LA SOCIEDAD QUE HEMOS AYUDADO A CONSTRUIR

LA SOCIEDAD QUE HEMOS AYUDADO A CONSTRUIR

El catorce de agosto del año en curso, cuando el país estaba pendiente de la decisión del gobierno sobre la prolongación o no del subsidio de cuatrocientos euros para parados de larga duración, que afectaría a la subsistencia de decenas de miles de ciudadanos de este país, un juez de un juzgado de lo mercantil nombró a dos administradores judiciales para una empresa en crisis a los que asignó unos emolumentos de ochocientos cuarenta mil euros, a cada uno, lo que sin duda favorecía poco a una entidad con graves dificultades económicas. Cantidades que equivalen al subsidio mensual de cuatro mil doscientos parados de larga duración.

No se pretende valorar la decisión del juez, que sin duda actuó de acuerdo con la legalidad vigente, pero si es necesario que los ciudadanos conozcan y valoren este tipo de situaciones porque  ayudan a formarse una idea de la sociedad que tenemos, de la sociedad que han construido los poderes públicos derivados de la elección hecha por los ciudadanos en las últimas décadas.

Una sociedad que se levanta sobre las desigualdades más extremas requiere de cambios profundos y urgentes, porque en caso contrario es imposible que la llamada paz social se pueda mantener por mucho tiempo y es difícil saber, si estallara, hasta donde podían llegar las   consecuencias de un levantamiento contra las estructuras sociales que tenemos, porque se basan y sustentan en la desigualdad. Estructuras que entre todos, aunque unos han ayudado más que otros, hemos construido.

Lo que puede doler más a las personas que han defendido una ideología progresista durante décadas, como es el socialismo, es pensar que en los últimos treinta años este país ha estado durante veinte y dos bajo gobiernos socialistas, en los que sin duda se han hecho importantes esfuerzos para conseguir implantar un estado de bienestar que aproximara a nuestro país a los estados más avanzados de la Unión Europea, en el sentido de mantener unos servicios para los ciudadanos, en especial la enseñanza y la sanidad, con carácter universal y gratuito. El problema está que en paralelo a tales acciones no se han propiciado los cambios imprescindibles, en las estructuras económicas y sociales, para luchar contra la desigualdad sino todo lo contrario.

A lo largo de las últimas décadas se ha formado y consolida en la sociedad una capa de privilegiados que, al frente de empresas y entidades de todo tipo, han machacado a los ciudadanos. No importa que su gestión sea buena o no, rentable o ruinosa, oportuna o inoportuna, ellos tienen el control y pueden llevar a las entidades que controlan a la ruina sin perder sus elevadísimos honorarios, sus blindajes económicos, sus planes de pensiones fabulosos, sus bajas tributaciones y cuantos privilegios han acaparado.

Los gobiernos de turno han sido incapaces de acabar con estos desmanes, que se dan también en la banca pública y en las parcelas de la Administración del Estado con servicios públicos privatizados, tan lucrativos para unos cuantos como gravosos para la mayoría. La privatización de tales servicios, que vienen de tiempos pretéritos, resulta tan pintoresca que los ciudadanos, en la mayoría de los servicios que reciben de tales profesionales, con ingresos desproporcionados, les tienen que abonar una cantidad considerable que sumar a los impuestos correspondientes que recaudan para el estado por la gestión de dar fe o registrar.

El incremento en la desigualdad ha sido grande y la prueba más evidente la tenemos en la situación que ha generado la crisis que estamos viviendo, a la que ha contribuido especialmente ese grupo de privilegiados. Las maniobras que se hacen para hacer frente a la misma no se dirigen en ningún caso a disminuir lo más posible las desigualdades a través de la redistribución, sino a aumentarlas. Eso lo ha hecho el gobierno socialista y lo está haciendo un gobierno de derechas, y no puede servir como excusa, a tanto despropósito, que lo poco que aportan muchísimos a las arcas del estado es más que lo mucho que tendrían que aportar unos pocos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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