TENEMOS QUE ERRADICAR LA CORRUPCIÓN

TENEMOS QUE ERRADICAR LA CORRUPCIÓN

El término regeneración se usa en el leguaje médico como antónimo de corrupción. El movimiento regeneracionista que surgió en este país a finales del siglo XIX, tenía como objetivo principal luchar contra la corrupción generalizada de la sociedad de la época y en especial de la clase política. Salvando las distancias, que sin duda son considerables, tanto en el plano social como en el económico, con relación a aquellos años turbulentos de la historia de nuestro país, lo cierto es que nos enfrentamos a una situación de corrupción por parte de la clase política, que se refleja sobre toda la sociedad, que es realmente intolerable.
La corrupción como comportamiento delictivo, con abuso de poder, que favorece al corrupto y que perjudica a la sociedad de la que forma parte, es una tentación que acompaña a los miembros de nuestra especie como parte de su propia naturaleza, por tal razón la vigilancia para impedir ese tipo de conductas y arrancarlas sin miramientos, cuando surgen, por parte de los partidos políticos debe ser extrema. El comportamiento del PSOE deja mucho que desear en esta materia, es un hecho indiscutible al margen de lo que hagan otras organizaciones políticas, pues en esta cuestión las comparaciones además de ser odiosas quienes las utilizan intentan, con ellas, buscar la justificación y la autojustificación de conductas inaceptables y las consecuencias son que terminan por contaminar a toda la organización que las consiente.
La corrupción en nuestra comunidad se ha manifestado en las formas más variadas, que van desde el quehacer directo, donde ha destacada ese comportamiento descarado, obsceno y repulsivo de la gestión de los ERES y de las subvenciones de carácter público a otra corrupción difusa, pero no por ello menos grave ya que corroe las bases en las que se sustenta el estado de derecho. Ese tipo de corrupción, de menor cuantía y más difícil de concretar responsabilidades, abarca desde la asignación de contratos por parte de las Administraciones Publicas sin cumplir con los trámites preceptivos, el mirar hacia otro lado ante el incumplimiento de normas para favorecer a parientes y amigos, hasta la inhibición por parte de quien ostenta el poder ante los incumplimientos de las obligaciones que imponen las leyes.
La construcción de 250.000 viviendas ilegales, que después se legalizan, es una corrupción difusa, que afecta en primer lugar a las arcas públicas que dejan de cobrar tributos en tiempo y forma, así como a otros miles de ciudadanos que construyeron dentro de la legalidad y soportaron cargas, obligaciones, y la burocracia con frecuencia excesiva y torpe de las Administraciones Publicas, así como aquellos a los de le denegaron la licencia para construir o incluso los obligaron a derribar construcciones que se calificaron de ilegales. Por otra parte da ánimos a todos los ciudadanos para mantener tales prácticas de construir al margen de la legalidad, pues en definitiva antes o después se legalizará lo que edifiquen.
Es una corrupción intolerable no actuar a tiempo en estos 250.000 casos, situación que conecta con la dejación, por parte de los responsables políticos ante el cáncer de Marbella que no lo extirpó antes de que hiciera metástasis e infectara a todo el país, comportamiento que es sin duda otra manifestación de la corrupción difusa.
Los casos de corrupción en Andalucía que son conocidos, pues dada la situación otros muchos permanecerán ocultos, han sobrepasado los límites de la tolerancia para el electorado de izquierdas que vota inspirado por la buena voluntad y con la idea de que entrega su confianza para que gobiernen a personas no sólo eficaces sino también honradas y que vigilan y controlan el cumplimiento de las leyes, una postura diferente al votante de otras alternativas políticas que cuando piensa en las practicas corruptas imagina los beneficios que generan y la posibilidad de que tales beneficios le puedan favorecer a él.
Los dirigentes políticos que bajo su mandato han tenido lugar la implantación y desarrollo de la corrupción, hasta llegar al extremo que nos hace pensar en otros periodos históricos impresentables de este país, carecen de legitimidad para ejercer el poder a ningún nivel. No se discute el relevo generacional y otras zarandajas aireadas por los medios de comunicación, se trata simplemente de tener la dignidad personal necesaria para dejar las responsabilidades de la organización en manos de quién pueda ejercerlas con eficacia, con honradez y con la autoridad moral necesaria para no transigir con ninguna corruptela.

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EL 38 CONGRESO FEDERAL

EL 38 CONGRESO FEDERAL

 Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y su funcionamiento deberán ser democráticos.

 ( Artículo 6º Constitución Española )

 Los socialistas españoles abordamos el próximo Congreso en medio de una crisis económica sin precedentes, provocada por el poder financiero internacional que, ha contribuido entre otras cosas a la derrota más severa desde la restauración de la democracia en España.

 Contamos con cuatro años de oposición por delante y por tanto no parece necesario precipitarse a la hora de diseñar una estrategia que nos permita recuperar la confianza mayoritaria de la ciudadanía.

Se oyen voces que hablan de refundación, aunque el término parece excesivo para un partido que en mayo próximo cumplirá 133 años de historia.

 En todo caso deberán cambiar muchas cosas si aspiramos a recuperar el poder algún día.

 Hace falta un proyecto político a medio y largo plazo que, partiendo de los principios socialistas, configure un vector de fuerza hacia el futuro, un indicador que marque el camino, una especie de Programa Máximo actualizado, es decir, la propuesta para este país a lo largo de la década, teniendo muy en cuenta el papel que debemos representar en el contexto europeo y latino-americano.

 Es necesario también un programa político socialdemócrata que nos identifique y nos distinga de otras fuerzas del espectro español.

 No vale el programa presentado en las últimas elecciones generales que ha suscitado el rechazo de 4,5 millones de electores. Es verdad que no sólo, ni principalmente se rechazaba el programa pero éste aparece inevitablemente contaminado por los resultados. Tampoco aquí es necesario precipitarse. Pueden establecerse ahora las líneas maestras y, con el necesario periodo de reflexión y debate, terminarlo después en un Conferencia Política u otro Congreso.

 Todo esto necesita una nueva dirección que asuma la necesidad de cambios profundos en el funcionamiento del partido en el sentido de una mayor democracia interna. Y sobre todo, estreche relaciones con los movimientos sociales, los sindicatos y las ciudadanas y ciudadanos, atendiendo a sus demandas y necesidades.

 Hay que preguntarse por qué hemos perdido gran parte del voto urbano, cómo podemos recuperar a los jóvenes, las causas del abandono de las élites culturales de nuestro país.

 Necesitamos recuperar la tradición colegiada de nuestros órganos de dirección. No podemos actuar al dictado de un Secretario General, que se aisla y acaba convirtiéndose en un General Secretario. Este modelo es particularmente nefasto porque se propaga por toda la organización y produce lo que en otro lugar hemos llamado una “feudalización del poder”.

 La renovación que debemos hacer requiere un equipo con fuerza, ganas de hacer los cambios necesarios y biológicamente capacitado para esperar.

 Necesitamos que la dirección política de Sevilla facilite el debate previo al Congreso porque de lo contrario, sus llamadas a la participación carecerían por completo de credibilidad.

 Con respecto al candidato o candidata a las futuras Elecciones Generales, no estaría demás apoyar su selección en unas primarias en la estela del Partido Socialista Francés, abierta a los ciudadanos/as, que logró la participación de varios millones de personas y en lo que acaban de acordar con respecto a la Generalitat, los compañeros y compañeras en el Congreso del PSC.

 Si el 38 Congreso adopta una línea abierta, renovadora, generosa, donde primen las ideas y el proyecto sobre cualquier otra consideración, nuestro paso por la oposición puede ser breve. Si por el contrario se impone una línea continuista, conservadora, dispuesta a utilizar los “restos del naufragio” para construir viviendas confortables para unos pocos, vamos a atravesar un desierto cuya extensión ni siquiera conocemos.