INMIGRACIÓN CIUDADANÍA E INTERCULTURALIDAD

INMIGRACIÓN CIUDADANÍA E INTERCULTURALIDAD

 

Tras lo acontecido en Lampedusa, y dada nuestra situación mediterránea, conexión entre tres mundos, en España, y en concreto en Andalucía, se va  a seguir produciendo  la llegada de  personas inmigrantes, de terceros países (actualmente en torno al 50% de los extranjeros que residen en los distintos territorios del Estado). Hay que ser conscientes y estar preparados.

¿Cuándo va a ocurrir? Cuando se supere este momento de crisis económico-financiera, crisis institucional y de valores, con altos índices de paro, dada la tasa actual de natalidad y el envejecimiento de la población. Pero también cada vez que haya que cubrir  las necesidades laborales de temporada y de sectores económicos concretos, Para entonces, conviene haber sacado conclusiones y enseñanzas prácticas de los últimos quince años (del 1998/99 al 2012/2013). Para entonces, como indica Eliseo Aja, conviene haber adaptado la Administración, la Normativa y las Políticas Sectoriales,  a la nueva situación,  a las tareas prioritarias de integración, y a un nuevo modelo de desarrollo integral inclusivo, de cooperación y de solidaridad internacional.

 

Algunos puntos a tener en cuenta los ha ido enunciando, desarrollando y concluyendo Eliseo Aja en su libro Inmigración y Democracia, publicado por Alianza Editorial en 2012. Aquí nos limitamos a retenerlos y ponerlos sobre la mesa para una reflexión teórico-práctica, con el fin de obrar en consecuencia:

 

  • 1.  Cambios (población y legislación –teniendo en cuenta tres etapas anteriores: de incremento hasta el 2005, más o menos irregular; de normalización y laboralización; y de frenazo en 2008/2009 -).
  • 2.  Economía Liberal, Derecho, Empleo: realización personal, social y comunitaria.
  • 3. Régimen jurídico  de la inmigración: mecanismos actuales (contingente, contratación en origen, catálogo  de empleos) y perspectiva actual (necesidad de profesionales y emigración de juventud formada). Permiso de residencia y renovaciones…, derechos de retorno y de los familiares…
  • 4. Alternativas a la expulsión: arraigo, normalización, seguridad jurídica, trato administrativo especial inclusivo en Canarias, Ceuta y Melilla (en relación con las necesidades de otras comunidades); y formación para el empleo (especialmente para las mujeres inmigrantes que cuidan de mayores).
  • 5. Derecho de acceso a los servicios públicos (Salud, Educación, Servicios Sociales…), participación ciudadana y voto.
  • 6. Evitar exclusión y guettos (pues el problema real no está tanto en enfrentamientos concretos que se dan sino en las malas condiciones sociales en las que se vive).
  • 7. Integración (genérica o legal, estricta o lingüística, y sectorial –incluyendo la dimensión ideológico y/o religiosa), no discriminación, políticas públicas integrales y sectoriales…, e interculturalidad.
  • 8. Garantía de derechos, profesionalidad y participación ciudadana (en contra de vulneraciones de la legalidad, desatenciones o mal funcionamiento de los Servicios Públicos).
  • 9. Debate sobre inmigración-pobreza (macro y micro-economía; aportaciones de la inmigración y costes; efectos positivos; modelo de desarrollo; evitar consecuencias negativas). Y dejar atrás la Economía del armamento y las guerras (como defiende reiteradamente Mayor Zaragoza) postulando la refundación de Naciones Unidas.
  • 10. Inmigración, democracia y diálogo (población, tipo de inmigración y técnicas jurídicas más convenientes). No confundir trabajo y realización con mano de obra barata y explotación; respeto a los derechos constitucionales y reforma del Título I de la constitución en base a la Carta Fundamental de los Derechos de la Unión Europea y la Carta Universal de los Derechos Humanos; diálogo y consenso político; diálogo entre las grandes religiones, los Códigos morales y la Ética; y paso de la “multiculturalidad” a la interculturalidad, y de la “asimilación” a la integración, sobre la base del respeto a la dignidad humana y la convivencia local y global.

 

En todos estos puntos es importante mantener y acrecentar los valores que dice defender la Unión Europea, como principios y fuentes del Derecho: valores de dignidad, de libertad, de igualdad, de solidaridad, de ciudadanía y de justicia.

Además, debe incorporarse también, y así se ve desde la perspectiva andaluza, el valor superior de la interculturalidad.

El término interculturalidad designa el valor que favorece el diálogo y el intercambio. Y es ese el valor que nos aproxima a la creatividad de una nueva realidad.

La interculturalidad es un reto para la praxis histórica, conjunción de pensamiento y acción comprometida con la diversidad de la sociedad en la que vivimos. Es un reto para la Filosofía pero también para la Política y la Economía, en el sentido de un desarrollo integral inclusivo y, en ningún caso excluyente.

Frente a tendencias de homogenización –que tienden a aniquilar diferencias- la pluralidad de expresiones es una gran riqueza en el marco de un proyecto sostenible de desarrollo inclusivo (modelo que ya Carlos Fuentes defendiera en México hace no pocos años).

El valor de la ciudadanía es todavía débil y hay que apostar decididamente por él. Ciudadanía es el status de una persona que establece su relación político-jurídica respecto de una determinada comunidad política. En el futuro próximo será normal optar por una doble nacionalidad, y superar los nacionalismos, para ejercer efectivamente, la ciudadanía y la interculturalidad

 

 

 

 

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