PRESUPUESTOS FICTICIOS

PRESUPUESTOS FICTICIOS

“Ingeniería Financiera” es un término o significante que surgió en el año 1994. Según los profesionales de la Economía, tenía fines muy específicos en relación con la lucha de las Entidades Financieras contra posibles situaciones de riesgo.
Si tal era su fin, de lo que no cabe duda es que tales profesionales y los responsables políticos utilizaron rematadamente mal dicha ingeniería, ya que por tales fechas se comenzaron a poner en marcha los mecanismos que dispararían y descontrolarían los riesgos hasta llevarnos a la situación de crisis en la que vivimos, con especial incidencia en el sector financiero y de repercusiones desastrosas para los ciudadanos.
El uso del término se vulgarizó, después, y se ha utilizado y se utiliza para definir cualquier operación económica que tiene como fin dar una buena apariencia a maniobras poco ortodoxas y aquellas que están en el borde de la legalidad o incluso fuera de ella.
La terminología es, en cualquier caso, poco acertada aunque logre sus objetivos de imagen, pretende dar la solidez que puede tener una fábrica, un puente, un automóvil, un ordenador, un avión o cualquier otro ingenio fruto justamente de la ingeniería aplicada a distintas actuaciones, mediante una terminología anglosajona que pocos entienden, lo que facilita su utilización torticera para beneficio de los depredadores.
Los presupuestos de la Comunidad Autónoma Andaluza han estado desde hace muchas legislaturas bajo las maniobras de una “ingeniería financiera”, según la terminología popular, bastante elemental y descaradamente tramposa.
La obsesión de los diferentes Gobiernos y en especial de los Consejeros responsables de la Economía era llevar al Parlamento, para su aprobación, unos presupuestos con incrementos significativos en relación a los del año anterior, especialmente en el capítulo de inversiones. Pero ello era una ficción dado que los presupuestos tal y como se aprobaban no se ejecutaban nunca en su integridad, lo que indudablemente estaba previsto. Para conseguir tal objetivo los responsables políticos tiraban de una “ingeniería financiera” burda y estúpida que abarcaba varias operaciones, y es posible que se continúe aplicando en la actualidad a pesar de que decrezcan la presupuestos y que el incremento presupuestario ficticio, de cada año, se haya convertido en un hecho del pasado. Pues no sabemos por cuantos años los presupuestos seguirán disminuyendo en vez de aumentar. Pero puede ocurrir también que para aparentar una reducción menor, se recurra a las mismas o similares “ingenierías” de imagen.
Las tretas, que llamaban de “ingeniería financiera tenían especial incidencia en el capítulo VI, de inversiones, con el fin de aminorar la ejecución presupuestario del mismo e incrementar los gastos corrientes.
El mecanismo constaba de varias fases. La primera consistía en cargar a los presupuestos del año siguiente los importes de cualquier expediente que no hubiesen pagado. Una operación carente de sentido pues se trataba de unas cantidades aprobadas, comprometidas e intervenidas, créditos que correspondían a ese año y que así debían de figurar sin tener ninguna incidencia en los presupuestos del año siguiente. La fase más rentable consistía en poner obstáculos para impedir que el dinero asignado a inversiones se gastara. Con ese fin no se permitía iniciar ningún expediente que conllevara gasto en inversiones hasta no terminar las incorporaciones, es decir las cantidades comprometidas y no gastadas del año anterior. Absurdo. Hasta el mes de abril, como muy pronto, no se podían montar los nuevos expedientes y en junio avisaban que el dinero no comprometido ya no se podía asignar a ningún expediente; era la llamada operación escoba porque el dinero no reconocido en un expediente aprobado por la intervención se barría sin saber por qué razón o para qué fin. Es decir, la tarea de todo un año para gestionar el gasto en inversiones se reducía a dos meses o incluso menos. Era pues imposible gastar las cantidades, para inversiones, que se recogían en los presupuestos aprobados por el Parlamento.
Comportamiento tan lamentable solo puede llevarlo a término una clase política incapaz, más pendiente de los intereses personales o de Partido que comprometida con el Bien Común o el Interés General.

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