LA ESPAÑA CANTONAL

LA ESPAÑA CANTONAL

Las últimas actuaciones de algunos dirigentes catalanes, que han secundado una parte apreciable de la ciudadanía de la región,  han conseguido que en todo el país se hable, se escriba, se comente y se discute sobre el llamado problema catalán, como si fuera el centro vital del país y de sus habitantes.

Incluso en Europa se trata el tema catalán y la situación actual como si, por sus características, fuera único en los Estados de la Unión Europea, cuando muchos de los países del continente tienen que soportar en sus territorios realidades similares.

En el Estado Español, en el País Vasco, de nuevo vuelven a surgir voces de algunos políticos que probablemente se sumen a los catalanes para seguir un comportamiento similar, y no sería sorprendente que lo mismo ocurriera en Baleares, donde también se aprecian algunos movimientos en tal sentido, y que se pueden extender a más territorios.

De tal situación, que es posible se de en poco tiempo,  hay antecedentes en la historia de España. El movimiento cantonal que tuvo lugar en el siglo XIX,   aunque salvando las distancias del contexto social, político y económico, puede ser un referente entre la España de entonces y la  actual.

La historia parece decir que este país, cuando entra en una crisis que afecta a la economía, a la actividad política, a la ética de sus dirigentes y a la dignidad de sus instituciones, si la sociedad disfruta de un cierto grado de libertad, los políticos de la periferia se levanta contra el centro e intentan infundir en la ciudadanía la idea de que escapar es el único camino para liberarse de las miserias que les infunde el  Gobierno Centralista o la Administración General del Estado, cuando lo correcto sería que ellos se depuraran en el interior de su propio Gobierno Autónomo y Administración.

El movimiento cantonal tuvo lugar en 1873 con la entrada de la Primera Republica que traía la idea de aprobar una Constitución Federalista, muy avanzada, que aportaría a la ciudadanía un régimen de libertades.

Si la implantación de la Primera República tuvo lugar el 11 de febrero de 1873, el movimiento cantonal se inició el 1 de julio de aquel año y duró hasta enero de 1874. La Primera República sobreviviría hasta el 29 de diciembre del mismo año.

Una curiosidad del movimiento cantonal es que se inició en Madrid, aunque sus efectos tuvieron lugar en todo el país, sobre todo en la periferia. En esta situación aconteció la tercera guerra Carlista que afecta a zonas de Cataluña, País Vasco y Aragón por lo que prácticamente todo el país se  levantó contra la legalidad establecida. Algunos historiadores hablan de la situación como si fuera un ensayo general de lo que sería la guerra civil de 1936.

La iniciativa, del movimiento cantonal, partió de la facción más radical de los Republicanos Federales, partido que tenía la mayoría en el Congreso Constituyente y que creó en Madrid un Comité de Salud Pública (que en algo recuerda los de la Revolución Francesa). Los comités surgen en todo el país y con ellos los cantones, con tanto celo que llegan al extremo de enfrentarse unos con otros en guerras abiertas.

El ejército, bajo el mandato del Gobierno de la Republica, acaba con los Cantones con costes considerables en vidas, haciendas y otros  recursos.

El símbolo del movimiento cantonal es Cartagena, de ahí la exclamación popularizada de: ¡Viva Cartagena!, expresión de un gran desmadre. Este cantón fue el último en caer y el que opuso mayor resistencia al Ejército. Tuvo tiempo incluso para acuñar moneda propia, y para remate se ofreció a Estados Unidos de Norteamérica para integrarse como un Estado más de la   Unión. El entonces Presidente, Ulises S. Grant, no tuvo tiempo de estudiar la oferta antes de que el cantón fuera tomado por el Ejército.

El apartado 2 del artículo 1 de la Constitución de 1978:”La soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado” es la expresión de la legalidad contra las tendencias  disgregadoras de amplios sectores dirigentes de este país. Pero si el tal desmadre llegase a los limites del absurdo Andalucía, un territorio de más de 87.000 kilómetros cuadrados, una población que supera los 8 millones y medio de habitantes y con un producto interior bruto superior a los 190.000 millones de dólares podría hacer, a USA, el mismo ofrecimiento que le formuló el Cantón de Cartagena en el siglo XIX. Basta pensar, para su viabilidad, que la distancia de Sevilla a Washington es de 6.055 kilómetros y la distancia de Washington al Estado de Hawai es de 7.667 kilómetros. El imperio podría contralar directamente el paso del océano Atlántico al mar Mediterráneo y estaría próximo a sus aliados en el mundo árabe para extender y reforzando sus zonas de influencia. Por desgracia habría una barrera insuperable para que tal unión fuera posible, sería el idioma.

Es inimaginable que los andaluces se comunicaran y expresaran en la lengua de William Shakespeare.

Se mire como se mire, con ironía o sin ella, la España Cantonal es pura quimera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Un pensamiento en “LA ESPAÑA CANTONAL

  1. José Manuel: En “40 Historias secretas que todo amante de Sevilla debería conocer”, Emilio Carrillo, en las páginas 231 a la 234, habla de “Sevilla, cantón y república independiente”. Del final de aquella época es la donación de los jardines de San Telmo para uso público, lo que es el actual Parque de María Luisa. No estaría nada mal saber qué lección o aplicación práctico-política deduce Carrillo de esa historia.

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