LOS CINCO MIL HIJOS DE FÁTIMA BÁÑEZ CARCÍA

LOS CINCO MIL HIJOS DE FÁTIMA BÁÑEZ GARCÍA

Los años de más esplendor de la burbuja inmobiliaria, cuando los emigrantes llegaban a España de forma continúa y en torno al fenómeno los partidos políticos gestaban planes de actuación al respecto, en la mayoría de los casos, muy alejados de la realidad, hicieron creer a los españoles que la historia había cambiado y que podían olvidar, para siempre, que vivían en un país donde se dieron periodos de emigraciones masivas. Y sin embargo…, ¿qué ocurre ahora con nuestra juventud?

La clase política de la Transición olvidó,  antecedentes históricos y mantuvieron viejas  estructuras administrativas; incrementadas  por las de las Comunidades Autónomas, sin una coordinación y supresión previa de duplicidades.

Entonces, se fue incapaz  de reformar la Administración Local, constituida con el fin primordial de dar poderes a los municipios y que dificultaba y dificulta, por la ineficacia y a la incapacidad de los administradores, y por la complejidad de la normativa, la implantación y desarrollo de actividades económicas productivas. Ello hizo imposible que emergiera y se consolidara la infraestructura industrial, de la que carece el país y que es la mayor fuente de empleo en los países industrializados. Estas circunstancias facilitaron que llegara, junto con la crisis económica, un nuevo periodo actual de emigración.

Hay que remontarse a los años sesenta del siglo pasado y parte de los setenta, para constatar la realidad sangrante  del último periodo de salida  masiva de españoles hacía diferentes países sobre todo europeos, buscando encontrar en ellos un medio de vida. Llegaron a ser más de dos millones de emigrantes los que terminaron por vivir en tal situación y fue Alemania el país donde radicaba el mayor porcentaje de emigrantes españoles.

Durante este periodo histórico,  el Tirano puso el gobierno del país en manos de miembros de LA OBRA, que decidieron promover la natalidad para que en el futuro hubiese más emigrantes, dado que en aquellas fechas eran la primera fuente de divisas, por delante del turismo. Los emigrantes eran, en su mayoría, trabajadores sin cualificación que desempañaban labores básicas, en la agricultura, la industria y los servicios, y tenían dos caminos para marcharse a trabajar en el extranjero. Uno salir de España con pasaporte de turistas, si conseguían superar las muchas dificultades que encontraban para lograrlo. El otro hacerlo con un contrato laboral gestionado por el Ministerio de Trabajo que mantenía acuerdos, al respecto, con los gobiernos de los países de destino.

En la actualidad los emigrantes no son peones que estén dispuestos a realizar cualquier tipo de trabajo, en su destino, para subsistir ellos y sus familias. No necesitan pasaporte para moverse por la Europa comunitaria y por supuesto tampoco son fuente de divisas ni de ingresos, para el país de origen, porque lo que ganan los emigrantes lo necesitan para sobrevivir en el lugar donde trabajan.

España sufrió unas relaciones difíciles con los países europeos, desde que perdió su papel de potencia en el continente, y aún más durante el periodo que estuvo sometida a una Dictadura Fascista de larga duración.

La llegada de la Democracia y la integración en la Unión Europea y en la zona euro le marcó un rumbo nuevo, a su historia, del que no debe salir.

Si los cien mil hijos de San Luis invadieron  España en el siglo XIX para acabar con el Gobierno Liberal e imponer la tiranía, con el monarca más abyecto que ha padecido este país. Los cinco mil hijos de Fátima Báñez García llegarán a Alemania, dos siglos después, para poner sus conocimientos, adquiridos a costa del Estado Español, a disposición de un país que se enriquece, en este periodo crítico por el que pasa Europa, a costa de los otros miembros de la U.E.

Los nuevos emigrantes trabajarán, además, en unas condiciones laborales poco favorables para sus intereses, impuestas por el Gobierno Alemán a amplios sectores de los trabajadores, de su país, con el fin de disminuir su cifra de parados, ayudar a ocultar sus problemas bancarios e enriquecer a otros sectores sociales.

Los cinco mil hijos de la señora ministra estarán muy lejos de tener una posición similar a la de los profesionales, del país al que emigran, de cualificación similar.

Lo más asombroso de este último proceso es que la Ministra de Empleo y Seguridad Social ha hecho de la firma del convenio, para que emigren cinco mil jóvenes, un acto publicitario. Como si fuera un logró novedoso y favorable para los intereses del este país, cuando en realidad resulta un acto vergonzoso y vergonzante tanto para ella como para el gobierno del que forma parte y para la sociedad que dice representar.

¿Donde queda el derecho al trabajo y a la libre elección de la profesión u oficio, si la juventud se ve forzada a emigrar, después de haber sido formada en España, y en su Comunidad Autónoma?

 

 

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