GERMANÓFILOS

GERMANÓFILOS

Editoriales, artículos y columnas en defensa de los habitantes de los pueblos del norte de Europa, en especial de los alemanes, han proliferado en la prensa nacional de los últimos tiempos. No sólo se han puesto a los germanos como ejemplo a seguir, en todo lo que hacen, sino que se han dado numerosos varapalos a los habitantes de los pueblos del sur por no imitarlos.

Las comparaciones son odiosas y si se hacen entre pueblos aún más, porque terminaban por despertar sentimientos nacionalistas, racistas y algunos “…istas” más poco recomendables. La historia de los pueblos es compleja y los de Europa, tan numerosos, tan convulsos y enrevesados que los análisis periodísticos que se hagan deben orientarse a aproximarlos no a criticar a los del sur en base a comparaciones inoportunas y tan volátiles como la propia prensa.

La idiosincrasia de los pueblos del sur de Europa es diferente a los del norte, eso no se puede poner en duda. Las muchas horas de luz y el clima son factores determinantes que han generado formas de vivir y culturas diferentes y, en consecuencia, lo mismo se puede decir de la valoración que hacen de la existencia y de la forma de trascurrir a lo largo de ella. De ahí las dificultades añadidas para los órganos comunitarios, de la Unión Europea, para legislar y ejercer el poder, y la razón de que se equivoquen con demasiada frecuencia, por intentar regular materias que deberían ser competencias de cada Estado y no hacerlo de cuestiones más generales y de mayor trascendencia global.  Así, lo que si afecta por igual a todos los europeos es el incontrolado y perverso proceder de los banqueros y la política económica actual, que sólo favorece a determinados países y a minorías privilegiadas.

El paro y la pobreza atenazan a toda Europa, no sólo a los pueblos del sur. Los datos dicen que el veinte por ciento de los alemanes están en el umbral de la pobreza.

Es cierto que la política económica por la que en la actualidad se rige Europa está condicionada por el gobierno alemán y sus problemas bancarios internos (que los tiene y son de entidad), así como por traumas históricos que los políticos de la derecha no han superado. Esa supeditación es inaceptable y además inculca ideas falsas en la ciudadanía europea.

La historia de Europa del siglo veinte, e incluso de buena parte del diez y nueve, desde la constitución del llamado Imperio Alemán y la  guerra franco-prusiana, está condicionada por el comportamiento de los dirigentes y el pueblo alemán, que terminaron por poner su país en manos de un criminal iluminado y sus secuaces, nostálgicos del Imperio, que ocasionaron el mayor desastre que ha sufrido la Humanidad en toda su historia.

Durante los siglos diez y seis y diez y siete quién se impuso en el continente fue el Imperio Español, encabezado por unos monarcas que, inducidos por la Santa Madre, cometieron innumerables crimines contra la Humanidad. Por eso tal vez ya no puede cuajar entre nosotros el mito del Dictador y sus vasallos:”Por el Imperio hacia Dios”. Y el que dude que lea tranquilo el Quijote.

En los tiempos que vivimos se debe imponer la cordura y la cooperación entre los pueblos que forman Europa, por lo que ninguno de ellos se tiene que poner como ejemplo para los otros ni los intereses de uno deben prevalecer sobre los demás con excusas carentes de fundamento.

Sería absurdo, a estas alturas de los tiempos, reprocharle a España las sangrías de las guerras religiosas que mantuvo en Europa para imponer creencias o la tiranía que ejerció, como potencia dominante, sobre algunos pueblos del continente. Lo mismo que recriminarle al pueblo alemán las consecuencias de las dos guerras mundiales que inició su país y las atrocidades que se cometieron a causa de ellas.

Pero si sería recomendable que los dirigentes alemanes superaran, para siempre, los traumas que aún padecen como consecuencias de la hiperinflación que sufrieron durante los años veinte del siglo pasado, cuando se llegó a utilizar los billetes de marcos para empapelar viviendas en algunos países europeos y en Berlín las familias prostituían a todos sus miembros, a los turistas extranjeros, para poder sobrevivir. También sería conveniente que aceptaran que gracias al Plan Marshall se produjo el llamado milagro alemán y que la reunificación de la Republica Federal y la Republica Democrática, que la Unión Europea apoyó, además de traerle a Ángela Merkel hizo de Alemania la primera potencia del euro.

No son tiempos de enfrentar a los pueblos de Europa con argumentos propios de mentes mezquinas. Son tiempos de unir a los europeos para luchar contra los malos gobiernos, contra el abuso de los banqueros, contra los corruptos, contra la injusta distribución de la riqueza, contra los nacionalismos y otras muchas lacras sociales. Europa tiene que salir de este trance y crear una nacionalidad única, la europea, que encarne una sociedad de libertades y una Confederación de auténticos Estados Sociales y Democráticos de Derecho.

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Un pensamiento en “GERMANÓFILOS

  1. Reflexión oportuna para este momento en el que vivimos.

    Para encarar una Nueva Economía Sostenible es indispensable fortalecer la unión política de Europa, más allá de sueños imperiales, nacionalismos trasnochados, liberalismos individualistas y dictaduras colectivistas.
    El futuro más próximo pasa por una Confederación de Estados Sociales y Democráticos de Derecho. Eso es lo primero. Ya habría que fijar fecha y año.
    Después….¡Ojalá pudiera abarcarse un día el Sueño Gorbachow del Atlántico a los Urales!

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