, para ello previamente obtenía acido fosforito tratando fosfato cálcico con ácido sulfúrico, el residuo era sulfato de calcio, que lógicamente arrastraba otros elementos, en conjunto lo que se denomina en términos genéricos fosfoyesos.
No hay la menor duda de que el tratamiento que se dio a los residuos fue incorrecto desde el principio, aunque también es cierto que entonces no había una legislación específica de aplicación, al respecto, para tener que hacer con ellos una gestión adecuada. El resultado es que en la actualidad hay en torno a los 120 millones de toneladas de residuos, aunque algunas cantidades se han destino a la enmienda de suelos, bajo el control de los responsables de la Administración de Agricultura, y la Medioambiental, que ha destino considerables recursos para actuaciones de mejora en zonas de las marismas donde están depositados estos materiales.
En torno a este problema se han dicho y escrito cantidad de despropósitos siempre por parte de organizaciones impresentables que acostumbran a no usar la verdad en sus reivindicaciones. Denunciaron un alto riesgo para todos los habitantes de Huelva a causa de la radiactividad de los fosfoyesos, lo que la Administración Autónoma tuvo que desmentir por medio de trabajos de organismos especialistas en la materia. Han exigido con reiteración la limpieza de la zona, trasladar los residuos a un vertedero de residuos peligrosos y dejar las marismas en su estado primitivo. Tales organizaciones son contrarias a cualquier tipo de vertedero y en especial de residuos peligros, sean cuales fueran sus características técnicas y de gestión. Aunque en el caso hipotético de recurrir a tal solución la realidad manda y no hay en Andalucía, ni en España, tampoco en Europa y posiblemente en ningún otro país del mundo un vertedero de residuos peligros con capacidad para recibir 120 millones de toneladas y de haberlo el importe de la admisión superaría los 15.000 millones de euros, a los que se tendrían que sumar el precio del movimiento y transporte.
Lo lamentables es que a causa de ese tipo de planteamientos no se ha llevado a término, en toda se extensión, un plan viable para disminuir al máximo posible el impacto de estos residuos, solución que posiblemente pasaría por un depósito adecuado de los residuos y el tratamiento de los lixiviados que generen, lo que se hace en algunos países con problema similares.
Lo cierto y verdad es que el día 5 de junio, El País Extra, dedicado al día del Medio Ambiente, al analizar “Los puntos negros” y “las asignaturas pendientes” incluía los 120 millones de toneladas de fosfoyesos, como “residuos altamente peligrosos depositados por Fertiberia en la ría de Huelva” –punto negro no solo en Andalucía y España, sino también en Europa-. Exageraciones desmedidas.
Una vez más tiene vigencia la famosa frase del Gallo: “Lo que no pué ser, no pué ser, y además es imposible”

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Un pensamiento en “LOS FOSFOYESOS DE HUELVA

  1. Este domingo pasado, de fin de agosto, estuve en La Rábida. No me atrevo a comentar lo que vi con mis propios ojos en esa ría de tantos romanticismos

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